Pablo La Fuente

Pablo La Fuente

 

Pareciera ser que por estas latitudes existe una característica común entre el empresariado criollo, ésta al menos es mi percepción.

Cuando una persona que tiene la responsabilidad de tomar decisiones y/o marcar el rumbo de una empresa pequeña o de un sector de una gran empresa, pierde su capacidad de autocriticarse y reinventarse, coloca al proyecto en un sitio muy peligroso y lo expone a la voracidad y dinámica del mercado donde interviene.

Danger Gauchos!!! Enamorarnos de nosotros mismos, estatizar las soluciones y utilizar una y otra vez la misma caja de herramientas puede ser el principio del fin. En el libro “A Good Hard Kick In the Ass”: Basic Training For Entrepreneurs (Una buena patada en el c…: Entrenamiento básico para empresarios) escrito por Rob Adams y publicado en 2002, el autor sentencia que no invertiría en un proyecto o en una empresa en el que el empresario está enamorado de su idea. Parece un poco raro oír esto, nuestra primera impresión es casi opuesta, naturalmente tenemos la tendencia a creer que si el empresario pasa las 24 hs de todos los días hablando, respirando y viviendo su idea las probabilidades de alcanzar el éxito son mayores. Tal como un amante furtivo y obsesionado, esta situación hace perder el sentido común y la objetividad crítica de la gestión.

Yo creo que en una empresa (del tipo que fuere) cuando los responsables están enamorados de sus ideas y no están dispuestos a discutir y escuchar diferentes puntos de vista, suceden varias cosas peligrosas:

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Primero no se analiza el negocio desde diferentes perspectivas y esto significa que no se está pensando en otras áreas que son vitales para su éxito como los recursos humanos, las áreas operativas, el flujo de caja y las estrategias comerciales y de posicionamiento de marca. La idea se convierte en algo que lo abarca todo y lo consume como un adicto que no puede pensar en nada más que la próxima dosis. Esto evita que una gran idea se convierta en una gran empresa.

Tampoco acepta cambios, como cualquier amante enamorado, tendrá muchas dificultades para aceptar los cambios o las críticas. Que trabajo en equipo ni que ocho cuartos!!! A pesar de que estos cambios o críticas pueden provenir de aquellos que integran su equipo o ponen el dinero para financiar esa idea, el empresario enamorado se resistirá a cualquier cambio condenándose a sí mismo a un ciclo perpetuo de hablar y discutir sin llegar a plasmar su idea.

Una confusión que salta a la vista es que el empresario enamorado cree que está compitiendo por el premio a la mejor idea y no recuerda su razón de ser que es la de construir un negocio. La tarea de construcción de un negocio o puesta en marcha de un proyecto requiere aceptar las sugerencias de personas que tienen experiencia, diferentes puntos de vista o un sentido del olfato comercial o estratégico más desarrollado. Se necesita humildad para aceptar ayuda  y seguridad en su propio talento y capacidad de dirigencia para comandar un equipo con personas tanto o más capaces que uno, estas sin embargo son las que van a aportar más valor.

Esto significa, a mi juicio, que hay mayor probabilidad de éxito con un equipo de gestión que con un empresario único superhéroe, si, en cambio es valioso un superhéroe empresarial que sea un líder y que desarrolle un equipo de gestión con inteligencia de ejecución colectiva. Esta inteligencia de ejecución colectiva cubre todas las áreas claves del negocio, es crítica y dinámica,  no autista y aislada del negocio en que está operando.

¿Cómo hacemos para vencer al enamoramiento de la idea? Desarrollamos con compromiso un proceso consciente de autocrítica, paso a paso. Es muy importante tener en cuenta la  inteligencia de ejecución al construir un equipo directivo y traer asesores o consejeros porque veinte personas nunca tendrán la misma gran idea para un negocio, entonces convengamos que la idea no es la clave, la idea no es lo que gana, la ejecución es la clave del éxito.

Un paso en esa dirección es no ocultar las debilidades de nuestra idea y someterla a un proceso crítico que nos ayude a valorar su real dimensión y su factibilidad de ejecución.

 

Pablo A. Lafuente De Volder

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