Martín Diaz-Zorita (UNLPam) y Andres Grasso (Fertilizar AC)

En Argentina, el girasol es un cultivo que encontramos en todas las regiones agrícolas y su explotación se concentra en ambientes de alta variabilidad productiva y condiciones extremas de balance hídrico. Esto último sustentado por el crecimiento profundo y veloz de sus raíces, es uno de los pilares biológicos que le dan gran capacidad para adaptarse a ambientes con riesgos hídricos. También esta habilidad le permite explorar los altos rendimientos cuando abunda el agua en los suelos y las condiciones climáticas le son favorables.

Las mayores respuestas a la fertilización se logran en siembras tempranas, cultivos con adecuada implantación (densidad y uniformidad de plantas logradas) y en rotación agrícola con cobertura de rastrojos y barbechos eficientes. Estudios de brechas destacan que al mejorar las condiciones de producción la contribución de un adecuado manejo de la nutrición aumenta los rendimientos. En la figura 1 se observa que, entre otras tecnologías de manejo del cultivo, al limitar su fertilización se reduce marcadamente la producción alcanzable en condiciones crecientes de rendimiento.

Fig. 1. Contribución de tecnologías de producción y rendimientos de girasol según niveles de producción alcanzable (Adaptado de Díaz-Zorita y col. 2009).

Para desarrollar un sistema de raíces profundo y fuerte, y sostener hojas verdes con alta eficiencia y duración en su actividad fotosintética, como todas las plantas, necesita incorporar nutrientes en cantidades y oportunidades específicas. El girasol, hasta que particiona los recursos que destinará a la formación de granos, requiere de una balanceada nutrición, con altas exigencias de nitrógeno y de fósforo. Por ejemplo, al comparar la demanda de nutrientes con los de maíz vemos similitudes entre ambos cultivos hasta floración (Fig..2). En términos de fertilizantes, y solo considerando las necesidades de nitrógeno y de fósforo, para producir dos toneladas de granos consume en promedio unos 160 kg de urea, 50 kg de superfosfato triple.

Fig. 2: Evolución de la acumulación nitrógeno durante el ciclo del girasol y maíz (Andrade y col. 2000).

Reconocemos a partir de diversos estudios y relevamientos de suelos, que en gran parte del área agrícola argentina la cantidad de fosforo al que acceden los cultivos limita su producción normal, incluyendo entre estos al girasol. Cuando los resultados del análisis de suelos así lo indican (Fig, 3) o al sembrar en condiciones de lenta implantación (ej. suelos fríos) es recomendable sembrar aplicando un fertilizante con fósforo próximo a las raíces. Esta práctica mejora las condiciones de crecimiento de las raíces y aumenta así la eficiencia uso del agua y otros recursos.

Fig. 3: Contribución de la fertilización con fósforo en cultivos de girasol según niveles de P en el suelo (Adaptado a partir de Ustarroz y Boga, 2002 y Zubillaga y col. 2002).

La provisión de nitrógeno también es insuficiente en la mayoría de los suelos bajo cultivo y se describen mayores rendimientos al fertilizar entre el momento de la siembra y el de 6 hojas (Fig. 4). Predecir esta limitación es más compleja y requiere integrar indicadores de suelo, de manejo y propios del cultivo. En general, al detectar su restricción y con recomendaciones próximas a 40 kg/ha de nitrógeno, se espera mejorar en unos 7 kg de granos por kg del nutriente aplicado. Los mayores retornos se logran en lotes profundos, arenosos, con adecuada oferta de agua durante el crecimiento y en cultivos sin otras limitaciones para su desarrollo. Cuando los suelos son de texturas gruesas con niveles medios de materia orgánica y en sitios de alta producción hay posibles deficiencias de boro. La respuesta al agregado de este microelemento, principalmente por vía foliar próximo a la floración, es más consistente en años con baja provisión de agua durante la floración e inicio del llenado de los granos.

Fig.4. Momento de la fertilización con nitrógeno en girasol en siembra directa. Promedio de 10 sitios en 3 regiones de producción (Adaptado de Girasol SD, 2007).

La integración de estos criterios para la nutrición eficiente del girasol repercute en mejores rendimientos. En esta campaña 2019/20 en los módulos de estrategias de manejo de la fertilización en 25 de Mayo (BA) coordinado por Fertilizar mostraron estas diferencias. Sobre el control sin fertilizar (3272 kg/ha) la práctica frecuente de fertilización (dosis de 10 kg/ha de fósforo) alcanzó unos 3731 kg/ha. Esta respuesta fue unos 250 kg/ha mayor cuando se aplicaron unos 40 kg/ha de nitrógeno y el aporte de fósforo llegó a los 15 kg/ha La mejoras máximas se alcanzaron cuando se ajusta la nutrición para acompañar la demanda del cultivos en planteos de altos rendimientos con 684 kg/ha sobre el manejo frecuente, con dosis de 65 kg/ha de nitrógeno, 25 kg/ha de fosforo, y 20 kg/ha de azufre (Fig. 5).

En sitios de la región de la pampa arenosa, y también en esta campaña, en promedio para materiales convencionales y confiteros, se registraron respuestas del 6% sobre el control al fertilizar con fósforo y casi 3% adicionales al complementar con boro (Fig.6).

Fig. 5: Producción de girasol según modelos de estrategias de fertilización en 25 de Mayo, Bs.As. (Adaptado de Ventimiglia, 2020).
Figura 6: Rendimiento de girasol convencional en América (BA) y confitero en Pichi Huinca (LP) fertilizado con fosfato monoamónico (FMA) de base y con boro en aplicación foliar (Adaptado de DZD Agro 2020).

Las estrategias de fertilización del girasol requieren conocer las características del sitio y condiciones de producción tal que se implementen prácticas de manejo que no limiten su crecimiento. Al acompañar su desarrollo desde la implantación la nutrición eficiente consolida la adaptación de este cultivo a condiciones difíciles y le permiten explorar alta productividad con rentabilidad.

SUSCRIBITE!

Únase a nuestra lista de correo para recibir las últimas noticias y actualizaciones de HORIZONTE A.

Su suscripción fue exitosa!