Un Quincho con multitasking

En plenas vibras mundialistas, con un Lionel Messi que una vez más logró unir a todos los argentinos detrás de una misma ilusión, cuatro invitados y tres anfitriones nos reunimos para celebrar una nueva edición del Quincho de Horizonte A. Por Juan Alaise – Lic. en Ciencias de la Comunicación Fuimos los primeros en llegar. […]

junio 25, 2026

En plenas vibras mundialistas, con un Lionel Messi que una vez más logró unir a todos los argentinos detrás de una misma ilusión, cuatro invitados y tres anfitriones nos reunimos para celebrar una nueva edición del Quincho de Horizonte A.

Por Juan Alaise – Lic. en Ciencias de la Comunicación

Fuimos los primeros en llegar. Juan Carlos, Martín Melo y yo aprovechamos esos minutos previos para repasar algunos detalles de la noche mientras esperábamos a los invitados. Algún que otro atrevido ya tenía una copa de vino servida antes de que comenzara oficialmente la velada, señal de que la noche prometía ser distendida.

Invitados y anfitriones

A medida que fueron llegando los comensales, las conversaciones comenzaron a surgir de manera natural. Todavía nadie había ocupado su lugar en la mesa y ya hablábamos de actualidad, tecnología, deportes y de esas pequeñas cosas que aparecen cuando las personas se encuentran sin apuro. Una vez todos ubicados, el personal del restaurante acercó la panera, sirvió vino en cada copa y dimos comienzo a la primera dinámica de la noche: las presentaciones.

El primero de los invitados en presentarse fue Federico Núñez, nuestro "sapo de otro pozo", como lo bautizamos cariñosamente durante la noche. Psicólogo de profesión, docente universitario y consultor en recursos humanos, Federico comenzó hablando de lo más importante para él: su familia. Está casado con Laura desde hace más de veinte años, aunque rápidamente hizo una aclaración que despertó algunas sonrisas: llevan más de treinta años juntos, ya que decidieron casarse exactamente el día en que cumplían diez años de novios. Son padres de dos hijos adolescentes, ambos apasionados por el vóley.

quincho de horizonte

En el plano profesional explicó que, además de dedicarse a la consultoría en recursos humanos, es profesor de maestría en la Universidad de San Andrés y también tiene una cátedra a cargo en la Universidad de Palermo. Su trabajo lo lleva a acompañar organizaciones muy diversas, desde grandes empresas industriales hasta instituciones vinculadas a la salud. Entre capacitaciones, procesos de selección, coaching y evaluaciones psicotécnicas, Federico reconoció que vive una etapa muy intensa. A eso se suma una reforma integral de su casa, proyecto que todavía —según confesó— está procesando emocionalmente.

La siguiente en presentarse fue Lorena Zubizarreta, ingeniera en Producción Agropecuaria y una de esas personas que parecen haber recorrido buena parte de la historia reciente de las grandes compañías del sector. Apenas salida de la facultad comenzó su carrera profesional y desde entonces nunca se alejó del agro. Pasó por BASF, trabajó durante veinte años en Syngenta, luego formó parte de Corteva, tuvo una experiencia en la Bolsa de Cereales y actualmente se desempeña dentro del Grupo GR, en Carmen de Areco.

Lorena nació y sigue viviendo en Caballito. Allí construyó gran parte de su vida junto a su pareja, también ingeniero agrónomo. "Así que hablamos de agronomía todo el día", comentó entre risas. Pero si hubo una confesión que sorprendió a toda la mesa fue otra: nunca tomó mate. Rodeada durante toda su vida de familiares, amigos y colegas materos, ella jamás logró encontrarle el gusto. Más allá del trabajo, habló de su pasión por los caballos y recordó los muchos años que dedicó al salto ecuestre. También mencionó su gusto por el pádel, el esquí y las actividades al aire libre.

El siguiente en tomar la palabra fue Diego Álvarez, aunque para gran parte del mundo agro es mucho más conocido por su nombre en redes: Agroconceptos. La presentación tuvo una particularidad: faltaban apenas unas horas para que cumpliera 48 años, por lo que la mesa ya empezaba a anticipar algún brindis de medianoche.

Casado con Florencia desde hace catorce años y padre de Santos y Juana, Diego habló de una vida marcada por dos pasiones que lo acompañan desde siempre: la agronomía y la tecnología. Ingeniero agrónomo de formación, confesó que apenas se recibió comenzó a estudiar armado y reparación de computadoras, luego redes informáticas y más tarde diferentes especializaciones vinculadas a negociación, agronegocios y siembra directa. Incluso dedicó varios años a aprender y practicar trading financiero.

Su curiosidad permanente por aprender cosas nuevas terminó siendo uno de los motores de Agroconceptos. Contó que hace aproximadamente cuatro años comenzó a compartir en redes sociales los ensayos y pruebas que realizaba en el campo, hoy continúa generando contenido, realizando ensayos y explorando nuevas herramientas tecnológicas. Entre ellas, la inteligencia artificial, tema al que dedica mucho tiempo para entender cómo puede ayudarlo a potenciar su trabajo y su forma de comunicar.

El último de los invitados en presentarse fue Lucio Chiesa, presidente de ACA Jóvenes. Nacido en Ascensión, un pueblo bonaerense de apenas 4.500 habitantes, Lucio representa a una generación que combina formación profesional, compromiso institucional y profundo arraigo territorial.

