¿Cómo habrá sido la escena? Feletti golpea la mesa firmemente con su puño y brama “el pote de 95 gramos del flan de vainilla Ser tiene que estar a 42,03”. Su asistente anotaba apasionado otro ítem. Imposible saber el criterio por el cual se eligieron los 1.432 productos que el Secretario de Comercio consideró indispensable congelar. Se desprenden además centenas de datos curiosos, solo para enumerar algunos: ¿por qué solo 7 de las 24 provincias tiene el precio del bombón helado chomp congelado y porque éste cuesta en Santa Fe la mitad de lo que cuesta en Santiago del Estero? ¿por qué el precio del alimento para gatos está congelado en todo el país cuando es sabor pollo, pero solo en la ciudad de Buenos Aires y la Provincia de Buenos Aires cuando es sabor pescado, arroz y espinaca? ¿por qué en todas las provincias del país el palito bombón helado vale distinto, pero el dulce de batata tiene el mismo precio? O dudas más sencillas: ¿por qué no está organizado alfabéticamente? ¿no podían separar producto de marca, tamaño y empresa productora? Controlar precios es muy difícil, hacerlo sin perjudicar a unos y beneficiar a otros discrecionalmente es prácticamente imposible.

El sistema de precios es sin lugar a dudas la mejor manera de decidir qué producir y en qué volumen. Si por no tener ingresos suficientes, una persona no alcanza a una dieta saludable, el remedio no pasa por congelar precios o cerrar exportaciones de granos y carnes, pasa primero por asistirlos con un programa que los ayude a acceder a esos bienes y los enfoque en forma directa (cosa que ya se hace a un gran costo para todos los contribuyentes), pero la única solución sostenible en el largo plazo es crear empleo de calidad desde lo económico, social y medioambiental. Es imposible aspirar a eso con una macroeconomía que exhibe estos niveles de volatilidad en las variables y falta de confianza total en la moneda. La incapacidad del Estado de controlar sus gastos y cobrar impuestos que sean absorbibles por la productividad media de la economía es la principal fuente de los desequilibrios de la macroeconomía: la carga impositiva abrumadora y el alto costo del crédito derivado de la excesiva demanda del mismo por parte del Estado son hoy el principal cepo al crecimiento de la actividad del sector privado. Luego le siguen la regulación laboral, la infraestructura, el nivel educativo medio, etc.

En la mañana que se anunció la lista de precios congelados la nueva vocera presidencial declaró que “los precios estaban descontrolados sin ninguna razón económica” desconociendo que en menos de un año y medio la base monetaria se multiplicó por 3. Solo la mega recesión del 2020 evitó que la inflación accediera a un nuevo piso, cosa que hizo este año. Por otro lado, luego de un rebote inicial la economía está estancada hace más de 8 meses.

El Gobierno actúa como si luego del 14 noviembre no hubiera más Argentina, conteniendo con fórceps precios de alimentos, servicios públicos, combustibles… y sobre todo tipo de cambio. Se acumulan agregando presión que solo se manifiesta en la inflación de los pocos precios libres que le quedan a la economía, que incluyen los tipos de cambios liberados. Mientras entramos en tiempo de descuento. Firmar un acuerdo con el FMI traerá pocos beneficios, no hacerlo a medida que se acercan vencimientos traerá grandes y dolorosos perjuicios donde el principal será elevar al máximo la incertidumbre, esta a su vez frenará todas las decisiones, no ya de inversión, sino de intercambio: nadie querrá vender o comprar. El FMI dudosamente avala tarifas freezadas, controles de precios de alimentos y tipo de cambio retrasado para firmar un acuerdo. Es imposible que acepte crear un programa “no estándar” de 20 años de duración.

Nos acercamos al tiempo de descuento. El Gobierno pudo empujar la realidad al límite, pero el FMI es un límite que tiene sus reglas; no cedió ante el Banco Central Europeo con Grecia, Irlanda y Portugal, o a los objetivos estratégicos con Ucrania o Pakistán.

El Gobierno argentino además es ambivalente frente a los objetivos permanentes y transitorios de Estados Unidos.  Mientras los meteorólogos anuncian un verano Niña. Es difícil predecir cómo sigue esta historia en el medio de las elecciones. Solo queda esperar que prime la racionalidad.

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