Lisandro Galindez es  director de Marketing para el negocio de Semillas de Syngenta y presidente de Arpov – Asociación Argentina de Protección de las Obtenciones Vegetales-. Con el valor inmenso que tiene la semilla en la cadena de productividad del agro, trabaja mancomunadamente con otras Asociaciones y Cámaras impulsando en forma conjunta proyectos que impacten positivamente en la cadena agroindustrial. Aquí sus reflexiones.

Por: Juan Carlos Grasa

Lisandro, crees que hubo un cambio dentro de Syngenta desde tu llegada a la empresa?

Este 2021 cumplo cuatro años en Syngenta y si comparo a la empresa actual con aquella que me recibió en 2017 veo un cambio fenomenal, con la decisión de empezar a jugar fuerte en semillas asignándose una gran importancia en recursos y en apostar a países como la Argentina.

El foco en semillas queda de manifiesto cuando se dividen los negocios de protección de cultivos y semillas, haciendo foco muy fuerte en todas las marcas que manejamos y en los distintos países donde estamos presentes. A esto se le suman las herramientas digitales, simplificándole al productor las soluciones que necesita para lograr una excelente campaña, eso es algo que tenemos que lograr como algo distintivo dentro de la empresa.

Las semillas y la tecnología van de la mano, dos herramientas claves a la hora de producir.

Hay una apuesta muy grande de la empresa, recordamos que lo hemos visto el año pasado cuando viajamos a EEUU y visitamos las oficinas de Chicago y el centro de investigación en Carolina del Norte por ejemplo, siempre pensando y orientándonos en acercarle al productor lo mejor del mercado. El secreto está en lograr brindarle de manera rápida y fácil todas las herramientas digitales al productor.

¿Syngenta ve en Argentina un gran país donde apostar y proyectar?

Tenemos presencia en los cuatro principales cultivos, siendo líderes en algunos y con muy buenas proyecciones de crecimiento en otros. Syngenta ve a nuestro país como una gran oportunidad y lo confirma año a año con inversiones en investigación y desarrollo. En cuanto a hectáreas sembradas, en Argentina parece que la soja es un cultivo muy atractivo, pero cuando uno mira otras variables y otras oportunidades, por ejemplo, el maíz es un cultivo muy prometedor y creo que Argentina debe meterle muchas fichas.

Con el nivel de hectáreas que hoy tenemos en maíz es un crimen que la mayoría se exporte solo como grano. Debemos potenciar la bioeconomía del maíz con políticas e interacciones público-privadas aprovechando mejor las oportunidades que tenemos. Debemos dejar de ser una oportunidad para ser finalmente una realidad.

¿Crees que el agregado de valor sigue siendo una cuenta pendiente?

La bioeconomía aún no está bien aprovechada en nuestro país. Debemos convertir el grano localmente en carne y energía y así exportar valor agregado.

De la mano de la tecnología y de horizontes de inversión claros a mediano y a largo plazo, con responsabilidad y cuidado del medio ambiente, Argentina debe aprovechar más las oportunidades que se le presentan. El agro tiene mucho impacto en economías regionales, en desarrollo y en empleo.

Como presidente de ARPOV, qué balance podrías hacer de la gestión

Para mí fue un gran desafío, hemos trabajado muy fuerte en proyectos para simplificar la vida de los productores y de los multiplicadores. Puertas afuera, estuvimos trabajando con la cadena de las semillas, con FEDIA, ASA y la Cámara de semilleristas de la Bolsa de Cereales- apoyando la iniciativa del diputado Luis Contigiani que presentó un proyecto de incentivo fiscal a la compra de semilla fiscalizada y hoy está dentro del marco del Consejo Agroindustrial  Argentino. Cuando uno mira el impacto de la cadena de las semillas y ve que el 20% de las autogamas se hace con semillas fiscalizadas por el INASE y el restante 80% son semillas guardadas por el productor (donde una parte tiene propiedad intelectual pero el resto no se sabe qué es) ahí vimos que debíamos actuar.

