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Glifosato: ¿Proteger la salud o proteger intereses económicos, políticos, personales, y de ONG’s?

Desde hace un tiempo, a este químico se lo señala como si fuese el principal y el único responsable de numerosos problemas de salud comunitaria. Analizaremos en estas líneas la realidad sobre la convivencia con químicos que pueden afectar nuestra vida diaria.

Por: Bioq. Fernando Manera (Autor del libro Una amenaza invisible)

 En la página web de la organización Greenpeace España, reseñan que El glifosato es un herbicida de amplio espectro que fue comercializado, por primera vez, por Monsanto con el nombre comercial de Roundup durante la década de 1970. Desde que su patente caducó en el año 2000, numerosas compañías se dedicaron a producirlo con diferentes nombres comerciales, aunque el Roundup de Monsanto sigue siendo el herbicida más vendido en el mundo.

Actualmente, y a nivel mundial, es la sustancia activa de más de 750 productos diferentes que se utilizan en la agricultura, silvicultura, jardinería y para aplicación doméstica. Pero en los últimos años, este químico viene generando divisiones y es blanco de numerosas críticas. 

Ni los científicos ni los organismos internacionales se ponen de acuerdo sobre sus efectos.

Un sector sostiene que podría contribuir en el desarrollo de enfermedades como el cáncer, pero otros sostienen que tales afirmaciones no están debidamente fundadas.

Valga mencionar, por citar el ejemplo más reciente, la discusión que se generó el pasado 25 de octubre dentro del seno del Consejo Europeo (formado por los jefes de Gobierno de los 28 Estados miembros), cuando se propuso estudiar la propuesta de la Comisión Europea de ampliar el permiso de utilización del herbicida glifosato. 

La Comisión Europea proponía una renovación por 10 años, pero ante la oposición expresada por países como Francia y el propio Parlamento Europeo, pospusieron la resolución final hasta fin de año cuando -se especula- el plazo acordado sería menor a los diez años propuestos.

Opiniones divididas

La Comisión Europea basó su pedido en estudios de organismos técnicos de la Unión Europea que arribaron a la conclusión de que NO existen suficientes pruebas que demuestren que el glifosato deba ser considerada una sustancia “probablemente cancerígena”.

Como contraparte, Francia y el Parlamento Europeo sostuvieron que no se consideró la decisión adoptada en 2015 por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC – que es parte de la OMS) en la que se incluyó al glifosato en la lista 2A, es decir, de productos o agentes que podrían provocar cáncer en humanos, clasificación que comparte con otros químicos como el malation, pero también con bebidas calientes como café y té, con las nitrosaminas (carne curada), con la emisión de escapes de motores diésel, y con antibióticos como el Cloranfenicol, entre otros. 

Después de conocerse esta conclusión por parte de la IARC en 2015, la Comisión Europea solicitó ampliar la información a la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) que, luego de haber revisado y realizado nuevos estudios, emitió un nuevo informe, fechado el 15 de marzo de 2017 en Helsinki, con el dictamen del Comité para Evaluación de Riesgos de ECHA sobre el glifosato: “La evidencia científica disponible no reúne los criterios para clasificar al glifosato como una sustancia CMR (carcinógeno, mutágeno, reprotóxico)”. 

Tiempo más tarde, el 20 de octubre, la agencia de noticias Reuters informó que la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) “rechazó y editó los hallazgos de un borrador de su revisión sobre el herbicida glifosato” porque:

las conclusiones de múltiples científicos coincidían en que NO habían encontrado ningún vínculo entre el glifosato y el cáncer en animales de laboratorio.

Controversia sin fin ni propósito

Los estudios del ámbito científico sobre el glifosato no están exentos de controversia ni de cuestionamientos. Lo que yo me permito, en este artículo, es introducir una mirada más amplia, que contemple que el glifosato no es el único químico al que los seres humanos podríamos estar expuestos, y en algunos casos estamos expuestos a otros químicos con un grado de toxicidad mayor y un grado de exposición más elevado.

Cito como ejemplo al Malation (fosforado, también neurotóxico) que puedo comprar en la Comunidad Europea -por internet en Parafarmacia24- y que encuentro en productos como Para plus piojos y liendres en spray, un pediculicida que tiene dos principios activos: Permetrina y Malation, y que están indicado para el tratamiento contra piojos y liendres ¡en el cuero cabelludo!. En Argentina, se utilizó para el mismo fin hasta agosto de 2012, y hasta febrero de 2011 se usó con el mismo propósito el Lindano, un agroquímico prohibido en su uso agronómico y veterinario desde hace más de 30 años.

