Entrevistamos al Ing. Agr. Dr. Martín Torres Duggan, miembro de Tecnoagro, para discutir sobre cómo deberíamos manejar la nutrición del cultivo de trigo para optimizar los resultados productivos y económicos  

Por Juan Carlos Grasa

¿Qué le dirías a un productor agropecuario que está planificando la campaña de trigo 2020/2021 en cuanto al manejo  nutricional?

En primer lugar debemos tener presente que de acuerdo a abundante información experimental local, la fertilización es una práctica muy efectiva para optimizar los resultados productivos y económicos. Más aún, se han realizado experimentos de larga duración llevados a cabo por organizaciones (e.g. INTA; IPNI, CREA, Universidades, etc.) en diferentes zonas de la Región Pampeana en donde se demostró la elevada rentabilidad de la fertilización como inversión, independientemente de la ocurrencia de años con eventos climáticos adversos como sequías,  inundaciones o crisis económicas. En otras palabras, la fertilización es un pilar central para maximizar la productividad y rentabilidad de los cultivos cuando analizamos una serie prolongada de años. Asimismo, en estos ensayos la fertilización balanceada mejoró la calidad de los suelos, a través de mejoras en los contenidos de MO, actividad biológica, y de la condición física (e.g. menor compactación).

Este conocimiento científico generado en el ámbito local y también a nivel internacional, refuta un mito muy extendido que considera que la fertilización es una tecnología para ser adoptada en momentos económicos favorables. Muy por el contrario, la adecuada nutrición de los cultivos es posiblemente la práctica de mayor impacto para mitigar los efectos de las crisis económicas, ya que permite reducir las brechas de rendimiento (diferencia entre los rendimientos logrados a campo y los alcanzados aplicando buenas prácticas agronómicas). De hecho, según diversos ensayos realizados en campos de productores en la Región Pampeana muestran que con un moderado aumento de dosis y logrando esquemas nutricionales más balanceados es posible obtener aumentos de rendimiento del orden del 20 o 30%.

¿Es buen negocio hacer análisis de suelos?   

Este tema es muy preocupante y nos debería hacer reflexionar considerablemente ya que una muy baja proporción de los productores agropecuarios hacen muestreos de suelos destinados al diagnóstico de fertilidad. Según los últimos datos de ReTAA actualmente solamente el 19% de los productores hacen muestreo de suelos para definir la fertilización de los cultivos, siendo el trigo en el sur de Buenos Aires y el maíz en otras zonas los cultivos con mayor muestreo de suelos (Fig.1).

Fig.1. Porcentaje de productores que hacen muestreo de suelos. Datos de la campaña 2018/19. Fuente: ReTAA (marzo de 2020).

Sin embargo, si vemos el “vaso medio lleno”, podemos destacar que entre las campañas 2014/15 y 2018/19 se duplicó la proporción de productores que realizan muestreo de suelos pasando del 10 al 19% (ReTAA, 2020).

Si actualmente solo el 19% de los productores usan análisis de suelos para diagnosticar necesidades nutricionales, significa que la mayor parte de los productores que fertilizan el trigo (aproximadamente el 90% del área sembrada se fertiliza) y otros cultivos lo hacen “a ciegas” lo cual es bastante irracional considerando la magnitud del desembolso en el rubro fertilizantes dentro de los costos directos de producción.  Asimismo, si tenemos en cuenta que las dosis de nutrientes aplicadas en este y otros cultivos de grano son muy bajas en relación a los niveles de productividad alcanzados. Esto determina fuertes balances negativos de nutrientes, podemos deducir que seguramente exista una alta proporción de productores que están “dejando de ganar” rendimiento debido a la subfertilización y no tienen forma de mejorar esa situación si no hacen análisis de suelos.

