Bajo el nombre Gabriel Garnero, en honor a uno de los socios más emblemáticas de la institución que falleció en 2019. A continuación, un resumen de lo más destacado.

Cultivando una revolución en los suelos. David Montgomery, Univ. Washington.

El Geólogo habló del rol de los suelos en la civilización y la importancia de su restauración para el futuro de la Humanidad. Explicó que la degradación del suelo con la agricultura de labranza jugó un rol crítico en la caída de antiguas civilizaciones. Esto sigue siendo un problema en la agricultura contemporánea: cada año, la Humanidad pierde un 0.3% de su capacidad global para producir alimentos a causa de la erosión y degradación de los suelos. Este es un problema mayor si pensamos que para el 2100 habremos erosionado un tercio de los suelos, al tiempo que la población aumentará en la misma proporción.

La agricultura tendrá que cambiar si queremos evitar estos escenarios. Pero: “¿es posible restaurar el suelo? Montgomery descubrió la respuesta en su propio jardín, donde entendió que la simbiosis entre raíces y microrganismos del suelo es muy sólida. Las plantas nutren con sus exudados a los microorganismos y, a cambio, estos generan sustancias que las protegen.

El especialista recorrió el mundo en busca de sistemas similares a nivel de explotaciones agrícola y encontró que, desde EEUU hasta Ghana, la recuperación de los suelos era posible cuando se cumplían tres principios: no remoción del suelo, cobertura permanente y rotación de diversos cultivos. “Estos principios funcionan, pero no por su acción en los cultivos, sino porque alimentan la biodiversidad del suelo”, explicó.

Esta agricultura permite incrementar la cantidad de C y materia orgánica y, a su vez, mayor retención de agua y menor polución. Facilita el manejo de plagas y permite mayor rentabilidad.

Basta con adaptar estos principios a cada región y sistema para hacer de la agricultura un motor de reconstrucción de la fertilidad y salud de los suelos, en lugar de uno de degradación. “Estamos ante una 5ta revolución verde, pero esta vez, basada en la salud del suelo. Es una de las inversiones mas grandes que puede hacer hoy la Humanidad”, concluyó.

No matemos a la gallina de los huevos de oro. Guillermo Studdert, UNMdP y Pte AACS

El especialista en suelos arrancó parafraseando a Leonardo Da Vinci, quien decía que “conocemos más de los cuerpos celestes que el suelo que pisamos”.

Sin suelo no hay vida. El 95% de los alimentos provienen del suelo. “Estamos matando a la gallina de los huevos de oro. Hoy se sabe mucho sobre los suelos y su rol en los sistemas de producción, pero ¿qué tanto lo tenemos en cuenta para tomar las decisiones de su uso?”.

El suelo es soporte y medio para las raíces, hábitat para organismos, es dónde se dan los ciclos del carbono, el agua y los nutrientes, y ejerce regulación ambiental. Además, cumple muchas funciones dentro del ecosistema que se traducen como servicios y beneficios ecosistémicos. Estas funciones determinan la salud del suelo. “Un suelo goza de buena salud cuando es capaz de cumplir con todas sus funciones, aún cuando haya sufrido algún disturbio”. La agricultura puede ocasionar un disturbio que afecte el ambiente edáfico, pero disturbio no necesariamente significa destrucción. Cuando manejamos el suelo, las respuestas a las prácticas de manejo darán una señal si estamos haciendo las cosas bien o mal. Cuando no es capaz de cumplir su función el suelo ha perdido salud: disminución de la materia orgánica y actividad biológica, de la calidad física y fertilidad, cambios en el Ph, salinización y erosión.

En ese contexto: ¿analizamos bien las señales negativas? ¿Hacemos los ajustes necesarios? “Si queremos preservar la salud del suelo, lo primero conocerlo a él y su ambiente; hoy el suelo puede verse desde arriba con imágenes satelitales, drones, inteligencia artificial, etc. Pero tenemos que cotejarlo con lo que pasa abajo. No olvidemos la pala”, explicó. Aplicar prácticas acordes y utilizarlo según su aptitud fueron otras de las recomendaciones de Studdert, ya que no todos los suelos dan lo mismo y no debemos forzarlos.

