Cuatro generaciones sentadas a la mesa

Un nuevo Quincho comenzaba a tomar forma en La Rural de Palermo. Juan Carlos, Melo y quien escribe nos preparábamos para recibir a cuatro invitados con recorridos, edades y experiencias muy diferentes. Como siempre, esa mezcla prometía una noche en la que sería difícil anticipar hacia dónde podía llevarnos la conversación. Por: Lic. Juani Alaise […]

septiembre 25, 2026

Un nuevo Quincho comenzaba a tomar forma en La Rural de Palermo. Juan Carlos, Melo y quien escribe nos preparábamos para recibir a cuatro invitados con recorridos, edades y experiencias muy diferentes. Como siempre, esa mezcla prometía una noche en la que sería difícil anticipar hacia dónde podía llevarnos la conversación.

Por: Lic. Juani Alaise – Horizonte A

Una vez todos alrededor de la mesa, Juan Carlos dio la bienvenida y recordó el espíritu que mantiene vivo al Quincho desde hace quince años y por el que ya pasaron cerca de 800 personas: conocernos un poco más, dejando por un rato los cargos y las formalidades de lado.

Brindamos por el encuentro con Malbec 1 de Bodega Antigal, y nos dispusimos a comenzar nuestro Quincho by Grupo GR.

Invitados y Anfitriones: las presentaciones

Para dar el ejemplo, arrancó por casa. Habló de Verónica, de sus tres hijos, de River y de un golf que por estos días tiene algo abandonado. La presentación fue breve y dio paso a los verdaderos protagonistas de la noche.

El primero fue Valentín Noto, fundador de VAF Electrónica y, con 30 años, el más joven de la mesa. Nacido en Carmen de Areco, pasó varios años en Buenos Aires mientras estudiaba y trabajaba, hasta que decidió tomarse un tiempo para viajar por Europa. A su regreso sintió que era momento de construir algo propio.

Formado en electrónica y rodeado desde chico de amigos agrónomos, productores y contratistas, encontró la manera de unir la tecnología con el campo. Así nació su emprendimiento, dedicado a desarrollar soluciones de electrónica y agricultura de precisión para el agro. El proyecto también significó volver a Carmen de Areco, cerca de su familia, sus amigos y sus raíces.

Entre emprendimientos también encuentra tiempo para otra de sus pasiones: el kitesurf. Aunque reconoció, entre risas, que actualmente está “bastante oxidado”.

La ronda continuó con Mariano Bernardo, ingeniero agrónomo y especialista en mejoramiento genético. Su carrera profesional comenzó en Nidera, continuó en Syngenta y desde 2022 dirige el programa de mejoramiento de girasol de LG Semillas, una actividad que lo lleva a trabajar y viajar por mercados tan diferentes como Argentina y África.

Pero Mariano dejó rápidamente el currículum de lado. Casado, padre de dos hijas y radicado en Miramar, confesó que además de la genética tiene otra debilidad: las máquinas agrícolas. Junto a su hermano mantiene una pequeña empresa dedicada a la pulverización y la siembra a la que, si los días tuvieran algunas horas más, le encantaría dedicarle mucho más tiempo. “Todo no se puede”, reconoció resignado.

La siguiente fue Andrea Sarnari, presidenta de Federación Agraria Argentina. Nació en Bolívar, hija de chacareros, y hasta los 18 años su vida transcurrió en el campo. Después llegó el momento de estudiar y eligió Derecho, pero incluso esa decisión estuvo atravesada por sus raíces: desde el comienzo imaginó su profesión vinculada al mundo agrario.

Militante de Federación Agraria desde los 13 años, se mudó a Rosario porque allí podía combinar la universidad con una organización que ya sentía como su segunda casa. Se recibió de abogada, formó su familia y nunca dejó de estar vinculada con la entidad hasta que el camino terminó llevándola a un lugar que, según reconoció, nunca había buscado: la presidencia.

El desafío tuvo un componente adicional. Andrea debía convertirse en la primera mujer en conducir una institución históricamente liderada por hombres. “¿Y ahora me respetarán?”, recordó haber pensado antes de encabezar su primera reunión del Consejo Directivo. La respuesta llegó rápidamente: encontró el respaldo de sus compañeros y una cálida recepción de los demás integrantes de la Mesa de Enlace.