Por otro lado, es interesante resaltar que según análisis económicos efectuados por la Universidad de Kansas State en EE.UU basados en la simulación de escenarios económicos y en resultados de análisis de suelos a escala regional, el mayor beneficio del uso de los análisis de suelos (en términos de USD/ha) corresponde a años con altos precios de fertilizantes o relaciones de precios grano/fertilizantes desfavorables. En general la percepción del productor agropecuario argentino es exactamente la opuesta: cuánto peor es la relación de precios o más desfavorable el contexto económico, menor es la inversión que hace en la fertilización de sus cultivos, sin evaluar la disponibilidad de nutrientes en sus lotes. También es interesante observar que la adopción del uso de los análisis de suelos (tecnología de proceso) parecería seguir el mismo patrón que los fertilizantes  (tecnología de insumos), que no es razonable. Si tuviéramos en cuenta la “teoría general” del uso y beneficios de los análisis de suelos deberíamos observar un fuerte incremento del uso de los análisis de suelos y otras herramientas de diagnóstico en contextos económicos difíciles.    

Cuando se indaga las razones de este comportamiento, surge la idea de que los análisis de suelos son caros. Para aclarar este aspecto vale la pena analizar algunos datos a los efectos didácticos: supongamos que un productor decide fertilizar un lote de trigo con 250 kg de urea/ha y 100 kg de FMA/ha sin realizar análisis de suelos. Estas dosis a precios actuales de mercado de los fertilizantes (fin de marzo de 2020) representa aprox. 140 USD/ha, sin considerar costos de aplicación. El costo del análisis de suelos para determinar la disponibilidad de nitrógeno, fósforo y azufre podría costar 2-3 USD/ha (valor promedio orientativo). ¿Se entiende la magnitud de las diferencias entre los desembolsos en juego?.  Por otro lado, debido a la creciente pérdida de fertilidad de los suelos y la expansión de las deficiencias de nutrientes en los suelos de la Región Pampeana, la fertilización “a dosis fija” (sin evaluar la disponibilidad de nutrientes en los lotes), seguramente genera una penalidad en el rendimiento en grano en una proporción significativa de años.  

Por lo dicho previamente, los análisis de suelos tienen mínima incidencia económica y máximo agregado de valor como herramienta básica y necesaria para luego utilizar los datos aportados en el uso de los excelentes  modelos de fertilización que se han desarrollado y calibrado para las diferentes subregiones de producción de trigo y otros cultivos.

 ¿Qué debemos tener en cuenta para diseñar un plan de fertilización en trigo?

En primer lugar es importante resaltar que la estrategia de fertilización a escala de lote y/o ambiente debe estar alineada y ser consistentes con los objetivos empresariales, productivos y económicos del sistema de producción. Con este marco de referencia, luego podemos definir una serie de aspectos claves a considerar:

1. Evaluación de la condición de fertilidad del lote

 Desde una perspectiva integral, esta etapa incluye no solo la realización de un correcto muestreo y análisis de suelos para conocer la disponibilidad de nutrientes, sino también la evaluación de otras variables edáficas y/o del sistema suelo-cultivo que pudieran condicionar y/o limitar los rendimientos. Algunos ejemplos son:

  • Erosión hídrica y/o eólica actual 
  • Calidad física del suelo (e.g. espesor y frecuencia de estructuras laminares; compactación superficial y/o subsuperficial)
  • Agua disponible en el perfil (idealmente hasta los 2 m de profundidad), de cuya magnitud depende en buena medida el rendimiento alcanzable
  • Profundidad y calidad del agua freática  
  • Presencia de impedancias mecánicas como la tosca, frecuentes en las zonas trigueras del sur de Buenos Aires, cuya profundidad condicionan el acceso a agua y nutrientes y presentan un impacto mayor en años secos que en húmedos
  • Cultivo antecesor: influencia que pueden tener los cultivos antecesores sobre la disponibilidad de nutrientes (ya sea aportando o reduciendo su biodisponibilidad) basado en información experimental disponible en la zona de producción.  

