Horarios

Por: Lic. Cecilia Vignau – Lic. en Administración Agropecuaria – Son casi las 8 de la noche de un martes y en la Sociedad Rural del pueblo empieza a juntarse gente porque hoy hay reunión del consejo directivo. Florencia se muere de ganas de ir, como siempre. Pero en su interior sabe que, como casi […]
julio 4, 2023

Por: Lic. Cecilia Vignau – Lic. en Administración Agropecuaria –

Son casi las 8 de la noche de un martes y en la Sociedad Rural del pueblo empieza a juntarse gente porque hoy hay reunión del consejo directivo. Florencia se muere de ganas de ir, como siempre. Pero en su interior sabe que, como casi siempre, hoy tampoco va a asistir.  Tiene a los chicos sentados en la mesa de la cocina terminando los deberes, con una mano revuelve algo en la cacerola que tiene al fuego mientras sostiene con la otra, la lección que le está tomando al mayor porque tiene prueba mañana. 

Por el rabillo del ojo mira cada tanto el reloj colgado en la pared arriba de la mesa, le parece que las agujas corren más rápido que de costumbre y se va quedando sin tiempo.  Su vecina Norma esta noche no se puede quedar con los chicos, tiene ensayo en el coro.  Es una mujer grande, que ya ha criado a sus hijos y aunque adora a los nenes de Flor y siempre disfruta de su visita, es muy celosa de sus tiempos.  Florencia piensa “bastante me ayuda ya, tiene derecho a decirme que no hoy” Suspira… ya son casi las ocho y Juan no llega, se fue a la tarde para el pueblo porque tenía una reunión en la cooperativa y seguramente a la salida pasó por el bar de la plaza a tomar un café con los muchachos.  

Florencia y Juan se conocieron en la escuela, novios desde la secundaria llevan 10 años casados y lo han hecho todo juntos, hasta se recibieron de la tecnicatura en producción agropecuaria el mismo día. La abuela de Flor les heredó una fracción de campo en la que se instalaron y comenzaron una explotación ganadera modesta pero rentable.  Cuando están en el campo se complementan perfecto, se escuchan y toman decisiones juntos.  Pero cuando llegan a la casa… la casa es otra cosa, ese es el mundo de Florencia. 

Cruzando la puerta, Juan se convierte en un mero espectador de los malabares de su esposa.  Con tres chicos en la escuela primaria y casi todo el día en el campo, al caer la tarde se convierte en la mujer maravilla.  Pone el lavarropas mientras controla los deberes y prepara la cena. Después de lavar los platos, plancha guardapolvos, saca la basura y acuesta a los chicos.  Hoy, como tantas otras noches, se va a ir a dormir pensando en los temas que se trataron en esa reunión del consejo directivo en la que no pudo estar.  Esa reunión a la que tenía muchísimas ganas de asistir porque entiende que, como productora agropecuaria, en ella se toman decisiones que la afectan directamente.  Hoy no pudo llegar.  Se frustra, corre como loca todo el día pero el tiempo es tirano. “Si Juan hubiera llegado antes…” Se queda dormida sabiendo que no será la última vez.

Brechas de tiempo

Este relato imaginario podría suceder en cualquier explotación agropecuaria familiar del país.  Miles de Florencias en el mundo se va a dormir con la misma frustración, compatibilizar el trabajo con las tareas de cuidado en el hogar no es fácil para ninguna de ellas.  Sin embargo, parece ser que en el campo es un poco más complicado. La proporción, en cantidad de horas, dedicadas por las mujeres en la ruralidad al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado respecto de los hombres y de las mujeres de la urbanidad, marca una diferencia sustancial.

Veamos algunos datos

La Secretaría de Política Económica, a través de la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género (DNEIyG) trabaja en el diseño y la evaluación de políticas públicas para reducir las brechas de desigualdad por motivos de género, particularmente en la esfera económica. Desde el año 2020, trabaja con una Mesa Federal que reúne a ministras, secretarias y equipos económicos de todas las provincias.  Su finalidad es impulsar el desarrollo de herramientas tales como el diseño de indicadores que permitan visibilizar brechas de género existentes así como la promoción de medidas que inserten más mujeres en sectores estratégicos de la economía y que promuevan su inclusión financiera. De este trabajo surgen los indicadores que miden por un lado la distribución porcentual del tiempo dedicado a tareas no remuneradas y por otro la brecha de tiempo y cuidados.

A nivel nacional, el tiempo promedio dedicado por las mujeres a tareas como quehaceres domésticos, cuidado de niños y enfermos y apoyo escolar es de 6:31 horas diarias, contra 3:40 dedicado por los hombres. Marcando una brecha de casi el 90%.  

Respecto del indicador que mide la distribución del tiempo, de la totalidad de horas destinadas a trabajos no remunerados dentro del hogar, la mujeres dedican el 70% a nivel nacional con picos de hasta el 80% en provincias como Chaco, Catamarca, Jujuy, La Rioja, Salta y Santiago del Estero.  

