Mauricio Dayub nació en Paraná, Entre Ríos. En esta entrevista “DESDE EL INTERIOR” conoceremos sus inicios en el mundo del arte, detalles de su infancia y su actualidad laboral. Una charla llena de magia y de calidez.
Por Bettina Cucagna – Desde el Interior
“El mundo es de los que se animan a perder el equilibrio” decía tu abuelo. Hablanos de tu juventud y cómo elegiste la profesión de artista.
Cuando con los autores comenzamos a escribir “El Equilibrista” yo notaba que ponía mucho de mi abuelo paterno en el personaje del abuelo materno a quien no conocí, pero sabía que siempre decía esa frase que me movilizaba mucho a mis veinte y pico…En esa época sentía que estaba viviendo la vida que querían los demás, pero no la que me hacía feliz.
Comencé a estudiar contador público pero en un momento me di cuenta de que los demás conocían a un Mauricio que no era el auténtico. No me animaba a decirle a mis padres que mi vocación era otra. De hecho, cuando decidí hacerlo quise alivianar la noticia diciendo que quizá podría estudiar periodismo en el ISER y obtener un título, lo que mis padres añoraban, pero tampoco era mi camino… ¡Y en un momento ellos dijeron “Si vas a estudiar, ¡¡estudia lo que querés hacer” Y fue un gran alivio, otra época, porque hoy el teatro está hasta en las escuelas.
¿Qué recuerdo de tu niñez sigue acompañándote todos los días, cómo era Mauricio de niño?
Tengo los recuerdos más lindos porque mi vida de chico fue lo más parecido a la libertad. Sólo tuve restricciones horarias… Una vez que salíamos a la calle éramos dueños de todo. Me conocían por el trabajo de mi papá, Miguel Dayub, quien fue viajante e iba por los caminos vendiendo… Hoy yo voy por los caminos llevando las historias que a mí me gusta contar.
“Uno no atrae lo que quiere, atrae lo que va haciendo”
¿Quiénes fueron las personas de tu familia que más influyeron en esa libertad que mencionás y quizá, marcó tu profesión de artista?
Uno de mis hermanos dice que la vocación artística nos viene un poco de nuestra madre, Paula, a quien le gustaba mucho el cine, y cuando podía llegaba hasta la puerta a mirar los afiches de las películas en cartel, junto a su amiga la Porota. Ellas no entraban porque éramos humildes, pero regresaban felices sólo con ver la cartelera. También influyó el circo, cada año se armaba en un terreno baldío donde jugábamos a la pelota, y eso nos permitió ver cómo armaban la carpa, ensayaban los trapecistas y a veces, veíamos la función como espectadores o desde atrás porque éramos locales. Ese conocimiento de la vida del circo me gustaba mucho.
¿Recordás algún sueño de tu infancia que te sigue en la actualidad, algo que aún no lograste y continúa en tu mente?
Yo tuve un sueño recurrente, un sueño que de tanto soñarlo creía que era verdad y lo plasmé en la obra “El Amateur”. Soñaba que cuando caminaba por la esquina de mi casa de Paraná, y doblaba la calle Libertad hacia Paraguay, por el viento, pegaba como un saltito, hacía fuerza con las manos y lograba levantarme un poquito del piso, parecía que volaba cinco o seis segundos. Con el tiempo, estudié acrobacia y un día me di cuenta de que yo tenía la sensación que si quería y si había viento fuerte, en determinadas circunstancias y con determinado apoyo, podía volar. Pero un día entendí que eso no era real ni posible, por eso lo incorporé en mi obra teatral. En esa escena los espectadores se emocionan muchísimo porque entienden que es ficción, pero son situaciones que me ocurrieron y quiero contar.

Al entrevistar a un artista o a un escritor siempre pienso en la “inspiración”, ese estado emocional en el que surge una idea o una visión que impulsa a crear, un momento de “claridad”. Hablanos de tu inspiración a la hora de escribir…
Escribo mucho en la madrugada. En verdad la noche me gusta para dormir, pero me acuesto con tantas ganas de levantarme que me despierto a la madrugada. Siento que en la noche tengo una inteligencia superior y resuelvo situaciones concretas que de día quizá no pude. Tengo un cuadernito donde escribo por la mañana al levantarme lo que solucioné por la noche.
Se te conoce por tus obras teatrales, la mayoría escritas por vos, pero también has escrito cuentos.
Me gusta escribir y poner en escena algo que tenga significado primero para mí y luego para el espectador, de lo contario no transmitís. Eso me hace andar más lúcido por la vida porque cualquier cosa que me pase va a parar al escenario.
He grabado cuentos que forman parte de un proyecto autobiográfico titulado “Alguien como vos” que comenzó en formato audiovisual en pandemia, donde narraba en un cuadernito historias reales de mi vida que luego se convirtieron en un libro.
