Por: Gabriel Espósito, Cecilia Cerliani y Rafael Naville1

1Facultad de Agronomía y Veterinaria. Universidad Nacional de Río Cuarto – Correo electrónico: gesposito@ayv.unrc.edu.ar

Introducción

El maíz es un cultivo con marcada respuesta productiva a la oferta hídrica y nutricional, posee una gran producción de biomasa y un elevado índice de cosecha que le permite alcanzar rendimiento en grano superiores a las 20 t ha-1 (Espósito et al. 2017).

En la región pampeana de Argentina el maíz cumple un importante rol como cultivo forrajero, como grano o silaje de planta entera. Por otro lado, esta región presenta condiciones ambientales propicias para este cultivo en un periodo comprendido entre principios de septiembre y fines de abril, lo cual permite ubicar el periodo de desarrollo del mismo en siembras tempranas (septiembre – octubre), tardías (diciembre) o realizar un doble cultivo donde el maíz ocupa el periodo estival con siembra en diciembre, maíz de segunda (Espósito et al. 2015).

Esta versatilidad en el periodo de crecimiento ofrece diferentes alternativas para ubicar el periodo crítico para la definición del rendimiento del cultivo (alrededor de la floración) según la disponibilidad ambiental de los principales recursos limitantes de la producción, agua, nutrientes y luz solar. De este modo una siembra temprana ubicará la floración hacia fin de diciembre mientras que la siembra tardía o de segunda lo hará en el mes de febrero.

En los últimos años la siembra tardía de maíz ha crecido muy notablemente en superficie, datos de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires han estimado para la campaña 2017/18 una proporción del total de siembra de maíz en Argentina del 54 y 46% para el maíz temprano y tardío, respectivamente. Las condiciones hídricas de la última década han impulsado esta decisión al presentarse frecuentemente balances hídricos más favorables en febrero que en diciembre aunque con excepciones. También ha crecido la siembra de maíz de segunda sobre trigo de cosecha o maíz tardío sobre cultivos de servicios (centenos y vicia, principalmente).

Estas diferencias en la fecha de siembra de maíz y en la rotación de cultivos indica la necesidad de revisar las estrategias de fertilización del maíz en la región pampeana Argentina.

Materiales y métodos

En este trabajo se presenta un resumen de los resultados encontrados en diferentes experimentos realizados en Argentina y/o en otros países.

Como referencia general el cultivo de maíz presenta deficiencias de nitrógeno (N), fósforo (P), azufre (S) y zinc (Zn) en sintonía con la disponibilidad edáfica de estos nutrientes. Cabe mencionar que a modo de síntesis una revisión de estudios realizados en Argentina permitió interpretar que la eficiencia agronómica (EA) de nutrientes (aumento de rendimiento por unidad de nutriente aplicado) fue de 27,5 – 34,3 – 41,5 kg kg-1 para N-P-S respectivamente, datos recolectados sobre una base experimental de 501, 267 y 203 experimentos de campo evaluados en N-P-S (Espósito et al., 2014a). En relación al Zn, Espósito et al. (2014) encontraron que la EA fue de 464 kg kg-1 en promedio sobre 11 experimentos.

Por estos resultados la discusión sobre las diferencias de fertilización entre maíces tempranos, tardíos o de segunda se realizará sobre los cuatro principales nutrientes, N, P, S y Zn.

Resultados y discusión

Fósforo

Entre los principales cultivos de grano, el maíz es muy demandante de P, tiene una necesidad de absorción de 4 kg t-1 con un índice de cosecha del 75%. Para el manejo de este nutriente como de aquellos de baja movilidad en el suelo se utilizan los «criterios de fertilización»: a) deterioro (no se fertiliza), b) reposición (se fertiliza con la dosis de extracción en granos según rendimiento obtenido), c) suficiencia (se fertiliza para alcanzar el nivel crítico de 15 mg kg-1 según el fósforo equivalente, cantidad de fertilizante necesaria para incrementar en 1 mg kg-1 el P disponible del suelo), d) recuperación, dosis superior a la de reposición, cuando es recuperación en un año es el equivalente a la suma de  reposición y suficiencia, e) optimización económica, a partir de una función de respuesta obtener la dosis que maximiza el retorno económico al fertilizante utilizado.

Para el cálculo de la dosis de P a aplicar se recomienda que como mínimo se utilice el criterio de suficiencia y para éste las diferencias entre tipos de maíz no incidirían en la dosis a utilizar, puesto que la respuesta al P no depende fundamentalmente del rendimiento de maíz sino de que el suelo se encuentre por debajo del valor crítico de P disponible. En la Figura 1 se puede observar que independientemente de la fecha de siembra de maíz y del rendimiento alcanzado la respuesta al agregado de P fue consistente en un suelo con menos del valor crítico.

Figura 1. Rendimiento de maíz en ensayos de fertilización con P en el sur de Córdoba, en siembras tempranas (25/09) y tardías (12/12)

Azufre

El azufre es un nutriente vegetal ligado a la mineralización de la materia orgánica del suelo. La forma de absorción del S es mediante la disponibilidad de sulfatos disponibles en la solución. Las técnicas de determinación de sulfatos, generalizada hasta el presente en la Argentina es la turbidemetría. Esta técnica no ha evidenciado suficiente precisión para realizar correctos diagnósticos, por ello es difícil establecer niveles de S del suelo que se asocien con la respuesta a la fertilización. No obstante, ha sido encontrado en maíz, trigo y soja que la adición de 15 kg ha-1 de S ha incrementado los rendimientos de los cultivos en la mayoría de los experimentos evaluados.

