Se termina la campaña récord histórico de producción de maíz. Nunca se sembraron tantas hectáreas, nunca se invirtió tanto dinero en el paquete tecnológico, nunca el clima fue tan benévolo. A diferencia de la #Sequía18, en la que @estimacionesbc casi todas las semanas recortaba las estimaciones de producción, en esta #Cosecha19 las aumentó varias veces hasta alcanzar las 48 millones de toneladas. Hace un año en esta misma página estimamos 45 millones, 1 tonelada por cada habitante de Argentina y la realidad nos superó en un 6%. En un escenario de bajón de precios donde el mayor castigo lo absorbió la soja, la macroeconomía argentina (y el bolsillo de los productores) sufrió menos porque la cosecha total es un record histórico rozando las 130 millones de toneladas y la diversidad del plan de siembra nacional distribuyó mejor el área hacia cereales, que sufrieron menos que el poroto. La relación de precios indica que continúa siendo tentadora la opción por cereales.

¿Por qué el poroto cae? Primero, de dónde cae: en los dos gobiernos de Cristina Kirchner la tonelada de soja rebotaba entre los 400 y los 500 dólares (con picos perforando ese techo) mientras que durante la presidencia de Macri la soja se comportó cerca de los 350. La razón de esta caída es que hoy hay en el mundo bastante más soja que la que había antes. Ese es el factor estructural del salto de bandas de precio, pero eso no explica la actualidad que revolotea los 300.

Para explicar esa situación pesan tres factores: uno de tendencia y otros dos de tendencia y volatilidad. La crisis sanitaria porcina en China ocasionada por la gripe africana amenaza con reducir en un tercio la población de cerdos de ese país; hoy ya lo hizo en algo menos del 10%. La crisis de la Vaca Loca en Europa hace 23 años demando sacrificar 4 millones de vacas; esta ya se cobró 40 millones de cerdos. Esto tiene un impacto fenomenal en los mercados globales de proteínas animales, dado que 1 de cada 3 kilos de carne (cualquier carne) que se producen en el mundo se consume en China, y el 40% de la carne que comen los chinos es de cerdo; y los cerdos comen soja. Los cálculos más optimistas dicen que China demorará como mínimo 1 año y medio en recomponerse, los pesimistas hablan de casi el doble. La caída en el precio de los granos (la soja más pronunciada) tendrá como correlato una inflación global del precio de las proteínas animales, particularmente el pollo. Es muy difícil predecir qué sucederá con una historia recién comienza. Por las dudas las autoridades chinas ya le abrieron el mercado de carne cerdo a la Argentina y otorgaron más confianza a un SENASA cada más profesionalizado. Atención, antes de la gripe la población china de cerdos era de 600.000.000, mientras que la argentina es de 6.000.000.

El conflicto comercial entre Estados Unidos y China tiene múltiples impactos. El primero es que incrementa la volatilidad del precio de la soja: un tuit de Donald Trump insinuando que las negociaciones están estancadas mueven el precio de la soja, un recrudecimiento de las barreras comerciales en Estados Unidos invita a una respuesta de China. China importa más de un tercio de la soja global y Estados Unidos era su principal proveedor: su respuesta son aranceles a la soja. Eso dispara: a) el mundo tiene menos comercio, por lo tanto, el mundo crecerá menos y demandará menos alimentos, b) comienza a disociarse el precio de la soja en Chicago de las cotizaciones de Rosario y Paranaguá en Brasil. Hace un año cuando se inició la guerra el diferencial de precios superó los 60 dólares. Chicago se rompe como termómetro del mundo y por lo tanto su señal se hace más débil; se abre una oportunidad para que quienes operan granos por el mundo saquen ventaja de esta distorsión. Hay una curiosidad: los aranceles que Estados Unidos le aplica China impactan en los insumos de los farmers (máquinas, acero, etc.) y los que China aplica afectan el precio de los productos de los farmers. La guerra comercial de Trump lastima a su base electoral, se supone hay incentivos a suspenderla, pero no es sencillo: la pérdida de ingresos de los farmers está siendo compensada por cuantiosos subsidios, sin embargo, John Deere está declarando balances ruinosos. La guerra comercial no trata solo de bienes: incluye servicios y patentes, implica revisar un entramado legal muy complejo. Comienzan a darse situaciones impensadas: están crujiendo cadenas de abastecimiento globales, como las de ensamblado de celulares. La guerra comercial esconde la batalla por la supremacía tecnológica y hoy la disputa es por la inteligencia artificial, sus aplicaciones y licencias. Es incierto si estamos lejos o cerca y el temor global es que se haya transformado en un “new normal”, el paradigma de estos tiempos.

Finalmente, los mercados toman nota del reporte del USDA que indica que se espera una campaña muy buena de soja en Brasil. No se sembró, pero ya impactando en los precios de hoy, pero sobre todo en los futuros.

La fuerza contrapuesta (y por lo tanto alcista) es el retraso de la siembra de soja y maíz en Estados Unidos, particularmente en Illinois. Eso se traduciría en muchos menos granos circulando por el mundo. Es un partido que terminará de jugarse en las últimas semanas de mayo y la primera de junio, pero no confiarse, los farmers gringos están groseramente sobreinvertidos en capital: tienen muchas sembradoras! Abierta la ventana se lanzarán en masa. ¿Cuánto no llegará a sembrarse finalmente? ¿Cuánto jugarán los suelos húmedos sembrados en el aumento de rinde?

Hoy los precios tienen pocos incentivos a subir a los antiguos niveles, pero la volatilidad es alta, saltar hacia la banda de más de 400 dólares por tonelada es poco probable. No es fácil ver más allá.

En el medio, falta menos de un mes para que cada espacio electoral inscriba su fórmula; cuando se habla de economía están en disputa dos modelos de desarrollo: uno que mira el mercado interno y por lo tanto el consumo, otro centrado en exportaciones e inversión. Uno es popular en el corto plazo, el otro sostenible en el largo.