2. Análisis de la disponibilidad de nutrientes (diagnóstico nutricional)

En la mayor parte de las subregiones trigueras, el nitrógeno, fósforo y azufre son los nutrientes que limitan el rendimiento en grano. Asimismo, en los últimos años se observa una mayor frecuencia de situaciones de deficiencias y respuestas significativas al agregado de zinc. Por ello estos nutrientes son los que deberíamos incluir de rutina en la evaluación de la nutrición del trigo.  

El diagnóstico de las deficiencias de nitrógeno es el gran desafío

En cuanto a los nutrientes mencionados antes, el mayor desafío es cuantificar adecuadamente la oferta del nitrógeno en el sistema suelo-cultivo, ya que además del nitrógeno mineral presente en el momento de la siembra, existen aportes de este nutriente a partir de la mineralización desde la MO. Por ello es importante complementar las determinaciones de nitratos realizadas en el momento de la siembra (medida en la capa de 0-60 cm), con evaluaciones del potencial de mineralización de nitrógeno desde las fracciones orgánicas del suelo. Para esto último disponemos de un excelente indicador que se denomina nitrógeno incubado anaeróbico (Nan), que lo realizan los laboratorios de análisis de suelos profesionalizados. La evaluación conjunta del nitrógeno disponible en el suelo y del Nan permite una mejor evaluación de la oferta de nitrógeno que explorará el cultivo durante su ciclo.

Cabe resaltar que el paradigma vigente para el diagnóstico de N implica ir más allá de la evaluación del estatus inicial de nitrógeno en el suelo (momento de la siembra), sino que disponemos de otras instancias a lo largo del ciclo para monitorear deficiencias durante etapas intermedias y eventualmente realizar refertilizaciones hacia fin de macollaje. Existen diferentes herramientas para realizar este monitoreo del estatus nitrogenado del trigo en macollaje, como clorofilómetros portátiles o bien diferentes tipos de sensores remotos montados en satélites o drones para el análisis de imágenes del NDVI (u otros índices) a escala de lote. La cuantificación del NDVI relativo (NDVI del lote y/o ambiente en relación a referencias sin limitaciones de nitrógeno) son la base para evaluar las deficiencias de N durante mediados a fin macollaje y definir la necesidad de refertilización. De hecho en los últimos años se han difundido considerablemente el uso de AgTech´s en donde, a partir del uso de plataformas web muy amigables, es posible analizar imágenes de uso gratuito como el Sentinel 2 u otras obtenidas a partir de drones, y gestionarlas para el manejo de la refertilización en trigo. Más allá de 1 nudo, que es el momento en donde se realiza la refertilización con nitrógeno, también es posible realizar una última evaluación del estatus de nutrición nitrogenada con los mismos sensores remotos antes indicados durante la etapa de pre-floración. Esto podría ser de interés para evaluar la conveniencia de aplicar nitrógeno vía foliar durante la antesis, cuya respuesta suele ser bastante consistente y efectiva para incrementar los contenidos de proteína en grano.

 ¿Cómo diagnosticamos la disponibilidad de fósforo y azufre?

El diagnóstico de las deficiencias de fósforo se logra a través de la determinación del contenido de fósforo extractable (Bray 1, 0-20 cm) medido en el suelo en el momento de la siembra (0-20 cm) y de la expectativa de rendimiento (“rendimiento objetivo”).  El rango de suficiencia de fósforo extractable para cereales (trigo, maíz) se ubica en 15-20 ppm. Por debajo de dicho rango existe alta probabilidad de obtener respuestas significativas a la fertilización fosfatada, mientras que en suelos que presentan mayores concentraciones de P extractable que dicho rango, existe baja probabilidad de obtener respuestas al agregado de fósforo. Por ahora no disponemos de otros indicadores que mejoren la capacidad predictiva de las respuestas a la fertilización fosfatada del índice de P extractable.

