Lía Molas: “Hay que desempolvar estándares y paradigmas”

Desde hace cuatro años conduce la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de La Pampa. Ingeniera agrónoma, docente, investigadora y gestora . Lía Molas impulsa una visión que busca acercar la universidad a la realidad productiva, repensar viejos paradigmas y preparar a los estudiantes para un mundo que cambia cada vez más rápido. Por […]

junio 25, 2026

Desde hace cuatro años conduce la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de La Pampa. Ingeniera agrónoma, docente, investigadora y gestora .

Lía Molas impulsa una visión que busca acercar la universidad a la realidad productiva, repensar viejos paradigmas y preparar a los estudiantes para un mundo que cambia cada vez más rápido.

Por Juan Carlos Grasa

En este Mano a Mano habla sobre los desafíos de la educación superior, la relación con el sector privado, el valor de los vínculos y la necesidad de animarse a innovar.

Sí, absolutamente. La universidad es una institución milenaria, tiene sus códigos, sus reglas y sus estándares. Pero los estudiantes cambiaron, el contexto cambió y el mundo laboral también cambió. Nosotros estamos formando profesionales para una realidad muy distinta a la que existía hace veinte años.

Si nosotros pretendemos mantener la calidad, que es un objetivo central, tenemos que revisar muchas cosas, por ejemplo, cómo enseñamos, cómo acompañamos a los estudiantes y cómo pensamos la formación profesional. Hay una mirada desde la educación superior que está obligando a revisar contenidos, cargas horarias y formas de enseñanza. Y creo que está bien que así sea.

Lo importante es entender que sostener la calidad no significa quedarse quietos. Al contrario. Significa adaptarse y encontrar nuevas maneras de hacer las cosas sin perder lo esencial.

“Me gustaría dejar una comunidad abierta, flexible, curiosa y comprometida”

Veo estudiantes muy distintos a los que teníamos hace quince o veinte años. Cuando empezamos a discutir estos temas dentro de la facultad, una de las preguntas que yo ponía sobre la mesa era muy simple: ¿qué perfil de docentes queremos para nuestros estudiantes?

Porque los estudiantes que tenemos hoy distan mucho de los estudiantes que fuimos nosotros. Son jóvenes que tienen otras trayectorias, otras formas de aprender y otras necesidades. Nosotros históricamente teníamos un estudiante que terminaba la escuela secundaria y se instalaba en Santa Rosa para estudiar. Hoy tenemos estudiantes que trabajan, que viven en otras localidades, que viajan y que necesitan organizar sus tiempos de otra manera.

Eso nos obligó a repensar muchas cuestiones. Las nuevas propuestas académicas y las modalidades híbridas nos permitieron llegar a otro tipo de estudiante. Y eso es una oportunidad enorme, pero también implica desafíos importantes para toda la institución.

Estamos aprendiendo. Nadie estaba completamente preparado para esto. Por eso estamos trabajando mucho con asesoría pedagógica, educación a distancia y articulación con las escuelas medias.

Uno de los desafíos más importantes tiene que ver con el tránsito entre la escuela secundaria y la universidad. Tenemos equipos trabajando junto al Ministerio de Educación y estamos desarrollando experiencias con escuelas agrotécnicas porque entendemos que ahí hay mucho para construir.

Hay materias donde aparecen dificultades muy marcadas. Matemática es uno de los ejemplos más claros. Entonces tenemos que acompañar mejor a esos estudiantes. No alcanza con abrir la puerta de ingreso. Tenemos que lograr que puedan permanecer, avanzar y graduarse.

Sí, porque nuestros graduados van a trabajar en esa realidad. Una de las primeras cosas que observamos cuando llegamos a la gestión fue justamente ese desacople entre la formación académica y el ejercicio profesional.

Para poder resolverlo hay que salir de la zona de confort. Hay que desempolvar estándares y paradigmas. Yo tengo que permitir que un graduado nuestro de la actividad privada pueda venir, estar en contacto con los estudiantes y dar clases también.

Por eso empezamos a incorporar profesionales que vienen del sector privado para trabajar junto a los equipos académicos. Creo que ahí está una de las claves. No se trata de reemplazar una mirada por otra. Se trata de complementarlas.

Tenemos docentes con doctorados, maestrías y una enorme formación académica, pero también profesionales que son referentes nacionales en lo que hacen. Esa combinación genera muchísimo valor para nuestros estudiantes.

Sí, porque implica revisar paradigmas muy arraigados. Hay cosas que durante muchos años se hicieron de determinada manera y hoy necesitan ser repensadas.

Yo siempre digo que hay que desempolvar paradigmas. Hay que animarse a discutir algunas cosas. Porque si no transitamos ese camino vamos a tener problemas.

La universidad no puede permanecer inmóvil mientras todo alrededor cambia. Nosotros tenemos que entender dónde estamos parados y cuáles son los desafíos que vienen.

 “Yo siempre quiero que los estudiantes, los becarios y los docentes se vayan. Quiero que conozcan otras realidades y después vuelvan”

Totalmente. Nosotros tenemos un campo de 900 hectáreas y además administramos otras 2.000 hectáreas más. Tenemos agricultura, ganadería, un tambo y distintos sistemas productivos funcionando.