Respecto de los cuentos, empecé a contarlos en una radio y me llamaron de Panamericana para escribir un libro dividido en cinco segmentos: infancia, barrio, club, escuela y la gran ciudad. Son relatos audiovisuales muy cortos y narrados con mi voz y con música de Lito Vitale, el Chango Spasiuk y Sebastián Del Hoyo, un músico marplatense.
Y un día me di cuenta que esos lugares habían forjado mi personalidad. Periódicamente subo los cuentos al IG en mi cuenta oficial @dayubm
Según Paul Ekman, psicólogo estadounidense pionero en el estudio de las emociones, el “miedo” surge ante la amenaza de un daño físico o emocional o psicológico, real o imaginario. ¿Qué miedos tuviste que vencer para llegar a tu presente?
Creo que el ser humano se convierte en artista cuando logra vencer las dificultades que hay entre él y su obra. En mi caso sentía miedo de escribir por temor a que me conocieran. Trataba de agradar y parecerme a lo que a los demás querían. Perdí el temor cuando decidí conectarme con mi corazón y parecerme a mí mismo, encontrar lo que deseaba o quería.

Por lo poco que te conozco veo que sos un hombre positivo, emprendedor nato y no te dejas vencer por la adversidad.
Es así, en mi vida fui midiendo a futuro lo que imaginaba y quería para mí pero que no tenía en ese momento. A partir de ahí me di cuenta que uno no atrae lo que quiere, atrae lo que va haciendo, pero tiene que hacerlo cuando los otros no lo advierten todavía, para uno, en privado. Estoy convencido de que si sos para vos, un día lo sos para los demás.
Muchas veces decimos que el país está mal, que eligen a los más lindos, a los acomodados y así vamos postergando acciones. Si vas a esperar que todo esté bien nunca haríamos nada. En una de mis obras digo que “mientras unos lloran, otros fabrican pañuelos”
Paraná es una ciudad a orillas del río y ligada a la identidad rural entrerriana, con campos fértiles y una cultura marcada por el trabajo de la tierra. ¿Te gusta el campo, lo disfrutás?
Iba mucho al campo cuando era chico. Tengo familia cercana al campo y cuando viajo lo disfruto mucho. Ir al campo los domingos, estacionar el auto en la ruta, bajar y respirar aire puro, correr, ponerse en contacto con los animales y la naturaleza. Cuando viajaba con mi hijo pequeño parábamos en la ruta para que vea vacas, caballos, patos me gustaba que lo viviera como lo hice de chico en el campo de un amigo. Recuerdo andar a caballo, encontrarnos con los peones, compartir la carneada… En aquella época veíamos con asombro lo que en la ciudad ya venía elaborado.
No hay duda de que tu presente pasa en gran parte por el teatro y esa magia que llena el alma del actor y del espectador. ¿Si tu vida fuese una “obra de teatro” cuál sería el título?
Un amigo me dio el título y me dijo que si yo escribiese la historia de mi vida debiese llamarse COSECHA TARDÍA porque a mí se me ha dado todo con los años. Tengo más años viviendo en la misiadura que en la abundancia. También fui padre grande.
Yo creía que no me faltaba nada pero cuando nació mi hijo entendí que me faltaba lo principal para ser auténticamente feliz. Tengo que agradecerle a Paula, mi mujer, quien insistió en ser padres, y Rafael fue el primer hijo de los dos.
Hablanos algo más de la personalidad de Mauricio Dayub y por qué te casaste en secreto.
En mi vida siempre fui muy exigente, no me gusta hacer las cosas más o menos para zafar. Desde chico necesité que mis logros tuviesen cierto heroísmo y también estética. Mis compañeros siempre reivindican a mi esposa por su paciencia. Respecto de mi casamiento sí, me casé en secreto, sólo invitamos a nuestros mejores amigos y fueron testigos los más cercanos. Cuando no sos sólo de un lugar es difícil invitar a todos, por la distancia y también por otras razones.
Qué mensaje te gustaría dejar a quien hoy sigue buscando su propio EQUILIBRIO.
Todo lo que hago es para inspirar a los demás a descubrir un ser humano mejor que el que veo en la actualidad. Un ser humano que represente con más sensibilidad la condición humana. Me gusta hacer con mi trabajo algo que inspire a otros a pensar lo mismo, porque soy consciente de que cuando uno hace algo malo empeora el mundo para todos y viceversa.
¡¡Me gusta inspirar!! También te digo que tengo mil errores y me arrepiento de mil cosas que hago mal porque soy humano.
Cuáles son los valores inquebrantables que aprendiste de tus padres a través de sus palabras y ejemplos y permanecen presentes en tu forma de enfrentar el día a día.