Ingeniero agrónomo, productor agrícola y ganadero, reparte sus días entre la empresa familiar, el asesoramiento agropecuario y su participación dentro del movimiento cooperativo. Sin embargo, esa relación con el cooperativismo no comenzó hace poco. Contó que a los 17 años ya participaba de las juventudes de la cooperativa de Ascensión y que desde entonces nunca dejó de involucrarse. Actualmente integra el Consejo de Administración de su cooperativa local y además preside ACA Jóvenes, espacio desde donde trabaja para acercar el cooperativismo a nuevas generaciones a lo largo de todo el país.

En el plano personal habló de su hermana melliza, con quien comparte un vínculo muy especial. Mientras ella eligió instalarse en Buenos Aires y disfrutar del movimiento de la ciudad, él decidió quedarse en Ascensión. "Me gusta la tranquilidad del pueblo", explicó. Sin embargo, reconoció que también disfruta de los viajes y de la actividad que implica representar al movimiento cooperativo. Entre la calma del interior y la dinámica de las grandes ciudades, Lucio parece haber encontrado un equilibrio que le permite disfrutar de ambos mundos.

Charlas de cena y lo lúdico para conocernos más

Luego de las presentaciones llegó el momento de disfrutar la cena. La mayoría nos inclinamos por el bife de chorizo acompañado de ensalada de rúcula y, mientras avanzaban los platos, las conversaciones giraron inevitablemente alrededor de la inteligencia artificial. Hablamos de oportunidades, de desafíos y de cómo cada uno intenta incorporar estas nuevas herramientas sin perder aquello que nos hace únicos.

Ya cuando el postre comenzaba a asomarse en la mesa, llegó el momento de la segunda dinámica de la noche, el juego de las imágenes.  

El primero en comenzar fue Lucio Chiesa, quien eligió una imagen relacionada con el trabajo en equipo y la actividad permanente. Se definió como una persona inquieta, de esas que terminan una tarea y ya están pensando en la siguiente. Relacionó la imagen con su trabajo dentro de ACA Jóvenes y con el espíritu del cooperativismo, donde el crecimiento individual siempre está vinculado al crecimiento colectivo. Contó que gran parte de su tiempo está dedicado a capacitarse, viajar, generar espacios para otros jóvenes y fortalecer el recambio generacional dentro del movimiento cooperativo. Entre risas reconoció que suele quejarse de la falta de tiempo libre, aunque inmediatamente admitió que disfruta profundamente estar ocupado. “Voy al campo para descansar y termino encontrando algo para hacer”, comentó, despertando varias sonrisas alrededor de la mesa.

La siguiente intervención fue la de Diego Álvarez, quien eligió una imagen que reflejaba a una persona completamente sobrepasada por la cantidad de actividades que intentaba realizar al mismo tiempo. “Esta situación nunca me había pasado y ahora me pasa todos los días”, confesó. Explicó que durante muchos años su vida estuvo enfocada únicamente en el trabajo de campo, pero que el crecimiento de Agroconceptos, las redes sociales, la participación en grupos CREA y distintos proyectos fueron sumando responsabilidades que hoy conviven simultáneamente. Mientras relataba reuniones, capacitaciones, ensayos, contenidos, familia y trabajo, varios asentían con la cabeza. La sensación era conocida por todos. “Esta imagen soy yo hoy”, concluyó.

Después fue el turno de Lorena Zubizarreta, quien no dudó demasiado antes de elegir una imagen vinculada al multitasking. “Yo vivo así hace años”, dijo entre risas. Explicó que siempre sintió que estaba haciendo malabares entre distintas responsabilidades y que, lejos de ser una situación puntual, forma parte de su manera habitual de vivir y trabajar. Pensar en varias cosas al mismo tiempo, organizar proyectos, resolver situaciones y adaptarse constantemente son habilidades que desarrolló a lo largo de toda su carrera profesional. “Claramente esta es la imagen que me representa”, resumió.

Por último llegó el turno de Federico Núñez, eligió una imagen de un rompecabezas. Su explicación conectó rápidamente con el resto de la mesa. “Estoy tratando de que todo encaje”, dijo. Habló de sus actividades profesionales, de la universidad, de la consultoría, de los distintos clientes que acompaña, de la familia, de la remodelación de su casa y de los múltiples frentes abiertos que forman parte de su día a día. Reconoció que muchas mañanas se levanta sin saber exactamente cómo hará para llegar a todo, aunque también confesó que, de alguna manera, las piezas siempre terminan encontrando su lugar. La imagen le gustaba especialmente porque, además del rompecabezas, tenía un fondo que podía ser agua o cielo. Algo cambiante. Algo imprevisible. Pero también algo esperanzador.

El encuentro va llegando a su fin

Ya con las copas vacías y el ritmo de la noche más pausado, la conversación regresó naturalmente a uno de los temas que había aparecido varias veces durante la cena: la inteligencia artificial. Hubo opiniones diversas. Algunos destacaron las enormes oportunidades que ofrece, otros compartieron ciertas dudas sobre los cambios que traerá en los próximos años. Pero más allá de las diferencias, todos coincidimos en algo: ninguna tecnología puede reemplazar una mesa compartida, una conversación sincera o la posibilidad de conocer a alguien más allá de su cargo o profesión.

Porque si algo nos dejó esta edición del Quincho fue justamente eso. Detrás del consultor, de la ingeniera, del creador de contenidos agropecuarios, del dirigente cooperativo o de los periodistas, aparecieron personas con familias, pasiones, preocupaciones, proyectos y sueños. La charla siguió incluso después de levantarnos de la mesa. Continuó en la puerta del restaurante, en el camino hacia los autos y en esas despedidas que parecen terminar varias veces antes de concluir de verdad. Y eso suele ser una buena señal. Significa que la noche valió la pena.

Hasta el próximo Quincho de Horizonte A, by Grupo GR!