Debido a la elevada variabilidad de este nutriente en el suelo, lo recomendable es hacer muestreos de suelos relativamente intensivos (i.e. mínimo de 40-50 submuestras por unidad de manejo, ya sea un lote o ambientes dentro de lotes). Estos muestreos se pueden hacer cada 2 o 3 años en el marco de un monitoreo de la disponibilidad de P a través del tiempo, lo cual permiten mitigar el mayor esfuerzo del muestreo intensivo.

En cuanto al azufre, al igual que los nitratos, el contenido de sulfatos se debe analizar todos loa años ya que ambos compuestos son móviles en el suelo, si bien los sulfatos tienen cierta capacidad de retención en el suelo lo que explica en parte los efectos residuales de la fertilización con este nutriente. El abordaje para el  diagnóstico requiere, además de la determinación del contenido de sulfatos en la capa de 0-60 cm en el momento de la siembra, la evaluación de características  del ambiente edáfico y productivo (Fig. 2).

Fig.2. Modelo de decisión para el diagnóstico de deficiencias de azufre en cultivos de grano de la Región Pampeana. Fuente: Carciochi et al. (2015)

Es muy importante destacar que, a pesar de que las deficiencias de azufre son generalizadas y de que se dispone de una abundante cantidad de información local que demuestra que la fertilización azufrada genera impactos productivos significativos y rentables en los cultivos de grano, la adopción de la práctica es muy reducida. Por lo tanto se deben realizar esfuerzos de extensión para estimular el agregado de azufre dentro de los programas de fertilización. En el siguiente link se puede consultar un libro sobre yeso agrícola que elaboramos junto a la Ing. Agr. Mónica Malfitano de la Secretaría de Política Minera que se publicó el año pasado que presenta y discute en detalle todas las herramientas de diagnóstico y la tecnología de fertilización azufrada en cultivo de grano de la Región Pampeana: http://cima.minem.gob.ar/assets/datasets/PANORAMA%20DE%20MERCADO%20DE%20AGROMINERALES-YESO%20AGRICOLA.pdf

¿Qué otros nutrientes debemos tener en cuenta en trigo?

Si bien la fertilización con nitrógeno, fósforo y azufre es la que genera el mayor impacto sobre el rendimiento, siendo imprescindible para el logro de altos rendimientos y calidad, debemos considerar también la disponibilidad de zinc extractable en el momento de la siembra (Zn extraído con DTPA, 0-20 cm) cuya respuesta esperada se ubica en medias de 300 kg/ha. Si bien la mayor parte del trabajo de calibración se ha realizado en maíz, podríamos tomar como referencia el umbral de 1 ppm de zinc por debajo del cual tendríamos alta probabilidad de obtener respuestas a la fertilización con este micronutriente. También se recomienda explorar a nivel de pruebas de campo las respuestas a boro ya que si bien aún no se han calibrado umbrales o rangos de suficiencia para el diagnóstico de deficiencias, es un elemento fundamental por afectar procesos fisiológicos claves en la fijación del número de granos y además los suelos vienen mostrando caídas muy evidentes en su disponibilidad. Así, en suelos deficientes se observa una importante reducción del crecimiento de las raíces, y se afecta notablemente la elasticidad y crecimiento del tubo polínico de las flores, lo que termina afectando el cuaje de granos (i.e. menor rendimiento en grano). De acuerdo con la bibliografía internacional y sobre todo de expertos en fisiología vegetal, el umbral de referencia de boro en cultivos de grano se ubicaría en 0,5 ppm (0-20 cm).   

Por otro lado, a nivel exploratorio, deberíamos monitorear el contenido de potasio intercambiable, ya que en los últimos años comenzaron a manifestarse a campo deficiencias de potasio principalmente en el Litoral (e.g. soja, maíz, arroz). A modo orientativo, en suelos con contenidos de potasio intercambiable menores a 150-200 ppm (0-20 cm) se podrían observar respuestas a la fertilización potásica.

