Justos por pecadores

Desde octubre del 2024 crecen las importaciones de carne vacuna desde Brasil. Si, usted leyó bien: en las góndolas argentinas se consigue carne brasileña. La cantidad es imperceptible, apenas el consumo anual de carne de 97 mil argentinos, pero es un termómetro de la competitividad de nuestro sistema agronegocios de la carne vacuna. Al mismo […]
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junio 20, 2025

Desde octubre del 2024 crecen las importaciones de carne vacuna desde Brasil. Si, usted leyó bien: en las góndolas argentinas se consigue carne brasileña. La cantidad es imperceptible, apenas el consumo anual de carne de 97 mil argentinos, pero es un termómetro de la competitividad de nuestro sistema agronegocios de la carne vacuna. Al mismo tiempo, en los 5 primeros meses del año cayeron un 16% las exportaciones de carne vacuna. La faena bajó un poco, lo que quiere decir que el mercado interno está consumiendo más carne.

Argentina cuenta hoy con el novillo más caro al sur del Río Bravo, 3,5 dólares el kilo vivo, casi el doble de lo que cuesta en Brasil; salvo en Estados Unidos, en todos los países de América es más barato; en poco más de un año el kilo vivo en Argentina más que se triplicó en dólares. Los únicos que pueden pagar carne en dólares tan cara son los argentinos, que también vieron su salario en blanco en dólares casi triplicarse. Las exportaciones de vino fraccionado se derrumban mientras las que son a granel también bajan.

"Si este plan económico sale bien, las empresas argentinas deberán cambiar una cultura de al menos dos décadas para hacer exactamente lo opuesto"

Los macroeconomistas sostienen que la apreciación del tipo de cambio real (Argentina está cara en dólares) es una consecuencia natural de un plan de estabilización exitoso, sin embargo, pasar de uno de los Big Mac más baratos del mundo al más caro tiene sus consecuencias. Los precios nominales se están desacelerando exitosamente, los precios relativos “se desacomodan”: los transables (típicamente bienes que pueden comerciarse globalmente) quedan caros en dólares mientras la rentabilidad de quienes los producen se comprime fuerte; los precios de los no transables (servicios como puede ser un restaurant, la peluquería o las telecomunicaciones) crecen sin mosquearse. La competitividad exportadora empieza a lacerarse fuertemente: no es un tema sectorial cuando todos los sectores tienen problemas, es que el diseño macro no tiene en cuenta este aspecto, este efecto no deseado. Hoy el negocio es venderles a los argentinos, traer cualquier cosa de afuera (hasta carne vacuna) y vendérselas a los argentinos.

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En menos de 2 semanas se repone el esquema de retenciones que heredó el gobierno actual de la administración kirchnerista anterior, elevando las alícuotas. En la pampa húmeda el tridente precios internacionales (que los da el mundo) junto al tipo de cambio y las retenciones (que los fija el gobierno) no da para más, particularmente en trigo y soja. El negocio subsiste por la descapitalización implícita en aquellos que se mienten al no pagarse el alquiler por producir en campo propio.

Venimos de 2 décadas de brecha cambiaria, retenciones y prohibición de exportación. Demasiado tiempo en el que el negocio era generar liquidez en las compañías (hasta tomando en deuda en pesos a cualquier tasa) para transformarla en dólares o bienes dolarizados. Empresas ineficientes productivamente y pesadas en inventarios hiper endeudadas en pesos a tasas reales negativas. Si este plan económico sale bien, las empresas argentinas deberán cambiar una cultura de al menos dos décadas para hacer exactamente lo opuesto: nada de liquidez, recapitalización permanente para reinvertir, deuda (que hoy es cara) solo para expandir la capacidad productiva o elevar la eficiencia. Obviamente hay un riesgo: el plan puede no salir bien, y con el tipo de cambio tan retrasado, cuando venga la corrección está el temor de no estar posicionado en dólares y descapitalizarse en moneda dura. Sin embargo, los agronegocios cuentan con una ventaja importante: a menos que se desdoble el mercado de cambios, ellos producen productos que cotizan en dólares en el mercado global. Aunque en Argentina puede pasar cualquier cosa, es realmente poco probable que el actual gobierno desdoble el tipo de cambio y descapitalice al productor agropecuario como sucedía con los gobiernos kirchneristas.

Son demasiados años de decepciones. El plan económico está logrando el milagro de estabilizar las variables macro a un costo enorme, y si resulta, se correrá el velo de la inflación y nos veremos obligados a competir, lo que implica invertir.

Se necesita fine tunning para que justos no paguen por pecadores. Ser el supermercado del mundo es posible.

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