Por: Nuala Szler -estudiante de Lic. en letras-

En Argentina existen numerosos proyectos comprometidos en la conservación y cultivo de las plantas carnívoras. Hasta hoy, múltiples investigaciones, estudios y relevamientos han encontrado alrededor de 36 especies nativas que crecen desde los cálidos esteros correntinos hasta las gélidas turberas en Tierra del Fuego.

Comencemos, primero, conociendo a esta especie vegetal un poco mejor. Así podremos comprender los enormes esfuerzos que hoy tienen lugar en nuestro país, como en el resto del mundo, para garantizar su protección.

Curiosidades que hacen de las plantas carnívoras una especie fascinante

Las plantas carnívoras son una invitación única para el acercamiento a la naturaleza y al entendimiento de todo lo que nos rodea. Su belleza y atractiva rareza despiertan en nosotros un genuino interés.

Sus excéntricas particularidades, sin embargo, tienen una explicación con mucho sentido: las plantas carnívoras son el resultado de siglos de evolución en entornos sumamente hostiles, que forzaron a la especie, para sobrevivir, a cambiar su morfología y convertirse en depredadoras.

Debemos decir, antes que nada, que las plantas carnívoras proceden, fundamentalmente, de dos lugares del planeta completamente contrarios. Mientras algunas son originarias de zonas pantanosas, otras son originarias de espacios desérticos. Espacios ambos ciertamente dispares pero con algo muy importante en común: la dificultad para encontrar recursos alimenticios.

Ahora bien, aquello que nos sorprende a todos, el hecho de que las plantas carnívoras “cazan”, puede explicarse también, a grandes rasgos, en pocas palabras: esta especie, ante la incapacidad de conseguir nutrientes minerales en su entorno, ha desarrollado mecanismos para conseguirlos de los insectos de su alrededor.

Pero, ¿cómo es posible que los insectos caigan en las garras de las plantas carnívoras?

Ciertamente se despliega lo que podríamos definir como todo un juego de seducción. Las plantas carnívoras pueden atraer a sus presas gracias a la influencia de sus colores como también de sus aromas. La especie Aldrovanda, por ejemplo, se basa en un mecanismo de pinzas, mientras que la Byblis logra inmovilizar a los insectos a través de unas vellosidades pegajosas en la superficie de sus hojas. La Nepenthes, por su parte, presenta unas cavidades en forma de trompetas o jarras cuyos jugos digieren a la presa.

De hecho, existen ciertos géneros de plantas carnívoras, como la Utricularia, que viven de manera silvestre sumergidas en agua dulce. En el caso de estos géneros, la base de la planta es la que se encuentra bajo el agua, mientras que los tallos con sus trampas se extienden hacia la superficie.

Podemos ver que, aunque en el uso común nos refiramos a las plantas carnívoras como un ejemplar único, existe una gran variedad. Se han relevado en el mundo más de 12 géneros distintos de plantas carnívoras, divididos en al menos 700 especies. Entre estas se cuentan las recién mencionadas, pero también aquellas comúnmente empleadas en el uso ornamental, como las Droseras y las Sarracenias.

Ahora bien, aquí seguramente surgen nuevas preguntas: ¿Cómo es que las plantas carnívoras pueden moverse? Lo cierto es que, claro está, no tienen músculos. Sus movimientos, en realidad, se deben a una condición vegetal mucho más fascinante: la superficie de las hojas de las plantas carnívoras posee una sensibilidad tal que, ante el estímulo externo, se produce una alteración en la presión ejercida por el agua sobre las paredes celulares de sus hojas. Cambio, este último, que se traduce en movimiento.

De todos modos, cada ejemplar posee sus propios y particulares métodos a partir de los cuales atrapar a sus presas. Si bien suelen ser las hojas las que desempeñan esta función de trampa, podemos distinguir aquellas que se desempeñan como trampas activas (dónde la víctima queda inmovilizada a través de movimientos bruscos) de las trampas pasivas (en las que los insectos quedan atrapados por líquidos o sustancias pegajosas).

Esto no significa, sin embargo, que las plantas carnívoras no obtengan, como el resto de las vegetaciones, también del agua, o de las sales minerales y la fotosíntesis, mucho de lo que necesitan para sobrevivir.

¿Plantas carnívoras o insectívoras?

Aunque en muchas ocasiones se las suele llamar alternativamente como plantas insectívoras o carnívoras, este último calificativo no es un error de uso. Sucede que, en estado silvestre, algunas de estas especies pueden llegar a tener grandes tamaños. Un ejemplo es la especie conocida como Nepenthes Rajah, que puede alcanzar gran altura. Sin embargo, es posible encontrarla muy lejos de nosotros, especialmente en bosques de Malasia donde el ambiente siempre permanece húmedo.

El último tipo identificado, la Nepenthes attenboroughii, descubierta hace tan solo unos años, incorpora en su dieta ratas, ratones o, incluso, reptiles pequeños como los lagartos. Claramente, y para tranquilidad de los lectores, esta clase de plantas carnívoras no son las que crecen en Argentina, sino precisamente aquellas que podríamos definir, exclusivamente, como insectívoras.

Algunas características del cultivo de plantas carnívoras

Conocer los aspectos que hacen a las plantas carnívoras tan excepcionales nos permitirá comprenderlas mejor pero, también, cultivarlas debidamente.

Pudimos comprobar que esta enorme familia vegetal incluye una amplia variedad de especies. Pero, a grandes rasgos, es posible diferenciar las plantas carnívoras en dos grandes grupos: carnívoras de clima tropical y carnívoras de clima no tropical, cuyos cuidados serán diferentes según se trate de una u otro tipo.