¿Cómo impacta la siembra de cultivos de servicio en el manejo nutricional del trigo?

Es una excelente pregunta. La intensificación sustentable y la agricultura de conservación son paradigmas fundamentales que orientan muy bien sobre lo que se debería hacer para alcanzar agrosistemas más sustentables. En términos simples, estos modelos de producción se basan en mantener el suelo cubierto con plantas creciendo (i.e. haciendo fotosíntesis) durante la mayor parte del año, y esto incluye la siembra de cultivos de cosecha y de servicio.

En el ámbito de los sistemas de producción de granos de la Región Pampeana, nos encontramos actualmente en pleno proceso de transformación desde modelos de producción muy simplificados y muy dependientes del uso de fitosanitarios que propendieron la creciente aparición de malezas resistentes hacia esquemas intensificados, con una mayor cantidad de cultivos por unidad de tiempo, y la muy marcada adopción del uso de cultivos de servicio.  Así, los nuevos modelos productivos en realidad se acercan más a la buena Agronomía, en donde la ecología de cultivos vuelve a tener el rol que nunca debió perder.

En cuanto a cómo incide el uso de cultivos de servicio, nos encontramos en una fase de aprendizaje en varios temas, con una abundante actividad experimental llevándose a cabo en estos tiempos. Como primer comentario debemos comenzar a acostumbrarnos a considerar las interacciones que tienen los cultivos de servicio y los cultivos de cosecha, sobre todo considerar la contribución de los primeros en la nutrición de los segundos. Esto requiere de un abordaje sistémico de la nutrición mineral de los cultivos, y también requiere la optimización de las sinergias entre la “fertilización tradicional” y el uso de cultivos de servicio u otras tecnologías (e.g. biofertilizantes y bioestimulantes). Los modelos de producción intensificados no implican per se aplicar menor cantidad de  fertilizantes como meta, sino “sacar provecho” de los “créditos o débitos  nutricionales” que nos pueden generar los cultivos de servicio y considerarlos en el manejo de la nutrición de los cultivos de cosecha.

En este sentido, se han generado resultados experimentales muy promisorios que vienen demostrando el aporte de nitrógeno de la Vicia villosa sembrada previo al maíz tardío, lo que permite en algunos casos prescindir de la fertilización nitrogenada cuando la vicia alcanza niveles de producción de elevada del orden de 5700-5000 kg de MS/ha. También se han observado en algunas campañas que el aporte de nitrógeno de esta leguminosa no solo impacta en el maíz tardío sembrado a continuación, sino que genera efectos residuales en el trigo sembrado a continuación del maíz. Así, ensayos recientes realizados en la Chacra Pergamino-Colón de Aapresid observaron aumentos del 35 a 45% en trigos no fertilizados sembrados sobre antecesor maíz tardío-Vicia villosa que se atribuyeron al aporte de nitrógeno de la leguminosa (Fig. 3).   

Fig.3. Rendimiento de trigo con antecesor maíz tardío sembrado con diferentes cultivos se servicio o sobre barbecho químico. Fuente: Chacra Pergamino-Colón de Aapresid. Crédito: Belén Agosti.

Para finalizar, también deberíamos sacar provecho de la gran cantidad de materiales de origen pecuario, que se los suele considerar “residuos” o “pasivos ambientales” (e.g. estiércoles, efluentes, etc.) en los sistemas intensivos de producción animal pero que tienen un gran valor como fuente de nutrientes y/o mejoradores de la fertilidad edáfica. Paradójicamente la mayor parte de los mismos no son re-utilizados en los sistemas ganaderos que cuentan con producción forrajera propia, ni tampoco es tan habitual su aplicación en campos de proximidad en donde permitirían optimizar costos de fertilización en campos agrícolas o mixtos.

SUSCRIBITE!

Únase a nuestra lista de correo para recibir las últimas noticias y actualizaciones de HORIZONTE A.

Su suscripción fue exitosa!