Fuera de la dirigencia, su vida gira alrededor de su familia. Es madre de Lautaro, de 21 años, estudiante de Ciencias Políticas, y de Victoria, de 17, quien persigue un sueño bastante diferente: convertirse en basquetbolista profesional. Hace poco se mudó a Córdoba para jugar en Instituto y ya forma parte del recorrido de las selecciones nacionales juveniles. Andrea, mientras tanto, acompaña a ambos en sus propios caminos y se hace tiempo para otra de sus grandes pasiones: Independiente.

El encargado de cerrar las presentaciones fue Rodolfo de Felipe, nicoleño, abogado, empresario y presidente de LIDE Argentina. Casado con Javiera y padre de tres hijos ya adultos, comenzó su presentación preguntándose en voz alta qué hacía sentado en una mesa rodeada de tanta gente vinculada al agro.

La respuesta apareció rápidamente. Desde hace quince años participa de la organización del Foro Nacional de Agronegocios y buena parte de su recorrido está atravesado por una idea que repitió durante la noche: el desarrollo no consiste únicamente en crecer, sino en hacerlo acompañado de valores.

Desde la Fundación del Acuerdo impulsa diferentes iniciativas vinculadas al desarrollo humano y local, entre ellas programas que buscan conciliar la vida profesional con la familiar. Y fue justamente cuando aparecieron los hijos que su presentación comenzó a abandonar definitivamente los cargos.

Rodolfo contó que, después de tantos años hablando frente a empresarios y líderes, hay un tema que sigue generando silencios profundos: cuánto de nuestra vida entregamos al trabajo y cuánto dejamos para nuestra familia.

Sin saberlo todavía, acababa de poner sobre la mesa uno de los temas que terminaría atravesando buena parte de la noche.

Cena y dinámica de Quincho

Las presentaciones habían terminado. Era momento de cenar y dejar que el Quincho hiciera lo suyo.

Con la cena ya avanzada y la conversación cada vez más suelta, llegó el momento de una de las tradiciones del Quincho: elegir una imagen y explicar por qué, entre tantas opciones, había sido esa la indicada.

El primero en hacerlo fue Rodolfo de Felipe y necesitó pocas palabras para justificar su elección: “Porque quiero ser abuelo”.

La frase abrió inmediatamente un nuevo debate alrededor de la mesa. Rodolfo explicó que, con el paso de los años, llegó a una conclusión bastante simple: la felicidad de sus hijos es uno de sus principales proyectos de vida. Para explicarlo recordó una experiencia muy fuerte que vivió años atrás en San Nicolás, cuando presenció una situación trágica que lo enfrentó de manera inesperada con la muerte.

Aquel episodio lo llevó a pensar en todo lo que todavía quería vivir y disfrutar junto a sus hijos. Hoy, con los tres ya grandes, su próximo deseo aparece casi naturalmente: convertirse en abuelo.

La conversación sobre hijos y nietos se instaló rápidamente en la mesa y terminó influyendo incluso en mi propia elección. Entre las imágenes encontré una de tres personas escalando una montaña y, aunque podía interpretarse desde el esfuerzo, los objetivos o el trabajo en equipo, aquella charla me llevó hacia otro lado.

Pensé en lo que estoy construyendo junto a mi novia y en mi deseo de formar una familia en el futuro. Pero también encontré otro detalle: una persona extendiéndole la mano a otra. Pedir ayuda también implica mostrarse vulnerable, derrumbar un poco el ego y reconocer que no siempre podemos subir solos.

Después llegó el turno de Andrea Sarnari, quien pidió una pequeña licencia y eligió dos imágenes.

La primera la llevó directamente hacia sus hijos. Vio en ella a una familia compartiendo recuerdos y pensó en la importancia de contarles de dónde venimos, cómo crecimos y cuáles fueron los valores que recibimos. No para marcarles el destino, sino justamente para darles herramientas y permitirles construir el suyo.

La reflexión tenía mucho que ver con el momento que atraviesa su familia. Lautaro comenzó su recorrido universitario y Victoria persigue el desafío de convertirse en basquetbolista profesional. Dos caminos completamente diferentes que Andrea intenta acompañar de la misma manera que alguna vez sus padres hicieron con ella.

