Pese a las dificultades de la macroeconomía, las distintas actividades ganaderas —cría, recría y engorde— siguen generando resultados rentables a los productores. En el caso de los criadores, la reducción del stock nacional verificada en los últimos años se explica, en gran medida, por una disminución en el número de vacas. Este fenómeno puede considerarse positivo, ya que implicaría la eliminación de los vientres menos productivos, lo que contribuiría a mejorar la relación ternero/vaca destetado, que se mantuvo durante muchos años en torno al 63% y actualmente se aproxima al 66–67%.
“La oferta de terneros durante la zafra 2026 ha mostrado un comportamiento diferente al de años anteriores. En el primer cuatrimestre se registró una caída del 23% en la cantidad de animales comercializados respecto de 2025 que se debe, principalmente, a que los criadores no enfrentan urgencias, dado que disponen de buena oferta forrajera y una situación económico-financiera relativamente holgada, lo que les permite vender de manera gradual según sus necesidades de liquidez”, afirma Diego Ponti, analista ganadero de AZ-Group.
“Los embarques hacia EE.UU. aumentaron 94% en el primer trimestre de 2026, a partir del arancel cero”
Por su parte, los invernadores a pasto también enfrentan márgenes positivos. Esto responde a que los insumos requeridos para la actividad mantienen una relación favorable respecto del precio del ganado gordo, lo cual permite compensar el elevado costo del ternero. En detalle, existe una amplia gama de insumos accesibles para el invernador, como la implantación de pasturas y verdeos, y la adquisición de maíz o concentrados proteicos, cuyos precios continúan siendo bajos en relación con los kilos de carne necesarios para su compra. Otros insumos han mostrado una evolución menos favorable a partir de la guerra en Medio Oriente, aunque aún dentro de niveles positivos. Entre ellos figuran las relaciones carne/gasoil, carne/fletes y, especialmente, carne/fertilizantes. En este sentido, la urea ha pasado de valores del orden de 600 dólares por tonelada a aproximadamente 900 dólares. A pesar de este incremento, su utilización continúa siendo rentable cuando se destina a aumentar la producción de pasto, ya que el incremento en la producción de carne, medido en términos monetarios, supera el costo de la fertilización en un verdeo de invierno.
Es más: “con los precios actuales del ganado, sería posible pagar hasta 1000 dólares por tonelada de urea y mantener la rentabilidad de la fertilización en la promoción del crecimiento de verdeos y pasturas”, proyecta Ponti.

El principal desafío para los invernadores radica en la compra del ternero, cuya relación de precios se ubica en 1,5-1,6 respecto del gordo, niveles elevados para esta época del año, con pocas perspectivas de que esta relación experimente cambios significativos en el corto plazo. “Si bien se observó una baja en los precios desde comienzos de año —cuando el ternero cotizaba en torno a los 7000 pesos por kilo frente a los 6500 actuales— se prevé que continuará siendo caro para el engordador debido a la limitada oferta de animales cargados en remates ferias y ventas particulares”, adelanta Diego.
Un factor que contribuye a compensar el elevado costo del ternero es el precio relativamente accesible del maíz. El valor de este grano resulta favorable para la agricultura, pero también para su utilización en la producción ganadera. Además, se prevé una mejora en las condiciones de compra durante el trimestre junio-julio-agosto, al coincidir con el ingreso del maíz tardío en la Argentina y la safrinha en Brasil. Es decir, “sigue resultando conveniente sacar el maíz caminando, en lugar de cargarlo en un camión”, ilustra el experto.
Finalmente, el feedlot destinado a la producción de novillitos para consumo presenta márgenes netos positivos, estimados entre 13.000 y 15.000 pesos por animal, a pesar del alto costo del ternero liviano. Estos resultados podrían mejorar mediante ajustes en la eficiencia de conversión alimenticia y en la negociación de los costos de comisiones y fletes.
Por otro lado, el feedlot orientado a la exportación, que adquiere animales recriados de aproximadamente 340 kilos para llevarlos a 500, también muestra resultados positivos. Esto se explica, en gran medida, por el menor precio de compra del novillito recriado, que cotiza en torno a los 5000 pesos por kilo. En este segmento, la clave del negocio radica en maximizar la ganancia de peso hasta que el costo marginal de producción se equipare con el ingreso marginal.
