Por Sebastián Nini-Periodista

Barbijo, celular, un abrigo, las llaves y la billetera. Dejo toda la parafernalia de reingreso a la casa preparada con el trapo, el alcohol y el recipiente para las cosas al volver. Arrancó mi aventura del día. Una cuadra y media, una cola de 5 personas y comprar cuatro o cinco provisiones en la fiambrería de Uriarte. Me traje un poco de jamón crudo, un salame mercedino, un brie, un pedazo de queso azul y aceitunas, además unas galletitas de arroz que son riquísimas y te hacen creer que todo lo demás de la picada no engorda. Una vez de regreso y habiendo pasado por el control exhaustivo de mi familia en el reingreso a casa, me organizo con la computadora para abrir el quincho virtual a la hora señalada y disponernos a disfrutar de este Quincho a la distancia.

Son las ocho en punto y en cuanto abro el zoom veo que tres de los cuatro invitados estaban esperando ser aceptados. Reconozco que me conmovió un poco, sentí virtualmente la ansiedad de participar que tenían todos. Era una excelente señal, y la reunión debía estar a la altura de este entusiasmo.

Fueron apareciendo en pantalla uno en uno. Luego de que todos pudimos conectarnos correctamente, Martín Melo hizo su presentación primero para de algún modo, hacer más visible el plan de este quincho.

CECILIA VIGNAU

Tiene 44 años y es licenciada en administración agraria. Trabaja en el sector agropecuario hace aproximadamente siete años. Está divorciada y tiene una hija de 23 años. Vive sola con su gata, le encanta viajar, preferentemente a Nueva York para visitar a su mejor amigo. Nos cuenta que tenía muchas ganas de estar en el quincho.

Cecilia Vignau

Se siente en la cima de la montaña cuando le pedimos que elija entre distintas imágenes. Entiende que este es el mejor momento de su vida, se siente plena, sabe que le costó muchísimo llegar hasta donde está hoy y como si fuera poco tiene una columna en HORIZONTE A, que le da la posibilidad de empoderar a las mujeres, porque es lo que sintió ella y eso la hace feliz.

Nos cuenta que se casó y fue mamá muy joven y sus sueños académicos se truncaron, eso la hizo muy infeliz. Llegó a la universidad a los treinta y un años. Hoy dirige una empresa agropecuaria y además esta haciendo una maestría en agronegocios y se dedica de lleno a su profesión.

MARGARITA GONZALEZ

Tiene 42 años, los cumple el dieciocho de este mes y está feliz y agradecida de poder festejarlo más allá de la circunstancia. Está casada, tiene una hija de dos años. Es ingeniera Agrónoma con maestría en negocios, trabaja para YARA desde hace doce años. Mientras estudiaba trabajó de muchas cosas como de mesera o haciendo promociones: En este sector lleva aproximadamente 15 años. Le gusta cocinar, el tenis y en estos tiempos disfruta mucho de la familia.

Margarita Gonzalez

Se identifica con una imagen de dos personas de la mano porque entiende que esta época que estamos viviendo te conecta mucho con el otro, con el que camina al lado tuyo por la calle con un barbijo y no conocemos. Aprendimos a cuidarnos desde el anonimato a respetar el espacio y la distancia y esto le hace sentir que probablemente empecemos a modificar hábitos de consumo y de costumbres que antes eran automáticos y tenían impacto en el otro. Debemos empezar a practicar mas la empatía y el cuidado del otro. Está convencida que traerá algo positivo e incluso a nivel familiar.

JUAN MARTIN OCAMPO

Tiene 39 años, está casado hace trece con Ana, tiene tres hijos – Francisco de nueve años, Pilar de siete y Amparo de un año y medio- Nos cuenta que está aprendiendo a esta novedad de trabajar desde su casa. Está instalado en Pilar, es familiar de productores de General Belgrano. Tiene recuerdos de la infancia en el campo que lo apasionó siempre. Estudió administración agraria y trabaja hace trece años en el Banco Santander.

Juan se alegra en parte por vivir este aislamiento como de un momento para disfrutar de la familia y se identificó con esa imagen de la familia unida en la casa, aprovecha para estar con sus hijos y en especial con Amparo con quien comparte en esta cuarentena cosas que los padres en general no disfrutamos de nuestros hijos más chicos.

También se identifica con la imagen del hombre que rema en dulce de leche porque cree que en este momento todos estamos así. “Al principio éramos los INGALLS”, dice. Pero en pocos días volvimos a la vorágine de las calls todos los días, clases virtuales y se hizo tan intenso o mas que siempre. Remarca lo importante de autoconvencerse de lo positivo de todo esto, porque si se hace al revés uno termina actuando en consecuencia.

GUILLERMO POZZI JAUREGUI

Tiene 64 años, con cuarenta años de profesión y en su mayoría se ha dedicado al girasol. De fondo lo acompaña una imagen de los girasoles, y dice “viví asociado a este cultivo y todavía lo sigo haciendo”. Actualmente es consultor de empresas en mejoramientos de girasol. Tiene cinco hijos – que van desde los veinticinco a los treinta y cinco años, dos nietos y dos en camino – Todos sus hijos se dedicaron al arte. Su pasión supo ser el golf, pero ahora vive para navegar, tiene un barco que es lo que más extraña en este encierro.

Es actualmente Director Ejecutivo de ASAGIR y vicepresidente de la entidad y lucha por agrupar en la cadena de valor a todos los integrantes de esta con el objetivo de fomentar el desarrollo de ASAGIR como foro de discusión e intercambio.