El proyecto de iniciativa fiscal es algo positivo para todos los actores de la cadena

Si, es un proyecto que une, que tiene un impacto positivo tanto para el productor, para la Cadena semillera, para los pueblos del interior y para el Estado, con un descuento por ganancias que lo tendría casi un año después, cuando ya compró las semillas fiscalizadas.  Ojala este proyecto salga porque le daría un gran impulso a la producción y a las más de 400 localidades del interior donde la Cadena de la Industria de la Semilla tiene impacto directo. Los datos del SISA muestran un promedio de variedades en soja que fueron lanzadas hace 10 años, por eso estoy seguro que le daría un gran impulso al recambio varietal, con una suba en los rendimientos, dándole además la posibilidad de acceder a nuevas tecnologías a los pequeños productores

Tu visión y tu experiencia son de gran importancia para lograr estos objetivos.

Quiero seguir ligado ARPOV para que se puedan lograr esos proyectos que sabemos que tendrán un gran impacto, ayudando al productor, facilitándole la manera de declarar en el SISA –para eso estamos tratando de firmar con el INASE un convenio para que aquél que compró semilla fiscalizada tenga simplificada la declaración- queremos poder brindar capacitaciones….en fin, simplificarle la vida al productor. Son trabajos que venimos encarando y que queremos que desde ARPOV se sigan manteniendo. ARPOV debe brindar servicio.

Evaluando el peso de la regalía extendida, crees que es realmente un tema económico?

El productor argentino es muy tecnificado y necesita buena calidad de semillas, pero cuando uno mira el valor y el peso que tiene la regalía extendida en toda la ecuación de costo, vemos que es ínfimo, entonces concluimos en que es más que un tema económico. Si nos comparamos con la producción de Brasil –país que no puede guardar semillas por un tema climático- vemos que nos duplican o triplican en la cantidad de variedades nuevas lanzadas por año, y si miramos la tasa de ganancia genética brasilera versus la de Argentina, ahí se explica la diferencia.

Hay otro problema en soja que es el contenido de proteína, y eso tiene relación directa con el mediano plazo. Argentina debe dar un salto y pasar de tener oportunidades a lograr realidades concretas.

Cuando hablamos de tecnología y de herramientas, incluimos al refugio?

“El refugio es un seguro de tecnología, concretamente un seguro de durabilidad de tecnología y eso hoy se ve reflejado en las 7 millones de hectáreas de maíz, (previo la biotecnología llegábamos a las 2,5 millones)”

Lisandro Galindez

Por eso hay que dejar de mirarlo como un costo o como una problemática, en realidad es una solución. Hoy la tecnología más eficiente para el control de  insectos en maíz es nuestra Viptera y debemos cuidarla entre todos.  Como industria debemos acercarle al productor el hibrido ideal para poder cumplir con ese refugio, una de las tantas herramientas para el manejo de resistencia.

¿Qué papel juega el contratista en este plan de campaña?

El contratista es un actor clave porque si bien el cliente es el productor, en muchos casos el usuario termina siendo el contratista. Por eso, es tan importante poder concientizar sobre la importancia del refugio facilitándole la siembra  de este sistema.

Sabemos que dentro del agro la comunicación es una cuenta pendiente, sobre todo hacia afuera del mundo agrario. ¿Qué opinión te merece este tema?

Syngenta viene trabajando muy fuerte en comunicar a todos lo que hacemos como sector, cómo cuidamos el medio ambiente, detallando las diferentes prácticas agrícolas que realiza el productor. Esto es algo que debemos hacer todos los que integramos la cadena agraria, no debe ser algo individual o de algunos integrantes del sector. Hay que explicar de manera sencilla qué y cómo lo hacemos.

La sustentabilidad es clave como forma de vida, está totalmente arraigada en la gente. ¿Cómo aborda Syngenta esta realidad?

El plan de sustentabilidad de Syngenta, denominado The Good Growth Plan, se lanzó a nivel global en 2013 y fue un paso importante en la creación de compromisos de sustentabilidad y en su cumplimiento. En 2020 logramos superar los objetivos que nos habíamos propuesto. Buscando mejorar la eficiencia de los recursos, rejuvenecer los ecosistemas y revitalizar las comunidades rurales, hemos recuperado 14 millones de hectáreas de tierras agrícolas degradadas, mejoramos la biodiversidad en 8 millones de hectáreas y capacitamos a más de 42 millones de agricultores en todo el mundo en uso seguro de nuestros productos.

Gracias Lisandro!

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