Entonces, para mí la pregunta es muy simple: ¿cómo no vamos a aprovechar todo eso para enseñar?

A nosotros no nos interesa tener la actividad productiva desvinculada. Al contrario. Tenemos que aprovechar lo que tenemos porque lo tenemos acá. Eso no implica colectivos, viajes ni grandes inversiones; implica salir al lote, ver cómo se maneja un rodeo, cómo funciona un tambo o cómo se desarrolla una actividad productiva real.

Los estudiantes participan de esos procesos. Ven cómo se planifica, cómo se ejecuta y cómo se toman decisiones. Y eso tiene un enorme valor formativo.

Creo que representa muy bien la forma en la que entendemos la formación profesional. Expo Dinámica nació en 2023 a partir de una inquietud muy concreta: acercar la tecnología y la realidad productiva a los estudiantes.

La primera edición estuvo muy enfocada en maquinaria agrícola. Queríamos que los estudiantes pudieran ver la tecnología funcionando, hablar con las empresas y conocer herramientas que muchas veces no aparecen dentro del aula. Pero rápidamente nos dimos cuenta de que había mucho más para mostrar.

Entonces empezamos a incorporar nuevas áreas vinculadas con agricultura, ganadería, agronegocios, ambiente, AgTech e industria alimentaria, siempre pensando en las carreras que tenemos dentro de la facultad y en la formación de nuestros estudiantes.

Hoy participan más de 250 empresas e instituciones y se transformó en un espacio de referencia para toda la región.

Para nosotros no es solamente una muestra, la pensamos como un aula al aire libre.

Todo lo que sucede durante esos días tiene una intención educativa. Los estudiantes participan de la organización, de las rondas de negocios, de las actividades técnicas y de la interacción con las empresas. Son protagonistas del evento.

Además, trabajamos mucho con escuelas secundarias. Para cada edición desarrollamos propuestas específicas para los colegios, con recorridos vinculados a agricultura, ganadería y agronegocios. La idea es que los chicos puedan ver cómo funcionan los drones, las sembradoras, los sistemas de identificación animal, las nuevas tecnologías y entender cómo todo eso se relaciona con la producción de alimentos y el cuidado del ambiente.

Nos interesa que los estudiantes tengan contacto con las empresas, que los productores puedan intercambiar experiencias, que los graduados vuelvan a la facultad y que los jóvenes conozcan de cerca la realidad del sector. Por eso siempre digo que es un aula al aire libre.

Porque todo lo que ves acá tiene que ver con los vínculos. Yo siempre digo que soy del uno a uno. No soy una persona de redes sociales. Me gusta conversar, construir confianza y generar relaciones a largo plazo.

Los vínculos se construyen con tiempo, escuchando, acompañando y estando presentes. Mucho de lo que hoy sucede en la facultad tiene que ver con relaciones que se fueron construyendo durante años.

Cuando una empresa, una institución o un productor se acerca a trabajar con nosotros, muchas veces lo hace porque existe una confianza previa. Y esa confianza es un capital enorme.

Sí, porque realmente creo que somos ciudadanos del mundo. Y más todavía cuando trabajamos vinculados con los alimentos.

Yo siempre quiero que los estudiantes, los becarios y los docentes se vayan. Quiero que conozcan otras realidades y después vuelvan. Porque esas experiencias transforman.

Viví mucho tiempo en el exterior y eso me permitió valorar muchísimo la formación que tenemos en Argentina. De hecho, cada vez que un estudiante vuelve de una experiencia internacional, termina confirmando algo que yo sostengo hace años: las bases que reciben acá son muy sólidas.

Después cambia el cultivo, cambia el país o cambia el sistema productivo. Pero las bases son las bases. Y cuando esas bases son buenas, uno puede adaptarse.

Porque creo que los desafíos son enormes. Tenemos que sostener la calidad, incorporar nuevas herramientas, adaptarnos a los cambios tecnológicos y revisar nuestras propias prácticas.

Hay cuestiones que todavía no tenemos resueltas y está bien reconocerlo. Yo siempre digo que veo los problemas como desafíos. Me interesa conocerlos, entenderlos y buscar maneras de resolverlos. Si uno se queda quieto porque algo es difícil, nunca avanza.

Me gustaría dejar una comunidad abierta, flexible, curiosa y comprometida.

Me gustaría que la gente entienda que lo único permanente es el cambio. Que se anime a abrir la cabeza, a probar cosas nuevas y a no tener miedo de equivocarse.

Yo siempre le digo a mi equipo que nosotros trabajamos en los bordes. En los bordes uno le erra, uno se cae, prueba y avanza. Lo nuestro es permanentemente correr el borde. Y también les digo algo más: si no le hemos errado es porque no hemos llegado lo suficientemente lejos.

Me gustaría que quede instalada esa idea. Que las personas se animen a innovar, a cuestionar lo establecido y a buscar nuevas formas de hacer las cosas. Porque los lugares donde realmente se producen los cambios son justamente esos.