Ni hablar de los escapes de los motores diésel que son el principal componente del smog que cubre las ciudades en el mundo; o de las dioxinas que se generan como subproductos de procesos industriales en la industria del plástico (PVC) y en las pasteras (fábrica de papel), aunque también en la quema de desechos domiciliarios (basurales) y de neumáticos.

Otro tema del que poco se habla es de los millones de personas que se ven expuestas al consumo diario de Arsénico porque está presente en el agua que consumen y con la que se higienizan.

Del mismo modo, se podrían seguir brindando ejemplos de otros químicos con efectos graves y comprobados por estudios en la salud de los humanos y el ambiente. El riesgo de que esos químicos puedan afectarnos depende de una simple ecuación: Riesgo = Toxicidad del químico x tiempo de exposición.

Los químicos de uso agropecuario no se utilizan los 365 días del año, como tampoco se utilizan a diario químicos del campo medicinal como un piojicida (en la cabeza haciéndolo de mayor riesgo), pero muchos sí están expuestos a diario al consumo de peligrosos químicos como el arsénico junto con el agua “potable” que sacamos de nuestro pozo o que nos llega por distribución. Y muchos también están expuestos a diario a químicos que nos llegan con el aire que respiramos a través de la combustión fósil (principalmente diésel) o por quemas a cielo abierto de basurales o quema de neumáticos en manifestaciones callejeras.

A modo de conclusión

Mientras organismos internacionales discuten la prohibición o no de un químico como el glifosato en el ámbito rural, otro sector comercializa vía internet otro químico con igual clasificación por la IARC, pero para colocar directamente sobre la cabeza de los niños y en una concentración mayor. Tenemos que salvar esas contradicciones.

A muchos podrá parecerles que quiero desligar la incidencia que tiene el mundo agronómico sobre el incremento de algunas enfermedades. De ninguna manera, pero creo que tampoco es justo achacarle toda la responsabilidad a ese sector.

Mi creencia es que la ciencia debe seguir investigando y tratando de descubrir nuevos compuestos químicos más equilibrados con el ambiente y lo menos nocivos para las personas.

También creo que el uso de los químicos que hoy están permitidos debe ser supervisado rigurosamente por profesionales idóneos y su trabajo controlado, a su vez, por organismos gubernamentales que verifiquen que se cumplen todas y cada una de las leyes que regulan esa actividad.

Llevo años trabajando para reducir los riesgos a enfermar por la exposición que tenemos en este complejo mundo químico que nos rodea. Trato de educar sobre cómo deben utilizarse correctamente, y trato de alejarme de posiciones fundamentalistas. Mi modesto trabajo de investigación fue clave para lograr que se dejen de usar en Argentina el Lindano (2011) y el Malation (2012) como piojicidas en el campo medicinal, y también colaboré con el informe que llevó al SENASA a prohibir en 2013 el insecticida Endosulfan en su uso agronómico.

El mundo químico al que estamos expuestos es mucho más amplio y variado que en su uso agronómico. Por ese motivo, la educación y la responsabilidad entre quienes los utilizan son fundamentales para disminuir los riesgos de que puedan acarrearnos una enfermedad, ya sea en el campo, en la ciudad, o en nuestro propio hogar.

*Respaldo bibliográfico*

Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que la exposición a la contaminación atmosférica -consecuencia de contaminantes vertidos por el transporte (combustión fósil), la producción de energía, la gestión inadecuada de desechos (quemas a cielo abierto) y la industria pesada- puede generar enfermedades. (www.who.int/mediacentre/news/releases/2014/airpollution/es/)

La misma OMS también sostuvo, a través de Ross Anderson, profesor de epidemiología y salud pública de la Universidad de Londres, que “La contaminación del aire interior en los hogares es el cuarto factor de riesgo más importante para la reducción de la esperanza de vida, por delante de la mala alimentación, la hipertensión y el cigarrillo”. (www.who.int/mediacentre/factsheets/fs292/es/  y www.elcomercio.com/…/salud/aire-hay-casa-danino-pulmones.html)