Además en maíz, Castillo et al. (2006) encontraron interacción entre la fertilización nitrogenada y azufrada de acuerdo a las tendencias presentadas en la Figura 2, donde se puede apreciar en la misma el agregado de 13 kg S ha-1, permitió disminuir la dosis de N en 25 kg ha-1 manteniendo similar producción de granos.

Figura 2. Rendimiento de maíz según la dosis de N y S aplicados conjuntamente (Castillo et al., 2006).

Zinc

El Zn es el micronutriente que más frecuentemente se encuentra como limitante en los suelos de región pampeana para la producción vegetal. Barbieri et al. (2017) encontraron que el nivel crítico de Zn para maíz es de 1 mg kg-1 y que éste es independiente del rendimiento del maíz, es decir que cabría esperar respuesta al agregado de Zn en altos o bajos rendimiento siempre y cuando la cantidad de Zn disponible del suelo fuese inferior al umbral crítico. Es necesaria la adición de dosis superiores a 1 kg ha-1 de Zn el cual puede aplicarse al momento de la siembra conjuntamente con el P y el S, como curasemillas, en fertilización foliar o conjuntamente con el uso de UAN (Espósito et al, 2014b).

Las aplicaciones conjuntas de P y Zn permiten mejorar la eficiencia agronómica (EA) del uso de P de 42,47 a 66,51 kg grano por kg de P, es decir un 56,7% de incremento.

Estas consideraciones del manejo del Zn indicarían que, independientemente del rendimiento y del destino final del maíz, el manejo nutricional dependerá solamente de su biodisponibilidad edáfica. Cabe indicar que muestras serológicas de bovinos del sur de Córdoba evidencian valores medios entre 0,58 a 0,65 mg kg-1 sobre valores normales de 0,8 mg kg-1 como resultado final del proceso de pérdida de degradación de la fertilidad de los suelos pampeanos.

Nitrógeno

El rendimiento del maíz está estrechamente relacionado con la oferta hídrica y nitrogenada durante todo su ciclo de crecimiento, por lo tanto la respuesta a la fertilización con N depende del rendimiento posible de alcanzar en un ambiente determinado (Espósito et al, 2017). Por lo tanto la fecha de siembra modificará la respuesta al N por el rendimiento alcanzado y/o por cambios en la biodisponibilidad nitrogenada. Ello puede evidenciarse en la Figura 3 en la cual se puede apreciar que en el ensayo 1 el rendimiento y la respuesta al N en siembra tardía fue superior a la temprana, mientras que en los ensayos 2 y 3 se encontró lo contrario.

Figura 3. Función de producción de maíz según dosis de N aplicado, en siembras tempranas y tardías en tres ensayos realizados en el sur de Córdoba.

Otro aspecto muy importante para destacar es la interacción entre la densidad de siembra y la fertilización nitrogenada (Figura 4), dado que a medida que aumenta la oferta de N aumenta la densidad óptima de siembra. Esta situación indicaría que para un determinado ambiente productivo (definido por el rendimiento posible de obtener) existe una densidad de siembra óptima (Cerliani et al, 2018a) a la cual debe suministrarse una cantidad óptima de N. La producción por planta en el rango de la densidad óptima es constante y dependiente del material genético y a esa densidad óptima la cantidad de N por planta óptimo es fija (Cerliani et al, 2018b).

Figura 4. Interacción entre la densidad de siembra de maíz y la fertilización nitrogenada.

La respuesta al N es modificada por el cultivo antecesor a través de su dinámica nutricional. En general el maíz de siembra temprana y tardía se cultiva sobre restos del cultivo de soja del año anterior y para ello son válidas todas con consideraciones realizadas anteriormente. En los restantes casos, maíz tardío sobre cultivo de servicios o maíz de segunda sobre trigo u otro cultivo invernal la respuesta al N cambia drásticamente. Como puede observarse la Figura 5, el maíz sobre trigo de cosecha presentó en los 3 ensayos realizados un rendimiento del tratamiento testigo menor que sobre soja y esta situación explica el «valor de reemplazo del fertilizante», VRF, el cual es la cantidad nitrógeno aportada por la rotación (Varvel and Wilhelm, 2003). De acuerdo a las estimaciones realizadas en el Sur de Córdoba, el VRF de la comparación antecesor soja vs trigo de cosecha osciló entre 31 y 68 kg de N por ha, lo cual debería incluirse en el diagnóstico de las necesidades de N.

Figura 5. Función de producción de maíz según dosis de N aplicado, en siembras tardías sobre trigo de cosecha o sobre antecesor soja, en tres ensayos realizados en el sur de Córdoba.

En el caso de los cultivos de servicio del tipo gramíneas (cebada, centeno o trigo) se ha registrado una inmovilización del N del suelo que afectaría la disponibilidad de N durante la floración del maíz, siempre y cuando sus necesidades no estén cubiertas por fertilización con N, en cambio el empleo de vicia como cultivo de cobertura invernal genera un aporte entre 30 a 40 kg ha-1 de N por cada tonelada de materia seca de vicia producida.

Síntesis final

Como se presentó en este trabajo, la comparación de las estrategias de fertilización entre el maíz temprano, tardío o de segunda indica que para los nutrientes P, S y Zn el manejo nutricional es semejante y dependiente de la disponibilidad edáfica. Por el contrario el manejo del N sobre antecesor soja es indistinto de la fecha de siembra del maíz y dependiente del rendimiento objetivo. Finalmente sobre antecesor trigo de cosecha las necesidades de fertilización con N se incrementan entre 31 y 57 kg ha-1 y sobre cultivos de servicios difiere significativamente entre vicia y cereales de invierno.

Bibliografía

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