Por: Lic. Cecilia Vignau – Lic. en Administración Agropecuaria

Según la estadística descriptiva, se denomina Censo al “recuento de individuos que conforman una población estadística, definida como un conjunto de elementos de referencia sobre el que se realizan las observaciones” Ok. Y en criollo? Según Naciones Unidas es “el proceso total de recolectar, compilar, evaluar, analizar y publicar o diseminar en cualquier otra forma, los datos demográficos, económicos y sociales que pertenecen en un momento determinado, a todas las personas de un país o de una parte bien delimitada del mismo” Ahí vamos mejor, no? Pero bueno, básicamente como diría mi amigo Contalito, un censo sería algo así como “muchachos quédense quietos que los queremos contar para saber cuántos son, dónde están y qué cuerno hacen”

La elaboración de censos y publicación de todo tipo de informes estadísticos suele ser realizada por institutos u oficinas de estadística. La creación de estos institutos ha sido habitual en la fundación de los Estados modernos, desde finales del siglo XVIII hasta nuestros días. En Argentina, en el año 1864, se creó la Oficina de Estadística Nacional dependiente del Ministerio del Interior que fue responsable de la ejecución del primer Censo Nacional, en 1869. Recién el 25 de enero de 1968, mediante la ley N° 17.622, se creó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).

Los censos son la fuente primaria más importante y amplia de información estadística. Dada su periodicidad es posible comparar los cambios en el tiempo y entre países ya que el relevamiento censal se realiza en fechas similares en casi todo el mundo.

Pero para qué sirven los censos?

  • Permiten orientar el diseño de políticas que puedan mejorar las condiciones de vida de la población
  • Orientan el presupuesto nacional de los siguientes 10 años de forma eficiente. 
  • Proporcionan información clave sobre la composición, la distribución y el crecimiento de la población. 
  • Permiten conocer la densidad demográfica de una ciudad para saber si es necesario aumentar el servicio público.
  • Ayudan a estimar con precisión la demanda de bienes y servicios en cada región.

El censo nos permite conocernos a nosotros mismos, nada más y nada menos. Porqué lo estamos rodeando de desconfianza y elucubraciones?

Controversias

A medida que se va acercando la fecha, crece la controversia en torno al Censo Nacional de Población, que nadie sabe muy bien porqué se hace este año pero será el 18 de mayo, un miércoles que se decretó feriado. Primera controversia. ¿Por qué un miércoles y no un domingo? Y mientras me estaba preguntando “Y por qué no un miércoles?” se me ocurrió buscar en qué día de semana se llevaron a cabo los anteriores. Resulta ser que de los diez Censos Poblacionales que se realizaron en Argentina, CINCO fueron miércoles. La mitad. Sólo el censo de 2001 se realizó durante sábado y domingo, los demás fueron un lunes o incluyeron el viernes como parte del fin de semana censal. La controversia respecto del año también está muy en auge pero desde 1960 se adoptaron las recomendaciones internacionales de realizar los operativos en los años terminados en cero. Las únicas excepciones fueron: en 1991 por crisis económica y 2001 por falta de presupuesto. Para este 2022, por la pandemia.

Otra controversia gira en torno al anonimato, porque el formulario pide el nombre de todos los censados. Bueno sucede que en 1869, durante el primer censo nacional realizado bajo la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, los censistas contaron con una planilla extensa en la que anotaron – a manopla –  los nombres y apellidos de cada una de las personas censadas. Además se relevaron otras características sociodemográficas como ser: sexo, edad, estado civil, nacionalidad, provincia de nacimiento, profesión, oficio, ocupación y grado de alfabetización. Llevamos 150 años pidiendo los datos más básicos de la población, entre ellos el nombre, sí señores.

Y qué podemos decir acerca de la desconfianza sobre el uso de los datos personales solicitados? Que la AFIP ya sabe todo de nosotros, compañeros!

Una controversia que sí me parece razonable es aquella relacionada a las personas con discapacidad. Una de las particularidades del Censo 1970 fue la exclusión de las preguntas sobre discapacidad, que figuraban en los cuestionarios censales desde 1869. El Censo 2001 retomó la temática de la discapacidad en la población y se contempló en el cuestionario hasta 2010.

Parece que en el formulario 2022 sólo se incluye una pregunta bastante vaga sobre personas con “limitaciones”. Una pena ya que lejos de ser discriminatorio, el dato resulta relevante a la hora de establecer políticas públicas inclusivas.  

