Combina precisión técnica con acompañamiento humano
Julián Muguerza y Federico Zinovich se conocen desde los 13 años. Se reencontraron profesionalmente muchos años después, y desde hace seis comparten la conducción de Glimax, una empresa argentina de AgTech que combina tecnología y humanidad para transformar la forma en la que se produce en el campo.
Por Juan Alaise – Lic. en Ciencias de la Comunicación
Nacida del deseo de “bajar a tierra” el conocimiento agronómico y convertirlo en soluciones prácticas, Glimax fue fundada por Julián Muguerza y Gabriel Tinghitella, ambos ingenieros agrónomos. “Glimax es una empresa que viene de la producción agropecuaria, de los pies en la tierra produciendo cultivos, y evolucionó hacia una empresa de gestión del conocimiento y tecnología”, resume Julián, quien dirige la compañía desde 2014.


Lo que comenzó como una apuesta productiva familiar fue transformándose en una empresa enfocada en la digitalización de datos, el manejo eficiente del suelo y la agricultura de precisión. Herramientas como Soil Explorer, para diagnosticar el suelo, o Weedit, para aplicar herbicidas de forma precisa, permiten a los productores optimizar sus decisiones, reducir costos de insumos y dar un salto hacia un agro más inteligente.
Pero si hay algo que distingue a Glimax no es solo la tecnología, sino cómo la hacen llegar a quienes más la necesitan. Para eso, incorporaron algo poco común en el sector: el coaching ontológico como herramienta de acompañamiento en la adopción tecnológica.

“Nadie está hablando de los procesos de duelo que existen a la hora de dejar de hacer algo de una manera para empezar a hacerlo de otra, sobre todo en el agro, donde las prácticas están muy arraigadas. En algunos casos, no son costumbres de años: son de centenios”, explica Federico Zinovich, coach ontológico, responsable de Recursos Humanos y socio estratégico de Glimax.
Tres desafíos, tres respuestas
Con más de treinta colaboradores, presencia en Argentina y España, y una estructura que sigue creciendo, Glimax se organiza en torno a tres grandes desafíos que detectaron en el agro:
“Primero, la sobreoferta de tecnología. El productor se enfrenta a cien opciones y no tiene el tiempo ni el conocimiento para analizarlas todas. Segundo, la subutilización: muchas veces se compra un dron o una sembradora y se usa solo una parte mínima de su potencial. Tercero, el desconocimiento, que atraviesa los dos anteriores”, explica Julián.
La propuesta de valor se basa en resolver esos tres problemas a través de tres ejes de trabajo bien definidos:
1. Asistencia
Un equipo de ingenieros agrónomos que brinda asesoramiento personalizado para que los proyectos se concreten y las decisiones se transformen en acción. No se trata de sugerir productos, sino de acompañar procesos.
2. Servicios
Mapeos y muestreos a campo con protocolos de excelencia que garantizan datos confiables. Como dice Federico: “Hoy, a nivel general en todo lo que es gestión de datos, de información y demás, no está tanto el desafío en qué es lo que yo hago con la información, sino cómo garantizo que ese dato, que yo lo estoy transformando en información, fue capturado de buena manera”
3. Academia
Formación técnica, programas de liderazgo, procesos de coaching ejecutivo y selección de recursos humanos. Glimax también ayuda a sus clientes a encontrar y desarrollar talento, porque saben que sin equipos formados, la tecnología sola no alcanza.
Dos historias que definen un estilo
Nada refleja mejor este enfoque que dos anécdotas contadas por sus protagonistas.
- Una sembradora, dos hermanos y una barrera invisible
Entre sus clientes, Glimax acompaña a dos hermanos que siembran 5.000 hectáreas de maíz. Consultaban frecuentemente sobre cambiar su sembradora, pero no decidían. La duda persistía.
“Hicimos una radiografía tecnológica y descubrimos que ya tenían casi todo para lograr lo que querían. Entonces, ¿por qué no lo hacían?”, cuenta Julián.
La respuesta no estaba en la máquina, sino en lo emocional. Uno de los hermanos dedicaba cuatro meses al año a poner en condiciones esa sembradora. Cambiarla significaba perder un rol, una rutina, un saber.
La solución fue adaptar lo que ya tenían, incorporando módulos ISOBUS y partes hidráulicas, para mantener el vínculo con la máquina y al mismo tiempo actualizarla. El resultado fue inmediato: 150 bolsas de maíz ahorradas en una campaña. Al año siguiente, ya seguros y con experiencia, vendieron la sembradora y compraron una nueva.
“Tuvimos que entender que su problema no era ni de plata ni de conocimiento técnico. Era de identidad. Y ahí es donde aportamos valor”, concluye Julián.
- El llamado en plena Nochebuena
La segunda historia ocurrió un 25 de diciembre, con uno de los clientes más grandes de la empresa. Se había entregado una prescripción de siembra para una máquina específica, pero al momento de sembrar usaron otra. Algo no funcionaba.
“Estaba por sacar el vitel toné de la heladera y sonó el teléfono. Atendimos igual”, recuerda Federico.
Desde distintos puntos del país, el equipo de Glimax se activó: rearmaron la prescripción, guiaron al cliente paso a paso, resolvieron el problema.
“Ese fue un momento de la verdad. Porque vos podés hacer todo bien durante el año, mandar informes, pan dulces, flyers... pero si no atendés cuando más te necesitan, todo se cae. Y ese día ellos sintieron que estábamos ahí. Desde entonces, el vínculo cambió para siempre.”
Cierre
Glimax no se presenta como una empresa que vende soluciones. Su propuesta de valor es más compleja: ayudar al productor a entender, decidir e implementar tecnología con sentido.
“La adopción de tecnología es un tren que va en una sola dirección. En la medida en que uno se suba antes, mejor”, dice Julián.





