La participación de las mujeres en las distintas formas de trabajo no remunerado es siempre mayor que la de los varones, tanto en el trabajo doméstico (90 por ciento frente a 69,1 por ciento), como en el de cuidado a miembros del hogar (31,4 por ciento frente a 20,3 por ciento) y el de apoyo a otros hogares, a la comunidad y voluntario (9,3 por ciento frente a 6,1 por ciento).  Esta carga, implica dedicar menos tiempo al desarrollo profesional, representa una de las razones que dificultan el ingreso de las mujeres al mercado laboral formal y, luego, su inclusión en el sistema previsional.

Horarios

En Argentina y en todo el mundo, las mujeres duplican a los varones en horas diarias dedicadas a tareas de cuidado.  Ninguna novedad.  El 92% de las mujeres realizan trabajo no remunerado, frente al 75% de los hombres.  Situación que se agrava conforme nos alejamos de la zonas urbanas porque disminuyen las posibilidades de tercerizar parte de la tarea.

El problema de Florencia no es que no tenía a mano una madre, hermana o sobrina que le mirara los chicos, es que no tenía posibilidades de contratar una niñera como haría mi amiga Carla en el barrio de Palermo, en la Ciudad de Buenos Aires. Y yo sé que ustedes acá están pensando que el problema es Juan que no se involucra en las tareas domésticas pero quiero que por un rato miremos de distinta manera la lucha patriarcal ya que esta no debe darse solamente dentro del hogar. Y quiero que pensemos que Florencia podría ser madre soltera, en ese caso no hay un varón a quien culpar por quedarse en el bar con los muchachos, no hay un varón que tenía el deber de ayudar y no lo hizo. Es ahí donde entra en juego el rol de las organizaciones.

Woman cleaning and renovating a new house

A Florencia esto le pasa todo el tiempo, no es solamente la reunión de consejo directivo, la semana pasada le pasó también con una capacitación técnica en la cooperativa. Era a la noche. Por qué las reuniones de cualquier índole no se planifican con perspectiva de género? Cuando se pone en agenda una reunión a las 8 de la noche, no hay nadie que piense que en ese horario, tan cercano a la cena, hay muchas mujeres que no van a poder asistir? Evidentemente no.  No hay nunca nadie que piense, no sólo en la cena sino en chiquitos que no pueden quedar solos.  Ayudaría que la organización pusiera un improvisado servicio de guardería? Mucho. Es la solución? No.  Las reuniones están planeadas por varones y pensadas en el mejor horario para que asistan otros varones cuando terminan con su jornada laboral.  Varones que llegarán a su casa luego para encontrar la cena lista, la ropa planchada, los deberes hechos y los chicos acostados.  Parece una publicidad de los 60’.  Una imagen tan antigua que duele.

Nadie parece comprender la importancia de la inclusión de Florencia al proceso productivo. Todo el talento que la sociedad se está perdiendo por dejar afuera de las capacitaciones y las decisiones a un grupo de mujeres que podrían sumarse solucionando una pavada tan grande como la grilla horaria.

Desigualdad invisible

El Banco Mundial reconoce que los datos sobre el uso del tiempo son cada vez más relevantes para las políticas de desarrollo. Estos datos muestran cuántos minutos u horas dedican las personas a actividades como el trabajo remunerado, el trabajo no remunerado (que incluye las tareas del hogar y el cuidado de los niños), el ocio y el autocuidado. Hoy se reconoce que el bienestar individual depende no solo de los ingresos o el consumo, sino también de cómo se ocupa el tiempo. 

Las mujeres necesitan el tiempo para desarrollarse profesionalmente sin sentirse culpables por descuidar la tareas de cuidado.  En este sentido las personas de su entorno son extremadamente importantes y en su mayoría colaboran con ellas para repartir la carga.  Lamentablemente, las organizaciones parecen estar ajenas a este proceso de cambio que estamos atravesando, parecen creer que es exclusiva responsabilidad del entorno social de la mujer afrontar esta crisis de cuidados.  Por eso son tan importantes los indicadores. Los indicadores de género permiten visibilizar y monitorear las inequidades en el plano económico y productivo entre las mujeres y los varones.  

Medir la desigualdad es un paso ineludible para delinear intervenciones y generar herramientas efectivas.  Sin embargo, si las organizaciones se muestran ausentes a una lectura con perspectiva de género, corren el riesgo de terminar invisibilizando fenómenos económicos que impactan con gran fuerza sobre las mujeres que forman parte de la institución.

No les pedimos que nos hagan la cena ni que nos cuiden los chicos.  Solamente que planifiquen las reuniones en un horario que no desbarajuste la armonía familiar.  En un horario en el que podamos estar.  Con eso solito, nos ayudan un montón.

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