Si estamos interesados en incorporar en nuestro jardín o balcón un ejemplar de esta especie debemos saber que, mientras las plantas carnívoras tropicales requieren de temperaturas cálidas todo el año, las no tropicales necesitan, por un período de entre tres y cinco meses, una temperatura de alrededor de 5º C que facilite su proceso de hibernación.

En efecto, las plantas carnívoras de clima no tropical son consideradas como plantas cíclicas.  Esto significa que, a lo largo del año, van cambiando su tamaño y color. A partir del comienzo de la primavera, entre los meses de septiembre y febrero es cuando se hallan en su máximo esplendor. En este momento, adquieren su tamaño máximo llegando a cuadruplicarse o incluso quintuplicarse, y sus tonalidades se tornan más rojizas.

Previamente, durante los meses de otoño e invierno, las plantas carnívoras no tropicales se hallan en período de hibernación: un proceso natural en el que almacenan energía, reduciendo su tamaño y alterando también sus tonalidades.

Ahora bien, tanto las plantas carnívoras tropicales como las no tropicales pueden plantarse en macetas de plástico, siendo este el material más aconsejable. También se puede usar macetas de porcelana, pero es importante evitar las de barro porque contienen ciertos minerales que, con la acción del agua, podrían perjudicar el desarrollo de la planta.

Por otro lado, como en su hábitat natural crecen en entornos ciertamente pobres, es importante utilizar un sustrato que no se encuentre por demás enriquecido de nutrientes. Un sustrato rico en sales minerales, por ejemplo, puede afectar también al crecimiento de las plantas carnívoras.

Para su riego no es recomendable utilizar el agua corriente de la canilla. Lo más pertinente es optar por agua destilada. Pero, como esto puede implicar un significativo gasto, es común que muchos aficionados opten por la recolección de agua de lluvia y su almacenamiento en bidones. Esta es una gran alternativa, ya que no necesita ningún tipo de adicionamiento y, de ser tapada correctamente, puede permanecer útil por mucho tiempo.

El método de bandeja es la forma ideal de proceder al riego de plantas carnívoras. Se trata de colocar la maceta dentro de un recipiente o plato hondo que contenga dos o tres centímetros de agua. De esta forma se evita echar el agua desde arriba y se imita, de alguna manera, las condiciones de absorción propiamente pantanosas. Esto ayudará además a promover la humedad en el aire, también necesaria para el óptimo desarrollo de la especie.

En cuanto a los requerimientos de luz, es aconsejable brindar a las plantas carnívoras tropicales alrededor de cinco horas diarias de luz directa. En las especies no tropicales en cambio es importante evitar su exposición, dado que pueden abrasarse.

El trabajo por la conservación de plantas carnívoras en Argentina

Como todo el reino vegetal, las plantas carnívoras son grandes reguladoras para el ecosistema. Sin embargo presentan unas características únicas que hacen de esta especie una muy elegida tanto en la investigación como, también, en su uso ornamental.

Este interés científico por las plantas carnívoras se unifica en la Asociación Argentina de Plantas Carnívoras (AAPC), dedicada a la propagación de las especies nativas y a facilitar el acceso de las especies distribuidas por todo el territorio nacional.

Sin embargo, es la suma de cultivadores, fotógrafos, guardaparques, naturalistas, profesionales del medioambiente y divulgadores, que unen sus pasiones y conocimientos, la que hace al mayor entendimiento de las plantas carnívoras y al perfeccionamiento en los modos de conservación.

La promoción de las técnicas de cuidado y reproducción de estas especies nativas también es una prioridad de todo este enorme grupo. Sus integrantes buscan, sobre todo, generar un efecto multiplicador en la disponibilidad de plantas carnívoras, para así facilitar su acceso y evitar la extracción de aquellas que crecen en su hábitat natural.

Enormes acciones tienen lugar en Argentina con el fin de garantizar el desarrollo de esta especie en el tiempo. Dentro de estas, se enmarca el Programa RECARNI (Refugio de Plantas Carnívoras Nativas) y su búsqueda e identificación de áreas naturales y protegidas (ANP) dónde crezcan poblaciones de plantas carnívoras nativas.

De esta forma se evalúa si esta Área Natural Protegida alberga plantas carnívoras nativas y si las condiciones de la misma permiten su desarrollo a futuro. Si esto es posible, tal área pasa a considerarse como un Refugio de Carnívoras Nativas.

Refugio de Carnívoras Nativas

Dos son los criterios fundamentales al momento de designar un área como refugio de plantas carnívoras nativas. En primer lugar, la misma debe albergar plantas carnívoras nativas creciendo de manera silvestre. En segundo lugar, se debe establecer para tal área un programa de reintroducción de especies nativas que sean coincidentes con el distrito fitogeográfico de la región.

Entre las principales especies de plantas carnívoras nativas de nuestro país pueden mencionarse la Drosera brevifolia que crece en Colón, Entre Ríos; la Drosera communis presente en Garupá, Misiones; la Drosera uniflora en Ushuaia, Tierra del Fuego; y la Utricularia folios, que destaca por sus pequeñas flores en la superficie y es posible encontrarla en San Ignacio, Misiones.

Si has llegado hasta aquí, podés comprobar que, lejos de aquella representación ficcional, las plantas carnívoras distan mucho de ser esa criatura gigantesca y voraz capaz de devorar hasta a uno de nosotros de un solo bocado. No podemos negar, sin embargo, que es otro fascinante espectáculo botánico y un auténtico fenómeno de la naturaleza. Una especie digna, por lo tanto, de admirar, conocer y proteger.

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