Con el tiempo advertí que cambiamos, no somos el mismo siempre, tenemos una base que son nuestros valores y que no negociamos. Te los puedo resumir en un gesto que hacía mi papá que nunca expresó con palabras, pero que yo lo entendí para siempre: él decía “nosotros somos así” (y extendía el brazo y la mano en forma recta) Mis valores los resumiría con ese gesto de mi padre, soy recto, honesto, lo menos hipócrita posible, simple…
Y agrego para finalizar, me gusta disfrutar una siesta, un amigo de la infancia, un asado…

Gracias Mauricio Dayub por abrirnos las puertas de tu historia, compartir tus recuerdos y brindarnos esa mirada tan humana sobre la vida y los sueños. ¡¡Qué placer entrevistarte!!
En pocas palabras:
INFANCIA: felicidad
FAMILIA: indispensable
AMISTAD: fundamental
FRACASO: aprendizaje
SOLEDAD: me gusta
RAÍCES: esencial
INMIGRANTES: lo que soy
ESCENARIO: mi vida
APLAUSO: gratificación
EQUILIBRIO: animarse
CRISIS: estar atento
FÚTBOL: muy buen deporte
ARGENTINA. no podría vivir en otro país
PARANÁ. mi lugar en el mundo
ESPERANZA: siempre
EMPATÍA: la mayor posible
DOS VOCES, UN RECUERDO
“Viene a la memoria cuando tendría 18 años y caminaba junto a mi amigo Miguel Dayub por la calle San Martín de la ciudad de Paraná, Entre Ríos, y detrás venían sus hermanos menores. En un momento sentí algo indescriptible, alguien nos miraba y al darme vuelta encontré los ojos de Mauricio Dayub que brillaban de alegría.
Mucho tiempo después él me confesó su sensación, sentía que caminaba detrás de dos ganadores, dos grandes que le marcaban el camino y a quienes admiraba. Por suerte el tiempo puso todo en su lugar: actualmente voy a la calle Corrientes, lo veo en las marquesinas, iluminado, exitoso y sobre todo, grande…Y lo mejor de todo, es que esta vez es verdad”
Edgardo Burgos, médico, exintendente de Salto argentino. Amigo de los Dayub.
“Todos hemos sido teatreros desde niños. Soy Gerardo, uno de los cuatro hermanos de Mauricio. Vivíamos en un barrio donde los circos venían todos los años a un terreno baldío en la esquina de nuestra casa. Crecimos llenos de ilusión, fantasía y admiración por las destrezas y la magia de esos artistas y queríamos hacer lo mismo. Nuestra casa tenía un garage donde ensayábamos nuestros juegos de espectáculos que pretendían emular al circo. Teníamos entre 6 y 11 años salvo Laurita que era bebé, y cada tanto invitábamos a los amigos del barrio a ver nuestras funciones bastante precarias pero muy apasionadas y entusiastas. Cobrábamos 10 centavos la entrada y cada uno hacía su número circense. También con una vieja lupa y unos dibujitos que yo hacía en “papel manteca” proyectábamos cine en cuadraditos algo parecido a una película dibujada sobre la pared. Esa vez fue tan horrible y terrorífica que todos los “asistentes” dispararon a los gritos y llorando. Al rato vino la madre de nuestra amiguita, Liliana, muy enojada e insultante a decirnos de todo y pedir que le devolviésemos la plata de la entrada.
Nosotros contestamos que debíamos resolverlo entre los hermanos, entonces nos reunimos y no recuerdo si fue Mauricio o Raúl que dijo “bueno si se asustó y no le gustó devolvámosle” ¡pero con una condición! La señora nos esperaba impaciente y a los gritos “Cuál, díganme cuál mocosos” vociferaba ofuscada y totalmente sacada. La nena lloraba y yo muy a lo capricornio de 8 años le dije ¡¡Devolvemos la entrada si ella nos devuelve lo que vio!! La madre se ahogó rabiosa y desconcertada y los cuatro nos agachamos para esquivar el mamporro que no tiró y disparamos mientras nos gritaba de todo. Recuerdo una carcajada de Doña Victoria por las ocurrencias de esos gurisitos que defendían su arte a pesar de todo.
Hoy, a 60 años de aquella chiquilinada imagino que Mauricio se anima a decir que hace “teatro con garantía” ya que si no le gusta el espectáculo le devuelve el dinero de la entrada. Por supuesto con una diferencia abismal que fue creando el esfuerzo y el tiempo, que hoy el riesgo no lo corre porque un verdadero artista sólo hace obras de arte y la gente le devuelve con cariño y aplausos por lo que acaban de ver. Nosotros nunca se lo dijimos ni se lo diremos…Porque sabemos que él tampoco nunca se lo creería”
Gerardo Dayub, arquitecto, el segundo hermano de la familia Dayub.





