Mejorar y mantener la salud del suelo es clave para una agricultura sustentable: producción, rentabilidad y servicios agroecosistémicos. Se debe manejar el efecto de la agricultura para cada condición ambiental y considerando los procesos. “No hay soluciones simples ni únicas: el suelo y su entorno son sistemas complejos”

Balanceando los ciclos del agua y nutrientes en el paisaje Dwayne Beck, Dakota Lakes

El disertante del Dakota Lakes, establecimiento donde practica siembre directa desde su creación en 1990. Beck ubicó al hombre como responsable del mal uso de la tierra desde los inicios de la agricultura hasta nuestros días”.

“Debemos volver al principio y empezar a hacer lo correcto. El éxito del Dakota Lakes no es porque comenzamos con el objetivo de mejorar los rindes. El objetivo era lograr un mejor manejo del ecosistema: la lamparita eléctrica no se inventó haciendo mejores velas”.

Hablando de Argentina destacó que “la siembra directa no es solo ausencia de labranza sino un mejor manejo del agua, la estructura del suelo, la biología y los compuestos de carbono”. Entonces planteó “¿estamos haciendo siembra directa y también estamos haciendo todo lo demás? La siembra directa es el primer paso. Una de las grandes acciones es mantener la cobertura de materia orgánica y tratar que el agua no salga del paisaje”.

 “Hacer las cosas bien en términos ambientales, es el abordaje económico correcto en el largo plazo”, y para esto Beck invitó a cambiar de mentalidad: “el segundo mejor momento es ahora, quizás no volvamos a tener otra oportunidad”.

Nutrición en los sistemas de siembra directa. Antonio Mallarino, Univ. Iowa.

“El uso eficiente los nutrientes y la apropiada conservación de suelos siempre ha sido importante para mejorar el beneficio económico. Pero esto es especialmente importante en tiempos de intensificación de la producción, precios desfavorables y creciente preocupación del público -y de algunos gobiernos- respecto de impactos de la agricultura en la calidad del agua”, describió Mallarino.

Advirtió que “la producción animal en confinamiento ha creado una concentración del estiércol y su mala aplicación al suelo está empeorando la calidad de aguas en muchas zonas y promoviendo regulaciones gubernamentales, cuando es un valioso proveedor de nutrientes”. Por otro lado, el aumento de la producción agrícola en manos de grandes compañías genera una disminución de los establecimientos familiares que en general tienen producción agrícola-ganadera diversificada.

Referido al manejo de la fertilidad puso el foco en P y K, explicando que “no hay magia ni milagros: hay que subir los niveles bajos y mantenerlos”. Como herramientas, destacó la importancia de la calibración de métodos de análisis basado en ensayos de respuesta en rendimiento y llamó a tener en cuenta que el rendimiento afecta a la extracción de ambos nutrientes.

Recomendó el buen muestreo de suelo, el uso de métodos de aplicación que permitan la absorción eficiente y a la vez sean económicos y prácticos. La tecnología y disponibilidad de fertilizantes líquidos ha mejorado notablemente y hay una oferta variada de buenos productos. Se puede fertilizar la rotación con métodos de aplicación baratos; y se puede dedicar tiempo y dinero para manejar mejor la fertilidad usando técnicas de agricultura de precisión.

Para terminar, advirtió sobre la responsabilidad de quienes tienen la tierra para invertir en nutrientes. “Muchos productores tiene las cosas claras, saben que mantener la fertilidad es crítico. Otros están como hace más de veinte años”.