“La compleja coyuntura de la industria exportadora podría mostrar mejoras en el segundo semestre del año”
Dos fuerzas en pugna
Mientras tanto, en el plano ganadero nacional se enfrentan dos fuerzas relevantes. Por un lado, la faena viene registrando una caída sostenida en los últimos meses, con una reducción del 10% en el primer cuatrimestre de 2026 respecto de igual fecha del año anterior. Esto se traduce en una menor producción de carne que actúa como sostén de los precios.
La oferta restringida debe articularse con la demanda, tanto del consumo interno como de la exportación. Es sabido que el consumo interno se encuentra en una tendencia declinante desde hace tiempo, para ubicarse actualmente en torno a los 43 kilos por habitante y por año; la caída responde, fundamentalmente, al deterioro del poder adquisitivo de la población. “El salario promedio hoy no permite adquirir más de 100 kilos de carne, en un contexto donde los precios del producto se ubican muy por encima del promedio histórico”, compara Ponti.
La exportación también enfrenta dificultades derivadas del atraso cambiario y del efecto de las retenciones. No obstante, durante el primer trimestre de 2026 los embarques se incrementaron un 17% interanual. Este desempeño positivo se explica, en gran medida, por la firme demanda internacional y los elevados precios, que compensan parcialmente el tipo de cambio para exportar, que no supera los 1280 pesos por dólar.
No obstante, la compleja coyuntura de la industria exportadora podría mostrar mejoras en el segundo semestre del año. Esto se vincula con las restricciones impuestas por China a varios importadores competidores de nuestro país, lo que llevaría a que Brasil complete su cuota asignada en junio. A partir de ese momento, debería afrontar aranceles del 55% y quedaría prácticamente fuera del mercado, situación similar a la que enfrentaría Australia. En consecuencia, hacia mediados de año, los importadores chinos podrían volcarse a proveedores alternativos que aún conserven cupo, como Uruguay y la Argentina. Este escenario resulta auspicioso para la colocación de vacas de rechazo en el segundo semestre.

A lo anterior se suma un factor adicional positivo: el reciente acuerdo por 80.000 toneladas con Estados Unidos, mercado que demanda carne de manufactura para la producción de hamburguesas, segmento en el cual la Argentina puede posicionarse competitivamente. Los embarques hacia ese país aumentaron 94% en el primer trimestre de 2026, a partir del arancel cero.
Nuevas ventajas
En contexto descripto, no puede descartarse un escenario alcista para las vacas, siempre que se mantenga el actual esquema de importaciones del mercado chino, orientado a proteger a los productores locales. A ello se suma el valor actual de la cuota Hilton, que ronda los 24.000 dólares por tonelada con arancel cero desde el 1 de mayo, en el marco del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur. Este nivel se ubica muy por encima del promedio histórico de aproximadamente 13.000 dólares por tonelada. Otro aspecto positivo es la diversificación de destinos de exportación de la carne argentina. Mientras que hace dos años China concentraba el 76% de los envíos, actualmente su participación se ha reducido al 59%, evidenciando una mayor apertura de mercados.
La firmeza del mercado internacional también se refleja en las cotizaciones del novillo en gancho, que en la Argentina alcanza los 6,3 dólares por kilo, mientras que en Brasil se aproxima a los 5 dólares, valores que se justifican en el contexto de precios internacionales elevados.
Por su parte, la FAO señala que la carne vacuna continúa encareciéndose a nivel global, al reflejar un desajuste entre oferta y demanda, que permite exportaciones récord de Estados Unidos y Australia.
Como contracara, la industria frigorífica orientada al consumo interno enfrenta mayores dificultades al prestar servicios de faena para matarifes y abastecedores. Históricamente obtenía ingresos por el recupero de subproductos tras la faena, pero hoy enfrenta resultados negativos y debe cobrar por sus servicios para sostener la operatoria. Las perspectivas para este segmento continúan siendo complejas, dado que la reducción del stock anticipa que seguirán los bajos niveles de matanza, en un contexto de incremento de los costos fijos de procesamiento.
En síntesis, hacia adelante Ponti prevé que se mantendrán los buenos precios para todas las categorías de hacienda, pero encontrando un equilibrio que impone el poder de compra de la población y de los frigoríficos exportadores, que hace poco probables saltos importantes de valores en moneda constante. También avizora firmeza para la “vaca china” con el avance del calendario y para los cortes de calidad, como consecuencia de la mayor apertura del mercado europeo.
































