Desde hace más de tres campañas agrícolas, las características climáticas han sido muy cambiantes y extremas. Las distintas épocas del año, como así también las diferentes zonas del país, han presentada variaciones muy significativas, con eventos severos especialmente los relacionados con el caudal de lluvias en cortos períodos de tiempo.

A esta situación se le suma la recurrencia de los fenómenos, ya que hubo sectores en los cuales se observaron grandes tormentas con una repetición de tres o cuatro eventos por semana, lo que generó que en pocos meses del año se superaran los promedios anuales. El caso más relevante es el observado en el noreste argentino, ya que tanto la provincia de Corrientes como la de Chaco y parte de Formosa se vieron afectadas por violentas tormentas que dejaron en pocos días, saldos acumulados de más del doble de la lluvia promedio mensual. Esta característica, en diferente escala, se observó en zonas como La Pampa, sur de Córdoba y oeste de Buenos Aires. Mientras que sobre sectores como el sur bonaerense o el sur de La Pampa, atravesaron una importante sequía durante el último tramo de 2016 y se normalizó a comienzos de 2017.

Mapa de tendencias de anomalía de lluvias para el trimestre Julio-Agosto-Septiembre.

De cara al futuro, y teniendo en cuenta el contexto internacional, y fundamentalmente uno de los indicadores climáticos más importantes a nivel global, como la temperatura del Pacífico central, se observan algunas características que podrían dar algo de tranquilidad a los productores del centro del país y mantener cierto riesgo al sector del NEA, especialmente en el corto plazo, ya que las importantes lluvias registradas durante abril y mayo provocaron el aumento de los niveles de los ríos tanto Paraná como del Uruguay, siendo este último el que presenta mayor riesgo en los primeros días de junio.

Analizando la situación de la temperatura del Pacífico central, se observó un comportamiento poco usual en los últimos meses, con un fuerte aumento sobre las costas de Perú (uno de los factores más importantes para el desarrollo de las fuertes tormentas recibidas en ese país) y luego una rápida disminución de la temperatura. Técnicamente en estos momentos nos encontramos bajo condiciones neutrales, es decir que la temperatura del Pacífico central se encuentra dentro de los valores normales. Esta característica no es positiva ni negativa por sí sola, sino que debe estar acompañada por ciertos factores que también influyen en nuestro país.

Pero hay que destacar, que las condiciones actuales del Pacífico, favorecen a una cierta recomposición de las características globales y en particular de Argentina.

Por tal motivo, es de esperarse que durante los próximos meses las variables meteorológicas puedan aproximarse a valores “normales” (aunque las características “normales” en estos últimos tiempos se han desdibujado un poco, sería más acertado utilizar la palabra “promedio”) especialmente sobre la zona central del país.

Si bien se mencionó que en la actualidad estamos bajo condiciones “Neutrales” la tendencia de la temperatura del Pacífico central hacia la primavera o verano muestra un paulatino incremento. Si bien hay discrepancia en los modelos de previsión numérica, la mayoría muestra que para el período estival, las características de la temperatura del Pacífico se elevarían, algunos modelos muestran que el aumento de la temperatura sería lo suficientemente elevado como para alcanzar condiciones de “El Niño”, aunque el mayor porcentaje muestra que a pesar que se espera un aumento de la temperatura, no sería tan significativo y las características se mantendrían dentro del rango neutral.

Cuando se observan los mapas de anomalías de lluvia prevista para el trimestre Julio-Agosto-Septiembre (Figura 1) se puede observar sobre el centro y este del país, una tendencia a mantener lluvias por encima del rango del promedio de los últimos 30 años, pero no demasiado alejado a estos valores mientras que sobre la porción oeste, se mantendrían las condiciones dentro de los acumulados medios. Esta perspectiva aumenta la probabilidad de que las lluvias tiendan a “normalizarse” durante el invierno, tanto para la región central como para la zona del NEA, aunque para el noreste todavía queda una porción de lluvias importantes.

Mapa de tendencia de anomalía de temperaturas para el trimestre Julio-Agosto-Septiembre.

Teniendo en cuenta que hacia el final de la primavera o comienzos del verano se espera que la temperatura del Pacífico presente un incremento, es probable que ese calentamiento genere un impacto sobre nuestro país, aumentando el riesgo de precipitaciones sobre el centro y noreste argentino. Esta característica podría potenciarse si finalmente se alcanza la situación de “El Niño”, aunque por más que no se alcance ese nivel y se mantenga dentro de las condiciones de evento “Neutral” se espera que aumenten, de manera moderada, el caudal de lluvias en la región del Litoral y gran parte de Uruguay y el sur de Brasil.

Diferente es el panorama para la tendencia de la temperatura (figura 2), ya que en la mayor parte del país se ve una clara preponderancia hacia valores por encima de los parámetros normales. Esta característica podría acotar el riesgo de heladas, tanto en la escala temporal, reduciendo el riesgo de heladas tardías, como así también en la intensidad y recurrencia de los fenómenos. Por tal motivo, podría inferirse que sobre el norte argentino podrían reducirse las chances de heladas tardías, mientras que sobre el centro del país y gran parte de la Patagonia, se observarían pocos eventos de helada, o bien casos de helada débil a moderada.

En el caso de las temperaturas, esta misma tendencia se mantiene para el período estival, por lo que a grandes rasgos, lo que podría causar es un incremento de eventos de olas de calor, especialmente en los meses de verano.

El panorama descrito en los párrafos anteriores, si bien dista lo suficiente de las condiciones óptimas para la mejora definitiva de las características del suelo, no es tan negativo, ya que la tendencia de la “normalización” de las condiciones tanto de lluvia como de la temperatura ayudaría a que el proceso de mejora del suelo avance, pero de manera paulatina. Cabe destacar que esta tendencia es a largo plazo y hay que seguir de cerca la variabilidad diaria de las características meteorológicas, ya que los eventos extremos solo pueden pronosticarse con un corto período de tiempo.