Materia orgánica del suelo en sistemas bajo siembra directa. Joao Carlos Moraes

“Cuando roturamos el suelo atacamos los microorganismos que van consumiendo los componentes más importantes de la materia orgánica”, y agregó que “cuanto mayor sea la fertilidad del suelo, asociada a una temperatura media anual alta y un régimen de lluvia reglar y sin cobertura de suelo, mayores serán las pérdidas de Carbono en las capas superficiales y profundas”.

La estrategia para lograr un sistema productivo sostenible esta en intensificar las inversiones en Carbono teniendo presente tres pilares: la cantidad (toneladas por hectárea), la calidad (gramínea, leguminosa o mezcla) y la frecuencia (una, dos o tres veces por año).

El Dr. Moraes dejó cinco puntos a revisar periódicamente:

  1. No es necesario talar un árbol para aumentar la producción de granos.
  2. Se debe producir más con menos, reduciendo pérdidas, reciclando más y optimizando lo que se utiliza.
  3. Cerrar las ventanas entre la época de lluvia y la época seca usando puentes verdes de cultivos de servicio o rastrojo para evitar pérdidas.
  4. Practicar rotación de raíces con plantas que desarrollan raíces profundas, agresivas, robustas y tolerantes a la acidez y a la escasez de nutrientes.
  5. La intensificación de la agricultura conservacionista se basa en el suministro de Carbono siguiendo esos tres pilares

I+D tecnología de procesos

La Chacra Aapresid Pergamino presentó los resultados de 9 años de investigación en rotaciones intensificadas y diversificadas. El miembro de la mesa Técnica de la Chacra, Marcelo Arriola, explicó que uno de los objetivos fue evaluar el efecto de la intensificación sobre la sustentabilidad del sistema y ajustar técnicas de manejo.

Destacó que en sólo 3 años aumentaron el stock de carbono con tecnologías de procesos y habló de la importancia de complementar el N mineral con el N biológico. “Queda claro que simplificar los procesos es importante para entenderlos, pero a nivel de agroecosistema debemos manejar la complejidad”.

Guillermo Peralta (FAUBA) compartió la metodología utilizada para medir el impacto de estas rotaciones en el suelo. Se valieron de indicadores cómo densidad aparente, porosidad, índice de estallido, resistencia a la penetración, frecuencia y espesor de estructuras laminares. “La intensificación de la rotación, en especial diversificada, generó mejoras en los tipos estructurales y no tiene efectos marcados en los niveles de compactación. En este sentido, hay que ponerle atención es el tránsito de maquinarias, en especial a las condiciones en que se realizan las labores.

El Dr. Luis Wall (CONICET-UNQ) habló de los indicadores biológicos que evaluaron en la Chacra y su viabilidad para medir cambios en sistemas de rotación intensificados y diversificados.

La primera conclusión fue que las enzimas se correlacionan con la intensificación. A los 8 años de iniciado el ensayo casi todas las enzimas aumentaron su actividad. También trabajaron con la teoría estequiométrica como criterio de salud, y afirmaron que es un indicador absoluto que no necesita patrón de referencia. También encontraron cambios en el perfil lipídico, con mejoras relacionadas a la presencia de ácidos grasos instaurados y bioquímicamente complejos.

Otro indicador que evaluaron es el ADN del suelo para determinar microbiomas. Vieron que los microbiomas del suelo se modifican con el manejo agrícola. Detectaron que la intensificación aumenta la proporción de macroagregados, y son el resultado de la actividad de hongos y bacterias. “Hemos generado una nueva manera de ver los sistemas en siembra directa”, concluyó Wall.

Martín Marzetti compartió algunos aprendizajes en lo que a malezas se refiere. La intensificación mostró una muy leve disminución de la abundancia de malezas. Las rotaciones actuaron como filtros que modificaron la abundancia relativa de las especies. Además, permitieron disminuir marcadamente la cantidad de aplicaciones de herbicidas y consecuentemente el índice de impacto ambiental. “La diversidad debe ir más allá de los cultivos y debe incluir también a los fitosanitarios”, concluyó.

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