“Por primera vez la economía domina la política” repetían desde el Poder Ejecutivo. No parece ser así a simple viste: el apretón monetario para reducir al mínimo posible la inflación con vistas a Octubre ya es una estrategia explicita del Ministro de Economía. Es muy importante escuchar a los funcionarios, lo que dicen y lo que callan nos permite entender como observan la realidad y como operan en ella. Hay otra explicación posible que suelen dar: la política se transformó en una variable fundamental del plan de estabilización, ya que un buen resultado electoral garantizaría un control del Congreso daría un apoyo para profundizar en el proceso de reformas que otorgaría a la economía argentina la competitividad que motorice un despegue y no ya un rebote de la actividad económica.
El razonamiento no es tan sencillo, los que porotean el Congreso entienden que la relación de fuerzas entre “los racionales” y la “coalición del déficit” no se alterará aunque el oficialismo realice una elección excelente.
Desde el Poder Ejecutivo argumentan que persiguen un doble objetivo: a) que “los racionales” sean en proporción una mayoría de propios (hoy esos números tienen una proporción inversa) para no tener que vivir en un estado permanente de negociación y b) que una gran elección actuará como plebiscito de su gestión lo cuál generará un consenso claro alrededor del rumbo elegido.
El calendario electoral acelera la dinámica: todos los que tienen activos en pesos ven un riesgo en su posición y buscan dolarizarse como sucede en todos los años impares; el resultado en CABA para el oficialismo fue aceptable, pero no rutilante y que la provincia de Buenos Aires (el territorio en el que peor perfoma la Rosada) haya adelantado su elección local puede generar nerviosismo si el resultado es interpretado como un predictor de la elección de octubre. Toda la experiencia reciente nos indica que los cambios de ánimo sociales sobre la capacidad del Ministerio de Economía de transmitir control sobre la situación son muy abruptos y pronunciados. Que la economía domina la política ya no queda para nada claro.
Todo este panorama es preocupante porque la actividad económica está planchada hace varios meses. Esto es: la comparación mes a mes contra el año pasado es muy positiva, pero contra el mes anterior neutral tirando a mala. El apretón monetario tiene un doble efecto: a) atrasa el tipo de cambio y b) eleva las tasas de interés. El oficialismo explica que las tasas de interés extraordinariamente altas son un fenómeno transitorio, pero ya cumpliremos 2 meses con tasas superiores al 50% y en breve tendremos un mes enterito al 70%. El costo del capital de trabajo es la sangre de la economía, si está bajo la gente hace infinitamente más negocios que si está alto.
Por otro lado, el tipo de cambio funciona como un botón on/off de las ventas al mundo: hay un punto en el que sencillamente no se vende más; la depreciación que se dio desde el episodio subibaja de las retenciones fue positiva, sobre todo porque hubo un bajísimo traslado a precios locales, pero el proceso tuvo sabor a poco. La estrategia de presionar con múltiples instrumentos el tipo de cambio para mantenerlo bajo es una arma de doble filo: a) puede fallar generando corcoveos de la cotización en el corto plazo y b) genera la perspectiva de un ajuste mayor de la cotización una vez que se cumpla el objetivo de atravesar la elección de octubre.
Electoralmente no queda claro cuál efecto tendrá más relevancia en la cabeza de los votantes: por un lado, los mayores beneficiarios de este modelo son las clases populares y los asalariados formales que conservan su empleo ya que su ingreso se disparó, no hay nadie más beneficiado por el desplome de la inflación que ellos. Adicionalmente, las transferencias a los sectores populares son el único gasto del Estado que creció en términos en reales. Como contracara, hay señales claras que el enfriamiento de la economía, que en algunos sectores de la economía es un cubito de hielo y en otros es un otoño en Rosario, está aumentando el desempleo y los jubilados son un parte central del programa de ajuste.
Mientras tanto, los productores posponen compras porque no quieren pagar por el costo financiero de tener inventarios que usarán recién en noviembre y hacen cuentas para diseñar el plan siembra con relaciones insumo-producto que demandan una eficiencia fuera de lo común.
Manejar la política económica en Argentina es un asunto de audaces, hacer negocios también. Dominar la política con la economía no parece un asunto sencillo.


























