La mosca soldado negro (Hermetia illuscens) abre una vía poco conocida para transformar residuos orgánicos en insumos agrícolas.
Por Gastón Aramburu y Pablo Kálnay
Detrás del insecto hay un proceso de bioconversión capaz de recuperar nutrientes, carbono y microflora benéfica. El frass, el residuo de la digestión de la larva de la mosca es parte de una estrategia de nutrición y bioestimulación aplicable a agricultura intensiva y extensiva.
La historia de Hermetia comenzó tratando de conectar dos problemas que, a primera vista, pertenecían a mundos diferentes. El proyecto en Argentina comienza con Gastón Aramburu cursando un MBA en UCA. Gastón estudió el uso de esta mosca en Europa donde se usa para reducir el volumen de residuos orgánicos y al mismo tiempo aprovechar la proteína y la grasa de la larva. De esta manera solucionan la disposición final de residuos orgánicos que no van a un relleno sanitario, la reducción de volumen es rápida y eficiente, y el producto final en Europa, la larva, alcanza precios interesantes, lo que hace al proyecto autosustentable.
Con la intención de replicar el proyecto en Argentina, Gastón se asoció con Federico Varela, Joaquín Varela y Riccardo Marchetti creando Hermetia, para desarrollar la tecnología necesaria para mantener la producción de huevos durante todo el año (la mosca entra en diapausa cuando baja la temperatura) mientras analiza la viabilidad del mercado de la grasa y proteína del insecto. A diferencia de Europa, en Argentina ese segmento por sí solo no es sustentable, al competir con proteínas vegetales abundantes y más baratas.

Analizando alternativas Hermetia llegó a la conclusión que la clave estaba en el residuo que quedaba luego de la alimentación de las larvas, el frass. La primera parte cumple un objetivo importante, reduce en mas de un 90% el volumen de los residuos sólidos, y a su vez, lo hace reduciendo la generación de gases de efecto invernadero comparado con las alternativas tradicionales. Al analizar ese frass llegan a la conclusión que por su riqueza en macro y micronutrientes, aminoácidos, subproductos de la digestión como ácidos húmicos y fúlvicos, y en particular la acumulación de quitina de las mudas de las larvas, este producto tenía especial potencial como mejorador edáfico y bioestimulante.
A partir de esta conclusión, comienza una nueva dirección para el proyecto, que apunta a un aprovechamiento de residuos de origen agroindustrial de forma rápida para generar un complemento que vuelve al sistema agrícola, reduciendo la huella de carbono en el proceso, que permite un mejor aprovechamiento de los programas de fertilización y una mejora sustancial en la salud del suelo y del stand del cultivo, con el objetivo de aumentar los rindes sin aumentar el consumo de fertilizantes sintéticos.
Ese fue el punto de partida.
Una pequeña planta de bioconversión
El ciclo comienza con una colonia reproductiva de adultos. Las hembras colocan huevos, de los que nacen las larvas. Durante su crecimiento, esas larvas son capaces de consumir diferentes fuentes de residuos orgánicos y utilizarlas para desarrollar rápidamente su propia biomasa.
En lugar de utilizar temperatura, presión o reactivos para modificar una materia prima, se utiliza metabolismo.
La larva consume el sustrato, lo digiere en forma rápida y eficiente, incorpora una parte de sus componentes a su organismo y transforma otra parte.
Al finalizar el ciclo aparecen dos productos, la biomasa del insecto y los residuos que estos dejan, incluyendo la quitina de las mudas. Las larvas concentran proteínas y grasas que pueden ser separadas y utilizadas como materias primas para distintas industrias, dependiendo de los procesos y de los marcos regulatorios aplicables. De esa biomasa pueden derivarse harinas proteicas, aceites y diferentes fracciones lipídicas. La segunda es el material que queda luego de la bioconversión. Ese material se conoce como frass.

¿Qué es realmente el frass?
El residuo sólido de este proceso se denomina frass, y consiste en una mezcla de ácidos húmicos y fúlvicos, cantidades moderadas de nutrientes, aminoácidos y quitina. Además el frass contiene microorganismos benéficos que pueden contribuir a la microflora del suelo.
El objetivo actual de Hermetia es desarrollar el uso de frass no solamente como una fuente complementaria de nutrientes, sino como una herramienta que potencialmente puede actuar sobre distintas dimensiones del sistema suelo-raíz-planta, mejorando la CIC, el uso de nutrientes, el estímulo al desarrollo radicular, la microflora del suelo y la salud del mismo.
El insecto es la tecnología; el residuo, la materia prima
Hay algo particularmente interesante detrás de este modelo.
Normalmente pensamos una fábrica como un lugar al que ingresan materias primas relativamente valiosas y del que salen productos todavía más valiosos.
La bioconversión con insectos cambia parcialmente esa lógica.
El punto de partida puede ser una corriente orgánica cuyo generador necesita gestionar. El insecto funciona como plataforma de transformación y, a partir de ese proceso, aparecen diferentes moléculas y materiales aprovechables.
Y potencialmente nuevas fracciones que todavía estamos aprendiendo a caracterizar y utilizar.
Eso convierte a la mosca soldado negro en algo bastante más amplio que una forma alternativa de gestionar residuos.
La convierte en una plataforma biológica de fraccionamiento y valorización de biomasa.
Cerrar el círculo donde comenzó
Buena parte de las corrientes orgánicas que pueden alimentar estos procesos se originaron inicialmente en sistemas agrícolas o agroindustriales.
La agricultura produce biomasa, se procesa la parte aprovechable y una fracción termina como residuo
Las larvas procesan ese residuo.
La mayor parte de esos nutrientes y el carbono, más otros productos generados en el sistema digestivo del insecto, regresan nuevamente al sistema productivo en forma de un insumo agrícola.
El verdadero salto ocurre cuando se puede convertir en un insumo caracterizado, estable, medible y agronómicamente útil.
Hermetia comenzó tratando de entender cómo criar un insecto. El proyecto fue mutando y adaptándose, y terminó generando una solución a la disposición final de residuos de origen orgánico que a su vez genera un complemento que se adapta a la agricultura extensiva e intensiva y que permite aprovechar mejor los programas de fertilización y al mismo tiempo influye positivamente en la salud del suelo.




