Guillermo eligió la imagen de la cima solo con el objetivo de ser optimista porque también se sintió tocado por la imagen de los remos en el dulce de leche. Pero la cima lo toca porque siente que muchas veces a alcanzado alguna cima y la elige porque es una persona que valora muchísimo alcanzar metas y planificarlas. Su nueva meta ha sido volver a estudiar.  

Le tocó a Juan Carlos Grasa,  titular de la Revista, contar un poco sobre él, y luego de esto nos abrimos a la conversación. Cecilia dice que estando en la cuarentena aprovechó para estudiar mucho más, Margarita aprendió a hacer pan y pizza con masa madre  y disfruta de comer de una manera más sana. En la casa de los Ocampo lo que parecería sobrar son los instrumentos musicales, los chicos se fueron prendiendo con los instrumentos durante la cuarentena y Juan Martín recuerda que desde chico ya en la casa paterna todos estaban muy vinculados a la música. Es su momento “unplugged” de solo agarrar un guitarra y tratar de pegar dos notas, supone que viene de su infancia y ahora quiere que a sus hijos les pase un poco lo mismo.

El objeto elegido por cada uno

TENGO UN TRACTOR AMARILLO

Cecilia tiene un tractorcito amarillo del tamaño de un autito de colección que le regaló su papá a los 5 cinco años. Le gustaban mucho los camiones y tractores con los que jugaba.  Este tractor estuvo un tiempo en la casa de sus padres – luego de que se casara – y el día que se recibió de Licenciada en Administración Agraria su padre se lo volvió a regalar diciéndole que lo hacía porque sentía que ella se había vuelto a encontrar, que había vuelto a su camino.

TITULO DE GRADO y LA ESCENCIA

Margarita fue la primera de su familia en recibirse de una carrera de grado y su padre le dijo “No lo largues nunca” y lo sintió tan simbólico que con solo verlo recuerda sus palabras. También tiene un pequeño recipiente de un aceite antiestrés 33 hierbas de JUST, que define como “su amigo y su aliado” que la rescata y la devuelve a su centro en los momentos de mayor tensión.

 BOINA ROJA

Juan Martín Ocampo tiene en sus manos una boina de color rojo que está siempre colgada en el perchero de entrada a su casa. Se la regaló su hermano mayor y dice que la boina lo lleva a esos lugares de recuerdos felices en la infancia, los caballos, el tiempo en el campo. Dice que cuando tuvo que pensar en el objeto personal fue directamente a buscarlo porque es algo que siempre siente que debe tener la referencia de donde está.

UN BARCO y EL CAÑON DEL ALMIRANTE

Guillermo tiene un barco diseñado con una impresora 3D que le hizo su hija menor que estudia diseño industrial en su escritorio, acompañado de un viejo cañón de adorno que su padre el almirante tenía cuando Guillermo era chico y lo usaba para jugar con los soldaditos. Cuando su padre falleció lo encontró y lo tiene siempre con él.

EL LIBRO DE ROSSI y LA HORIZONTE Nro. 1

Horizonte A, primera edición, marzo 2004

Martín Melo nos contó sobre el libro de Rodolfo Rossi que volvió a leer durante la cuarentena y los recuerdos que le trajo leer este libro, sobre sus comienzos en el periodismo agropecuario y el cariño que le tiene a Rodolfo Rossi. Juan Carlos nos mostró la Horizonte A nro. 1 y las anécdotas de la primera revista, un hijo que le crece al titular de la revista mes a mes durante los últimos 16 años.

BRINDO CONTIGO… ¡SALUD!

Antes de irnos despidiendo quedó una pregunta en el aire sobre algo que Juan Carlos y yo habíamos hablado por la tarde. Esta cuarentena nos está haciendo extrañar muchas cosas, seguramente familia y amigos, pero nos preguntábamos qué cosas distintas, originales, extrañaba cada uno. A mí personalmente me pasa que extraño mucho viajar, nuestro trabajo implica agarrar la ruta y especialmente extraño mucho ir a la ciudad de Rosario. Juan Martín Ocampo cuenta que extraña la ruta, escuchando AM. Martín Melo extraña los eventos que no tuvimos, especialmente habernos perdido viajar a “A todo Trigo” en Mar del plata. Cecilia extraña el café del bar o tomarse un café con sus amigas. Margarita dice que extraña el verde, el sol y la dinámica de las reuniones grupales en persona.

Al brindar la primera fue otra vez Cecilia. El brindis de Cecilia fue con un Malbec por las mujeres, por aquellas que no están felices con sus vidas para que luchen por cambiarlas y por las mujeres agropecuarias, líderes de sus empresas y exitosas.

Margarita con otro Malbec brinda por valorar lo esencial, por aprender lo que realmente importa en esta cuarentena y convertirnos en una sociedad mas justa.

Juan Martín tiene una cerveza roja y brinda por la familia, por los lazos y los vínculos. Por estar más atento a la familia y pide poder ser más agradecido y más conscientes de la realidad que nos rodea.

Guillermo tiene un Pinot Noir con una pinta tremenda y levanta su copa por el prójimo, cree que, si cada cual se ocupara de las necesidades del prójimo, saldríamos más rápido de los obstáculos.  

Martín Melo brinda con un vinito blanco por su Suipacha natal y por su familia.

Juan Carlos brinda para que sigamos siendo buenas personas frente a esta pandemia y que no nos volvamos cada vez más paranoicos.

Los invitados se despiden con palabras de afecto, “un gusto conocerlos” “una muy linda experiencia” Cada quincho que pasa la sensación que queda es que el invitado se va distinto, tocado, pero no hundido. tocado en el alma, fortalecido. Habiendo pasado un cálido momento.

Hasta el próximo ·Quincho!

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