La segunda imagen era una ruta abierta hacia el horizonte. Ahí se vio reflejada ella misma: “Todo el tiempo estoy buscando cosas que me motiven”. Una manera de avanzar con objetivos claros, aunque muchas veces el camino todavía sea incierto.

Mariano Bernardo también llevó su elección hacia la familia. Habló de sus padres, sus hermanos, sus hijas y de la importancia que tiene para él que las nuevas generaciones puedan crecer rodeadas de abuelos, tíos y primos.

Y desde ahí apareció una reflexión que atravesaba directamente su propia historia. Mariano ama el campo, trabaja en él y proviene de una familia vinculada a la actividad, pero tiene claro que no quiere transformar esa pasión en una obligación para sus hijas.

“Me gustaría que fueran libres”, resumió.

Si algún día deciden continuar ese camino, será por elección propia. Y si sus sueños las llevan hacia otro lado, también estará bien.

El último fue Valentín Noto, el más joven de los invitados, y quizás por eso su imagen inevitablemente miraba hacia adelante. Eligió un camino que recién comienza y explicó que siente que todavía tiene muchísimo por recorrer, aprender y escuchar.

Emprender siendo joven también significa convivir con esa incertidumbre. Valentín tiene claro hacia dónde quiere avanzar, pero reconoce que una parte fundamental del recorrido consiste en nutrirse de personas con otras experiencias y puntos de vista.

Juan Carlos no dejó pasar la oportunidad. “En este Quincho tuviste un máster”, le dijo entre risas.

Y algo de razón tenía. Cuatro generaciones, recorridos completamente diferentes y una misma mesa habían terminado hablando de algo bastante parecido: lo que recibimos, lo que construimos y aquello que algún día queremos dejar.

Entre hijos, nietos, empresas y caminos todavía por recorrer, las imágenes habían conseguido nuevamente lo que buscábamos: dejar los cargos a un costado y conocer un poco más a las personas.

Preguntas en foco

Ya con el café y el té sobre la mesa, llegó el momento de la última dinámica. Después de haberlos escuchado durante toda la noche, me tocó regalarle a cada invitado una pregunta personal, construida a partir de algo que había aparecido durante la conversación.

A Rodolfo, que había dejado en claro cuánto significan sus hijos y sus ganas de convertirse en abuelo: Rodolfo, ¿para qué querés ser abuelo?

A Andrea, que habló de sus raíces, de sus hijos y de la importancia de acompañarlos sin elegir por ellos: Andrea, creciste en el campo y tus padres te dieron la libertad para construir tu propio camino. Hoy que te toca acompañar a tus hijos, ¿qué sentís que les aportás, y en especial a tu hija, para que pueda elegir el camino del básquet?

A Mariano, que viaja mucho por trabajo pero siempre encuentra motivos para volver a elegir su lugar: Mariano, ¿qué sentís que tiene la Argentina que hace que, cada vez que estás afuera, pienses en tu tierra?

Y finalmente a Valentín, el más joven de la mesa y quien reconoció que todavía tiene muchísimo camino por recorrer: Valentín, elegiste la imagen de una persona en medio de un camino, con una valija, y te viste representado tanto en el recorrido que ya hiciste como en todo lo que todavía tenés por delante. ¿Qué llevás en esa valija? ¿Cuáles son las herramientas que fuiste incorporando en el camino?

Cuatro preguntas distintas para cuatro historias que también lo eran. Sin embargo, a esa altura de la noche ya había quedado claro que existían muchos más puntos en común de los que imaginábamos al sentarnos a la mesa.

Hablamos de empresas, del agro y de liderazgo, pero también de hijos, padres, sueños, decisiones y caminos. De aquello que recibimos de quienes estuvieron antes, de lo que estamos construyendo hoy y de la libertad de quienes vienen detrás para escribir su propia historia.

Las últimas tazas se fueron vaciando y llegó el momento de la clásica foto grupal. Una nueva noche de Quincho llegaba a su fin y, como tantas otras veces, nos íbamos sabiendo bastante más de quienes teníamos enfrente que cuando llegamos.

Después de todo, para eso nos seguimos sentando alrededor de esta mesa.

Hasta el próximo Quincho de Horizonte A, by Grupo GR.