En los últimos años, la característica más destacada desde el punto de vista climático, ha sido su variabilidad. De grandes excesos a una histórica sequía en sólo un par de meses, y de la falta de agua a nuevas inundaciones con un par de tormentas.

Estas idas y vueltas han complicado a todo el país en general, pero sin lugar a dudas, ha perjudicado al productor agropecuario, no sólo en el aspecto económico, sino también en las características de su suelo y del potencial desarrollo de los cultivos.

Con este punto de partida, se hace muy difícil la probabilidad de tener las condiciones climáticas ideales, ya que la disparidad de situaciones que se observen en zonas acotadas, genera que cualquier perturbación medianamente relevante, genere excesos por un lado o características de sequía por otro.

Dónde estamos y hacia dónde vamos

Figura 1: Posible evolución de la anomalía de temperatura de agua de mar en la zona del Pacífico Central. Tendencia hacia un evento “El Niño” con débil intensidad.

En la gran disparidad de condiciones según la zona del país a la que hagamos referencia, se destaca que, hasta el mes de septiembre inclusive, sectores de La Pampa, Córdoba y Santa Fe, junto con una importante porción del norte del país, el faltante de lluvias es muy notable, moderado sólo por el desarrollo de algunas tormentas puntuales, en las que el nivel de peligrosidad es muy alto, debido a la potencial intensidad de las tormentas. Mientras que sectores como el centro y este de la provincia de Buenos Aires y algunos sectores de Entre Ríos, la humedad del suelo se presentaba óptima, aunque no sobraba nada.

Esta disparidad, también puede generar complicaciones a lo largo de la campaña, ya que pequeños excesos de lluvia en los sectores que ya se muestran comprometidos, podrían generar algunas inundaciones locales, mientras que, en contraposición, en los sectores donde ya se siente la falta de agua, si los eventos de lluvias que se puedan dar, se desarrollan de manera aislada, las condiciones de sequía se presentarán de manera generalizada.

Pero teniendo en cuenta la tendencia que hoy se presenta a nivel general, muestra características que podrían beneficiar a la mayor parte de la región central y norte del país.

El estado actual del Pacífico central, ha pasado de condiciones frías, durante la campaña 17/18, signada por el evento “La Niña” a características neutrales durante el período del invierno de 2018. Esto, se ha empezado a potenciar durante el último mes, presentándose características al borde de un evento “El Niño”.

Figura 2: Anomalía de precipitaciones para el trimestre Octubre-Noviembre-Diciembre

Se prevé que desde octubre y por el período de todo el verano y primera parte del otoño, se mantengan temperaturas cálidas respecto a los valores medios en toda la porción central del océano Pacífico, garantizando un aumento de la evaporación, y una distribución de la humedad en la atmósfera favorable para nuestro país, proveyendo condiciones relativamente cálidas y húmedas y con eso, mejorando la perspectiva de lluvias para gran parte del territorio nacional, con un potencial incremento de los registros de precipitaciones durante la época estival.

El evento “El Niño” no sólo aporta un mayor caudal a la mayor parte del centro y norte del país, especialmente potenciado sobre la región del Litoral y parte de la región pampeana, sino también actúa como moderador de la variabilidad térmica, por lo que comúnmente, está asociado a condiciones en las que las ventanas de riesgo de heladas se minimiza, adelantando la fecha de la última helada del año y atrasando la fecha de la primera helada. Por tal motivo, en general, la probabilidad de tener, tanto heladas tempranas como tardías, es muy baja con este tipo de eventos.

Por tal motivo, la campaña 18/19 presenta un escenario totalmente diferente al planteado en la 17/18, ya que se pasó de características de evento “La Niña” a una situación mucho más favorable, un evento “El Niño” que por el momento presentaría débil intensidad. En este marco, se prevé que durante los meses de primavera y verano, las precipitaciones comiencen a mostrar un incremento paulatino de volumen, dejando un saldo positivo respecto de los valores medios. Esta situación será óptima si se da de manera progresiva, ya que en los meses de primavera y primera parte del verano, se irían recargando los perfiles para poder afrontar los meses de mayor temperatura, momento en el que el balance hídrico positivo se hace más difícil de sostener.

Figura 3: Anomalía de precipitaciones para el trimestre Enero-Febrero-Marzo

Como situación negativa, se puede asumir, la presencia de eventos de tormentas intensas generalizadas, ya que, a diferencia de los eventos “La Niña” donde prevalecen tormentas más acotadas en área, cuando se dispone de mayor humedad, los fenómenos son más extensos y generalizados, por lo que el riesgo potencial, aumenta.

También hay que destacar el final del evento, allá por abril o mayo, meses problemáticos para la recolección de los cultivos, y que tantos trastornos nos han generado en los últimos años. Este evento “El Niño” comenzaría a perder vigor justo para ese momento del año, por lo que la situación dependerá especialmente del comportamiento de las precipitaciones en los meses previos.

Si bien es muy difícil que se presente “un clima ideal”, las características tal como se presentan en la actualidad, se muestran favorables para una campaña que podría ser, potencialmente, muy buena.

SUSCRIBITE!

Únase a nuestra lista de correo para recibir las últimas noticias y actualizaciones de HORIZONTE A.

Su suscripción fue exitosa!