María Elena Otegui: la visionaria del maíz tardío

A lo largo de su prolífica vida profesional, superó las 300 publicaciones, incluyendo más de 100 artículos en prestigiosas revistas indexadas internacionales, además de editar libros y escribir numerosos capítulos de referencia obligatoria en producción vegetal. Por Carlos Becco - Comencé mis estudios en la Facultad de Agronomía y Veterinaria en 1977. Posiblemente esta fecha, […]

junio 25, 2026

A lo largo de su prolífica vida profesional, superó las 300 publicaciones, incluyendo más de 100 artículos en prestigiosas revistas indexadas internacionales, además de editar libros y escribir numerosos capítulos de referencia obligatoria en producción vegetal.

Por Carlos Becco -

Comencé mis estudios en la Facultad de Agronomía y Veterinaria en 1977. Posiblemente esta fecha, por sí sola, no signifique mucho para nadie, pero tiene una particular relevancia en esta historia. Después del nefasto golpe de estado del 24 de marzo de 1976, aquel fue el primer año que el gobierno de facto puso en marcha el mecanismo de examen de ingreso como un requisito para poder ingresar en todas las universidades públicas.

Cómo nos conocimos

De esa manera tuve el “privilegio” de ser parte de la primera camada de estudiantes que tuvieron que someterse a una prueba de este tipo para ingresar a las aulas del estado.  Una experiencia absolutamente novedosa y desconocida para miles de jóvenes como yo que se enfrentaban a un examen “multiple choice” que decidiría si -finalmente- íbamos a poder comenzar nuestros estudios. Fallar en aquel examen significaba -lisa y llanamente- tener que alterar tus planes de vida significativamente. Uno de los pocos aspectos positivos de aquel examen de ingreso fue que me permitió conocer a María Elena Otegui.

Consciente de todo lo que estaba en juego me preparé a conciencia para aquel examen que consistía en 3 materias: biología, química y un engendro llamado “comprensión de textos”. Cuando el único objetivo era estar entre los 500 cupos asignados para aquel año, tuve la sorpresa de entregar uno de los 10 mejores exámenes de aquel año, selecto grupo donde también se encontraba, por supuesto, María Elena. Cuando la facultad de Agronomía quiso reconocer a los 10 mejores exámenes aquella fue la excusa que permitió que nuestros caminos se cruzaran y comenzáramos a estudiar juntos.

Aquellos fueron 5 años apasionantes donde compartimos muchas materias y anécdotas; inclusive ambos elegimos la misma especialidad: la desaparecida fitotecnia. Y si bien debo reconocer que nunca fuimos amigos, fuimos muy buenos compañeros de estudios. Nos graduamos el mismo año (1982) y, a partir de allí, nuestros caminos se separaron. Mientras que yo me trasladé ese mismo año al norte para comenzar mi experiencia profesional en San Martín del Tabacal, cerca de San Ramón de la Nueva Orán; María Elena se volcó de lleno por la investigación y la docencia.

Ella y su gran legado

Logró su maestría en la Unidad Integrada Balcarce de la Universidad Nacional de Mar del Plata en 1993 para de allí viajar rápidamente a la Université Paris XI-Orsay (Francia) para alcanzar su doctorado en 1996 y luego, al año siguiente, su posdoctorado en el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA-ARS) en Morris, Minnesota.

A su regreso a la Argentina, construyó una brillante carrera que combinó la investigación de frontera con la docencia aplicada y la formación de nuevos profesionales:

  • CONICET e INTA: Alcanzó la máxima categoría del sistema científico como Investigadora Superior del CONICET, desempeñando gran parte de sus tareas de investigación en el INTA Pergamino.
  • Docencia: Fue Profesora Titular Regular en la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA). Tuvo un rol sumamente activo en la Escuela para Graduados Alberto Soriano, donde ejerció como subdirectora y co-coordinadora de la Especialización en Mejoramiento Genético Vegetal.
  • Formación de Recursos Humanos: Dirigió y guió más de 15 tesis de posgrado (entre doctorados y maestrías), además de apadrinar a decenas de pasantes e investigadores que hoy lideran el sector agroindustrial y académico.

A lo largo de su prolífica vida profesional, superó las 300 publicaciones, incluyendo más de 100 artículos en prestigiosas revistas indexadas internacionales, además de editar libros y escribir numerosos capítulos de referencia obligatoria en producción vegetal. También ejerció activamente como editora asociada y revisora destacada en publicaciones globales como Crop Science y Field Crops Research.

A lo largo de su extensa trayectoria su excelencia científica e institucional fue reconocida en múltiples ocasiones:

  • Premios Konex: Recibió el Diploma al Mérito Konex en dos oportunidades: en 2013 (categoría Agronomía, Veterinaria y Alimentos) y en 2023 (categoría Biotecnología).
  • Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria (ANAV): Fue incorporada formalmente como Académica de Número el 9 de junio de 2022. Bajo esta institución recibió además el Premio Fundación Pérez Companc (2014) y el Premio Cámara Arbitral de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (2017).
  • Testimonio Clarín Rural: Galardonada en 2025 en reconocimiento a su trayectoria y aportes al sector agropecuario.

Pero, sin lugar a duda, su aporte más disruptivo fue explicar científicamente cómo responde el maíz a distintas fechas de siembra, manejos y condiciones ambientales. Sus investigaciones demostraron los beneficios de retrasar las fechas de siembra tradicionales para esquivar los riesgos climáticos del verano (como las sequías), otorgándole estabilidad a los rendimientos de la cadena maicera argentina. Sus investigaciones fueron claves para permitir el desarrollo de una alternativa del cultivo que hoy cubre casi la mitad de la superficie sembrada de Argentina.

Su partida

María Elena Otegui falleció el 9 de abril de 2026 a los 66 años. Desde esta columna quiero despedir a mi querida compañera de estudios y recordarla, no sólo por su agudeza y su mirada crítica orientada a desarrollar el maíz tardío argentino, sino también por su enorme generosidad y calidad humana como formadora de varias generaciones de agrónomos. Sin duda alguna, la vamos a extrañar.