Todos los censos en la República Argentina se realizaron bajo la modalidad que se denomina “censo de hecho”. Es decir que para el relevamiento de datos la población fue registrada en el lugar donde el censista la encontró y el formulario completado con el método de entrevista directa.  Tal vez por esto la gente tiene cierta resistencia a responder abiertamente las preguntas del cuestionario censal. Tanto nos importa lo que una persona que no conocemos ni volveremos a ver jamás piense sobre nuestras condiciones de vida? Es realmente la entrevista el problema?

Por ejemplo, durante el censo de 1895 se incluyeron dos preguntas relativas a la cantidad de hijos. Pero esas preguntas estaban solo destinadas a las mujeres casadas o viudas, como si las solteras no pudieran ser madres y esos hijos no sirvieran a las estadísticas y la  tasa de natalidad resultante no estuviera completamente sesgada. Pero bueno, qué mujer soltera del siglo XIX hubiera admitido frente al censista haber parido un hijo bastardo?

Recién en 1947 la pregunta sobre hijos nacidos vivos incluyó también a mujeres separadas o divorciadas. Que además debieron responder sobre la edad al contraer matrimonio. Todavía éramos ciudadanas incapaces! Capaz el cuestionario lo respondía el marido… o el papá.

Un aporte novedoso del Censo de 1970 fue la pregunta sobre el estado civil que indagó no solo por la condición legal sino también por la unión conyugal de hecho. Un escándalo en esa época ser concubina!. Pero como ya éramos ciudadanas de derecho, se preguntó a todas las mujeres mayores de 12 años , sin tomar en cuenta su estado civil, sobre la cantidad de hijos nacidos vivos. Esto permitió medir la fecundidad extramatrimonial por primera vez en nuestra historia. Tampoco creo que en los 70’ ese dato fuera tan confiable.

Hoy el cuestionario tiene 3 preguntas específicas para mujeres entre 14 y 49 años: Hijos nacidos vivos, cuántos de ellos están vivos actualmente y la fecha de nacimiento del último. Satisfactorias a la hora de completar tasa de fecundidad, natalidad y mortalidad. No sé si sirven para mucho más.

Ojalá este censo sirva para algo más que conocer cuántas somos y cuántos hijos parimos. Ojalá de esas 37 escuetas preguntas surjan datos que le permitan al Estado advertir nuestras necesidades porque sólo así podrá generar las políticas que le permitan satisfacerlas.

No sé de qué se trata pero me opongo

Se conocen censos tan antiguos como el realizado en China, en el año 2238 A.C. por el emperador Yao que mandó elaborar un censo general que recogía datos sobre la actividad agrícola, industrial y comercial. Casi 4300 años llevan los Estados recopilando datos sobre su población, pero el argentino 2.0 desarrolla teorías conspirativas que resultan en todo tipo de excusas para negarse a conocernos a nosotros mismos como sociedad. Se niegan a abrirle la puerta al censista pero también a completar un formulario on line, cuando el artículo 18° del Decreto 726/2020 establece que la información que se obtenga solo será utilizada con fines estadísticos y que está resguardada por el secreto estadístico, de acuerdo a lo dispuesto en la Ley 17.622.

En un ataque de rebeldía adolescente, decidimos por nosotros y por nuestros hijos (lo que es más grave) no formar parte de la muestra estadística cuando el artículo 17° del mismo Decreto indica que todos los habitantes de la Nación quedan obligados a responder la totalidad de las preguntas incluidas en el Censo.

Qué pensaría Sarmiento si nos viera ahora? Cuando en 1869 tuvo en su mano los primeros resultados se espantó al descubrir que más 300 mil niños argentinos no estaban recibiendo educación. Cómo se hubiera enterado sin censar a la población? En la siguiente reunión de gabinete pronunciaría la conocida frase: “Señores ministros, ante los primeros datos del censo, voy a proclamar mi primera política de Estado para un siglo: escuelas, escuelas, escuelas”.

En 1852 había una veintena de escuelas que al finalizar su mandato en 1874 se habían convertido en 1120. Los datos sirven para tomar decisiones. Es una lástima que en un país que necesita tantas reformas estructurales para dejar atrás años de decadencia, un censo se convierta en la representación de la desconfianza en el Estado.

Los censos no sólo sirven para saber cuántos somos sino para determinar hacia dónde queremos ir. Hacia dónde queremos ir realmente?

SUSCRIBITE!

Únase a nuestra lista de correo para recibir las últimas noticias y actualizaciones de HORIZONTE A.

Su suscripción fue exitosa!